Vadim Repin

El violinista ruso Vadim Repin será el encargado de ofrecer el concierto de lanzamiento del Cartagena XI Festival Internacional de Música, que tendrá lugar el 8 de octubre en el Teatro Colón de Bogotá. Repin, quien además tiene el honor de ser el violinista más joven en ganar el Concurso Reina Elizabeth de Bélgica, estará acompañado al piano por Svetlana Smolina en el recital que ofrecerán, cuyo repertorio estará centrado en la música francesa, tema principal de la nueva edición del Festival.

Usted ha podido tocar dos violines legendarios durante su carrera: el Stradivarius Ruby y un Guarnerius  ́del Gesù “von Szerhdahely” ¿Qué particularidades los diferencian?, ¿preferiría alguno de ellos para cierto tipo de repertorio?

Es muy difícil de describir porque es una relación muy personal. Es como encontrar una voz propia. Siempre se debe tener el tiempo para buscar un sonido especial. Se debe tener un deseo de producirlo y luego, el instrumento en sí mismo frecuentemente otorga una idea, brinda un sonido diferente, y la persona cuidadosa, si escucha atentamente, puede hallar nuevos colores muy interesantes, o nuevas características personales en ese instrumento pero, en general, toma largo tiempo encontrar ese pequeño detalle. Respecto a su identidad con el repertorio pienso que los violines de esta calidad son completamente universales. Son perfectos para cada tipo de repertorio.

Usted se ha especializado en el repertorio francés y ruso, que es precisamente lo que tocará aquí en Bogotá, ¿nos puede hablar de esto?

Sé que la temática del Festival de Cartagena será la música francesa, así que creí apropiado traer mis piezas preferidas francesas para esta temporada en el repertorio que interpretaré…y cada pieza es muy especial, pero consideré que Prokofiev, que está en el medio, es una combinación perfecta con Debussy, debido a que Prokofiev pasó mucho tiempo en París y, claro, adoptó mucho de la cultura francesa, de la música francesa. Creo que junto a Ravel y Debussy encaja muy bien en el programa.

El concurso Reina Elizabeth es un certamen que lleva al límite a los concursantes. Usted lo ganó a los 17 años…

Fue una experiencia muy difícil. Fue como participar en los Juegos Olímpicos. Se va detrás de la medalla de oro y nada más. Así que psicológicamente fue muy difícil y, además, la competencia duró más de un mes, de manera que se debe estar preparado para tal estrés durante un largo periodo de tiempo. Sin embargo, al final se trata de trabajar fuertemente para entregar lo mejor de uno mismo e intentar estar preparado para entregar el 150%, de manera que, en el peor de los casos, se dé un 100%.

Cuál es su opinión del mercadeo que se hace actualmente en la música clásica: ¿cree que está afectando la calidad musical?

Pues hay que evaluar cada caso. Desafortunada o afortunadamente en nuestra era, en este momento, el mercadeo es más importante que nunca. Y hay tanto que ofrecer… cada quien está luchando por su público. Existe una línea muy delgada entre la música clásica como modo de vida, como algo a lo que se quiere dedicar la vida, y el entretenimiento, que es para el público. La gente escoge a qué quiere ir en la noche; pueden elegir una película, asistir al teatro, o asistir a conciertos. De manera que, en esta etapa, sí. El mercadeo efectivamente es muy importante. Pero, nuevamente, el mercadeo puede tomar diferentes direcciones. Hay mercado de mala calidad, como también hay mercadeo serio, y mercadeo predomina al final es la personalidad que hay detrás: es el artista o el equipo que trabaja alrededor del artista, etc. Hay muchos componentes importantes a la hora de tomar esta decisión. Pero creo que el artista siempre debe estar en la raíz de las ideas del mercadeo, porque al final es su nombre el que se ve afectado.

Teniendo en cuenta las condiciones para la promoción de los músicos clásicos en la actualidad, ¿qué consejo les daría a los jóvenes que sueñan con construir una carrera en música clásica?

Primero deben escoger la carrera y una vez hayan tomado la decisión deben continuar y nunca cuestionar sus propias prioridades como, por ejemplo…para algunos tocar el violín se trata de Brahms, para otros se trata de virtuosismo, para otros se trata de un espectáculo, para alguien más es algo distinto. Entonces, siempre hay razones diferentes. Pero, una vez tomada la decisión, se debe identificar la verdadera meta que se tiene y se debe seguir el propio instinto. Aunque debo agregar que la suerte también es parte importante al construir una carrera.

¿Qué significó para su carrera haberse cruzado con Yehudi Menuhin?

Una bendición. Creo que considero una bendición el haber tenido la oportunidad de conocer a un músico como él, a semejante personalidad. Él fue de alguna manera… de muchas maneras… mi mentor en la vida.

La manera como él se relacionaba con la música, su trato con el público, su trato con la gente en general, con la humanidad, su nivel de humanidad es algo impresionante. Así que para mí eso fue como una escuela.

Y el haber compartido escenario con Mistislav Rostropóvich y Martha Argerich…

Rostropóvich fue alguien fuera de serie, alguien muy especial en mi vida también. Mi percepción respecto a algunos compositores, respecto a la música… cambió completamente por él, porque al presentarnos juntos pude observar la manera en que él trabajaba con la orquesta, la manera como él pensaba acerca de la música y, en muchas piezas, mi visión de ellas cambió completamente, de manera que esta fue otra bendición. Y Martha, pues Martha es única también. Recientemente, hace unos meses, tocamos juntos en un recital en Japón y otra vez tuve la oportunidad de vivir una experiencia junto a alguien que tiene la perfección desde su nacimiento. Ella no tiene que hacer ningún esfuerzo para alcanzar grandes cosas a nivel musical. Ella simplemente es…ella nació de esta manera.

¿Ha tenido relación con la música latinoamericana?

Por supuesto, muchos músicos sienten fascinación por los tangos. Y he tenido muchas oportunidades de tocar diferentes piezas. Probablemente, uno de los momentos que más recuerdo fue cuando el príncipe holandés, William Alexander, se casó con la reina Máxima de Holanda, y para su boda hicimos un festival. Nos presentamos ante ellos en su día de bodas y tocamos Por una cabeza, en el arreglo de John Williams. Este fue uno de los momentos más memorables. Pero también, con frecuencia toco algunos tangos. Me gustan mucho. Son hermosos. Les dan a los músicos clásicos la posibilidad de concentrarse en el ritmo, algo que en los músicos clásicos… cómo decirlo… con frecuencia es un punto débil: encontrar el tempo, el rubato, pero de hecho el ritmo es muy importante, aún más que el rubato, así que el tango hace posible el disfrute directo del ritmo, y el disfrute de las variaciones rítmicas que son fantásticas y que hacen que el corazón lata con más rapidez.