VACIOS XI

La increible omisión de la información

Si las presentaciones que reseñamos a continuación tuvieron alguna difusión ex ante, hubo otras que sencillamente fueron ignoradas por los medios completamente. Eventos cuyo significado e importancia trascienden, en mi opinión, mucho de lo que se ha hecho musicalmente en el país.

Cartel de “Performing silence. La jaula de pájaros de Cage”, seis días dedicados por entero a la obra de Cage.

Anteriormente, cuando no había Google, ni Wikipedia ni otras fuentes similares de consulta, la única forma de indagar sobre ciertos hechos era revisar la prensa escrita y cotejarla para dilucidar lo sucedido, sus causas y efectos. Hoy día,la memoria de lo que ocurre está, por lo general, consignada en grandes sistemas depositarios de información.

Sin embargo, a la larga, las fuentes de las que hoy disponemos se nutren, casi como la vieja investigación, de lo publicado en los diversos medios, escritos, visuales o auditivos. Y esto me lleva a mi primera inquietud: ¿qué sucede con los eventos (en este caso, musicales) que no se mencionan en ningún medio masivo? ¿Estamos ante una situación en la que se están produciendo vacíos significativos del acontecer? ¿Qué va a pasar con el legado de los sucesos que se quedan en ese limbo?

El enfoque de “vacío” en estas notas no aplica solo al pasado. En nuestro medio, el presente ya se torna crítico si verificamos la falta de información sobre un tema como el de la música contemporánea en nuestro país, en el que brilla por su ausencia tanto la información ex ante, como ex post. Lo normal, en cualquier caso, es que haya noticias sobre lo que va a suceder y luego sobre cómo transcurrió lo anunciado. Pero en este campo musical los eventos no son ni anunciados ni comentados; ningún medio parece preocupado por constatar o dar fe de lo acontecido. A los investigadores futuros les quedará difícil conocer lo que pasó, y eso que, según se dice, vivimos la plena revolución de las comunicaciones y la información.

Todo esto para hablar de algunos hechos recientes de la actividad musical capitalina, que no dudo en calificar de históricos, y que son de difícil ocurrencia incluso en los grandes centros musicales del mundo.

Por un lado, en el marco del año Colombia-Francia, tuvieron lugar las cinco presentaciones del grupo musical Le Balcon: dos en el Teatro Colsubsidio; dos en la Luis Ángel Arango, con una buena cobertura ex ante; y una en el Teatro Mayor, con menor difusión. Pero de lo que nunca se habló del todo fue de los programas presentados y, en este caso, de su enorme éxito. Veamos.

El concierto dedicado enteramente a Pierre Boulez —Anthemes II y el famoso Le marteau sans maitre— fue lo que yo llamo un evento histórico. El de Messiaen, con el Cuarteto para el fin de los tiempos, una obra impregnada de misticismo, fe en la humanidad y esperanza ante la eventualidad del fin total, alcanzó sin lugar a dudas los exigentes niveles de pureza sonora concebidos por el compositor. Me queda la duda de si en la última parte era necesario colgar del techo el “cadáver” de lo que parecía ser un cerdo, pero eso ya es un tema aparte.

Otro éxito fue el programa que incluía, en su primera parte, dos obras de autores colombianos: el estreno mundial, en versión concierto, de Ruinas de Pedro García Velásquez y Punto muerto, obra de enorme personalidad y fuerza de Juan Pablo Carreño (compositor al que el Cuarteto Tana, también de Francia, le había estrenado días antes la obra Pasillo Emilio, comisionada por el Banco de la República). La segunda parte del programa incluía la versión “libre” que hizo Arthur Lavandier de la Sinfonía Fantástica de Berlioz, un interesante ejercicio composicional tipo variaciones —no sobre un tema, sino sobre toda una obra— y que muy seguramente solo se podrá volver a oír si uno tiene la suerte de toparse otra vez con Le Balcon u otro grupo que le dé por incluirla en su repertorio.

Aunque las obras de García Velásquez y de Carreño han debido recibir mayor difusión previa, obviamente no fue así. Tampoco la tuvo el concierto de compositores colombianos —Luis Rizo Salom, Eblis Álvarez y Marco Suárez Cifuentes— en Colsubsidio, donde, además, no hubo ni siquiera un programa con notas o datos biográficos (pese a que el costo de la entrada lo ameritaba). Lo único que entregaron al público fue una hoja con los nombres de los autores y las obras que se tocarían. En otras palabras, de esto no quedó ni la constancia de un programa impreso.

Por otro lado, si las presentaciones que acabamos de reseñar tuvieron alguna difusión ex ante, hubo otras que sencillamente fueron ignoradas por los medios completamente. Eventos cuyo significado e importancia trascienden, en mi opinión, mucho de lo que se ha hecho musicalmente en el país.

Tal es el caso del evento “Performing silence. La jaula de pájaros de John Cage”, en el Museo de Arte de la Universidad Nacional entre el 18 y el 23 de mayo: ¡seis días dedicados por entero a la obra de Cage! No exagero al asegurar que un evento de esta naturaleza, con el contenido y los artistas involucrados, reviste importancia internacional. Localmente Juanita Delgado y Beatriz Elena Martínez interpretaron obras vocales y se contó con la participación de Mapa Teatro, entre muchos otros. Además, la presencia de la pianista argentina Haydée Schvarts, con obras de piano preparado, y del violinista Irvine Arditti en los muy complejos y virtuosos Freeman Etudes I-XXXII, convirtieron el evento en algo difícilmente repetible. No hablo sólo a nivel local sino mundial. La presencia de Arditti, en particular, es un hecho trascendental que no parece haber sido registrado por ningún medio. Destacable además la coproducción de Nova et Vetera y el Museo de Arte de la UN.

Para finalizar, y dejando muchos eventos sin mencionar, entre el 17 y el 30 de abril se llevaron a cabo las Jornadas de Música Contemporánea, que organiza el Círculo Colombiano de Música Contemporánea, con los conciertos, conferencias y talleres de composición e interpretación que son los cuatro pilares del evento. Si bien no es posible detallar cada uno, hay que destacar la presencia del percusionista mexicano Iván Manzanilla, quien no solo dirigió el taller de interpretación, sino que ofreció un inolvidable concierto en el Auditorio Olav Roots, evento que incluyó dos estrenos mundiales y permitió apreciar el nivel al que ha llegado hoy día la percusión. Por otro lado, el Ensamble CG, que dirige Rodolfo Acosta, ofreció el Concierto Monográfico: Coriun Aharonian y cabe subrayar tanto su participación en la presentación de los trabajos del taller de composición que el mismo Acosta dirigió, como la extraordinaria charla que hizo. Destacan también en estas Jornadas las numerosas conferencias ofrecidas y el concierto con composiciones colombianas del cuarteto de guitarras Atemporánea.

En conclusión, la situación del registro histórico no parece ser muy distinta a la de siglos anteriores. Si bien los historiadores de esos períodos tuvieron que recurrir a documentos, como correspondencia y otras fuentes de carácter epistolar, los futuros analistas del acontecer musical “contemporáneo” de fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI tendrán que escudriñar los facebooks y grupos de comunicación digital a ver qué encuentran…

Sin embargo, hay que mencionar el esfuerzo destinado a registrar el acontecer musical actual que realiza el Observatorio del Círculo Colombiano de Música Contemporánea, de reciente creación y merecedor de un gran aplauso.