Vacíos VI

La música religiosa y coral II

Alejandro Zuleta y Alfonso Rincón, dos pérdidas para la cultura del país que esperamos no se conviertan en vacíos dentro de unos años.

En la medida en que el tema de esta nota es la música religiosa y, como consecuencia de tal tema, la música coral como elemento fundamental de su desarrollo, debo empezar manifestando el profundo pesar que nos causa la muerte de dos de sus exponentes más importantes en los años recientes: el padre Alfonso Rincón y el director de coros Alejandro Zuleta.

Posiblemente haya que recurrir al recuerdo de muchos años atrás, cuando la Radiodifusora Nacional de Colombia trasmitía ciclos integrales de compositores, como los que preparaba Julio Sánchez Reyes, o cuando la programación se enmarcaba en secuencias rigurosas de las obras de los compositores que conformaban la audición, como lo hizo Hjalmar de Greiff por más de 20 años, o en series sobre la historia de la música culta como las de Otto de Greiffo del folklore —como las de Guillermo Abadía para poder resaltar la importancia del programa que por tantos años mantuvo el padre Alfonso Rincón en la HJUT sobre música religiosa, a lo que habría que agregar su gestión creadora y promocional de la “Música en los templos”, como pilar de una actividad masiva sin precedentes.

Por su parte el maestro Zuleta, sin detenernos en su fructífera labor pedagógica, desarrolló una impresionante y enriquecedora actividad como director coral. No es posible ignorar su aporte a la presentación de varias obras cumbres del repertorio musical, entre ellas el estreno por un grupo coral nacional de obras como la Misa en Si menor de J. S. Bach, el estreno de la Misa Jazz de Steven Porter o su participación en el desarrollo de varias óperas, sin dejar de lado las obras de compositores colombianos como Antonio María Valencia y Jaime León. Nuestro pésame para todas las personas que participaron en las agrupaciones corales que él dirigió, particularmente la Sociedad Coral Santa Cecilia, los coros de las facultades de artes de las universidades Javeriana, Pedagógica Nacional y El Bosque.

Alfonso Rincón
Alfonso Rincón

Dos pérdidas importantes para la cultura musical del país, que esperamos no se conviertan en otros dos vacíos dentro de unos años. Sería necesario proceder a construir detalladamente, con criterio de documentación histórica, las dos trayectorias de estos maestros, un trabajo que obviamente supera el alcance de notas como esta o algunas de las publicadas en los medios, para que esa información comience a formar parte de la documentación accesible en medios masivos.

No me cansaré de insistir en esta columna, y su título de “vacíos de nuestra memoria musical” así lo exige, sobre la necesidad de constatar si los personajes o temas aquí tratados aparecen siquiera mencionados en las actuales fuentes de información básica, Google o Wikipedia, para entender por qué hablamos de ausencias en cada caso. 

Retomando el ejercicio de la consulta en Google, ensayé en esta ocasión con el maestro Antonio Varela (1903- *), el peso pesado de la dirección coral en su momento, volviendo a encontrarme una ausencia significativa de referencias a su obra, su labor o su vida. Y, como en otros casos, es de nuevo Perdomo Escobar (**) quien da una idea muy general de su trabajo como director coral y como fundador y rector de su Centro de Estudios Musicales, aunque esta mención tiene que ver más con algunos de sus alumnos que con su propia trayectoria.

Gracias a la actividad de dirección coral de Antonio Varela, Bogotá se acostumbró por muchos años a la interpretación, en templos y salas de concierto, de un amplio repertorio de música religiosa, entre la que, sin duda, destaca el estreno en Colombia del Mesías de Haendel y sus subsiguientes presentaciones anuales en Semana Santa y Año Nuevo, por no mencionar el estreno de numerosas obras corales de los más grandes compositores del género

Dentro de la mínima información disponible, el artículo de Gloria Valencia Diago, publicado en El Tiempo del 23 de diciembre de 1977 (***), titulado “Coral Varela, 40 años de buena música”, ofrece una idea general de lo que fue la actividad de este grupo a partir de su primer concierto el 22 de diciembre de 1937 en el Teatro Colón, presentado por Gustavo Santos, ministro de Educación del momento. Si bien sabemos que la actividad de este grupo se mantuvo por muchos años, cabe subrayar, gracias a la nota mencionada, algunas presentaciones, como aquella que celebró el cuarto centenario de la fundación de Bogotá, con la presencia del presidente Eduardo Santos; o el homenaje al Cardenal Micara en 1949, con acompañamiento de la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por el propio Varela; o el homenaje a la Virgen para conmemorar en 1954 el centenario de la declaración del dogma de la Inmaculada Concepción. Con audiciones de esta coral se inauguró la Catedral de Sal de Zipaquirá, se festejó el centenario de Manizales, se honró a numerosos compositores y personalidades nacionales e internacionales, y se estrenó la Misa azul de Quevedo Arvelo, en la Plaza de Bolívar de Bogotá el 6 de agosto de 1988, junto con otras agrupaciones corales que para la ocasión conformaron un “coro de 140 voces”. 

No son muchas las organizaciones musicales privadas que como la Coral Varela hayan logrado sobrevivir en el país más de 20, 30 o 40 años.

Cuando repasamos los muchos nombres que pasaron por el Centro de Estudios Musicales, fundado por Varela en 1943, si bien algunos de ellos habían sido alumnos del Conservatorio de Música o lo fueron posteriormente, encontramos numerosos intérpretes que desempeñaron un papel significativo en la actividad musical en general y orquestal en particular: Leopoldo Carreño, Efraím Suárez, Anastasio Bolívar, Lucía Gutiérrez de Macía, Elvira Restrepo y muchos otros, entre ellos el pianista y cantante Eduardo Brieva, exrector de la Universidad Nacional de Colombia, para dar una idea.

Aunque el maestro Varela no cuenta con muchas referencias, tiene sí una placa recordatoria en la casa donde vivió en Bogotá, y esto es mucho más que lo dedicado a otros valores, así esta no le diga nada al transeúnte desprevenido que pase por allí.

Se nos queda para más adelante la referencia a otros coros y directores que marcaron pautas en Colombia, entre ellos, por ejemplo, la Coral Bach, fundada por Ernesto Martán, un curioso personaje que fue profesor del Gimnasio Moderno y del Colegio San Bartolomé; el Club de Estudiantes Cantores; la Coral Ballestrinque, dirigida por María Cristina Sánchez; la labor de Luis Antonio Escobar en el campo de promoción de la actividad coral; Alfred Greenfield; Amalia Samper; Elsa Gutiérrez; los festivales internacionales de coros de Bogotá; los grupos corales y directores de otras ciudades, como Rodolfo Pérez en Medellín, Stella Dupont en Popayán o Gustavo Gómez Ardila en Bucaramanga; o el numeroso repertorio de obras religiosas inéditas o desconocidas hoy de compositores colombianos, como el Te Deum por la paz de Colombia de Fabio González Zuleta.

Dejo al lector la tarea de buscar información sobre sus trayectorias y obras.

Por: David Feferbaum, Cofundador del Centro de Documentación Musical.

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(*) Pese a los muchos intentos, a la fecha de la corrección final de esta nota, no me había sido posible conseguir la fecha de fallecimiento del maestro Varela. ¿Buen ejemplo de vacío???

(**) José Ignacio Perdomo Escobar, Historia de la música en Colombia, ABC, Bogotá, 1963.

(***)  ttps://news.google.com/newspapers?nid=1706&dat=19771223&id=NrkqAAAAIBAJ&sjid=QGYEAAAAIBAJ&pg=830,1689246&hl=es