ZUBIN MEHTA, Hecho de Oriente y Occidente

La Filarmónica de Israel y su prestigioso director Zubin Mehta, visitarán Bogotá por tercera vez. El concierto tendrá lugar en el Teatro Mayor el 24 de julio con un repertorio compuesto por obras de Haydn y Mahler.

Por: Luis Carlos Aljure

Los años de empatía que han unido por más de medio siglo al director indio Zubin Mehta y a la Orquesta Filarmónica de Israel pertenecen más a la tradición del pasado, cuando era habitual encontrar parejas de directores y orquestas unidas en matrimonios legendarios de varias décadas, que al mundo cambiante de hoy en el que esos vínculos tienden a ser más breves. Mehta y la Filarmónica de Israel nacieron el mismo año, en 1936. El director en Bombay y la orquesta en Tel Aviv, gracias a la unión de numerosos músicos judíos que habían sido excluidos a la fuerza de varias agrupaciones europeas, y que en un principio tocaron bajo el título de Orquesta de Palestina. El director y el conjunto musical celebran, entonces, 83 años de vida en 2019. Cuando ambos cumplieron 33 años, Mehta fue nombrado consejero musical de la orquesta. Luego, a los 41 años, asumió el cargo de director titular. Y a los 45, para fortalecer los votos de mutuo afecto, se convirtió en su director vitalicio.

En su tercera visita a Colombia, Mehta y su orquesta ofrecerán un programa constituido por dos obras: la Sinfonía concertante en si bemol mayor de Franz Joseph Haydn, con violín, violonchelo, oboe y fagot solistas; y la Primera sinfonía de Gustav Mahler que, como hecho singular, constará de cinco partes, porque la versión que se presentará en Bogotá incluirá el movimiento denominado Blumine (Flora), que el compositor excluyó de la partitura final. Mahler también eliminó el título inicial de la sinfonía: Titán, pero éste se ha resistido a desaparecer y permanece como un sello indeleble sobre la obra. Mehta, como afirmó en una entrevista ofrecida en Chicago, ha encontrado en fuentes diversas algunas claves para comprender e interpretar las obras de Mahler. Por ejemplo, aprendió aspectos invaluables en la Biblioteca de la Filarmónica de Nueva York, donde se conservan partituras con anotaciones originales del compositor, que fue titular de esa orquesta a principios del siglo XX. O al estudiar las curiosas grabaciones de unos rollos de pianola realizadas por el propio Mahler que, según Mehta, sorprenden por las libertades rítmicas de la interpretación. Y también acopió enseñanzas en los ensayos abiertos al público de la Filarmónica de Viena, a los que asistió en la década de 1960, durante la realización de un ciclo de sinfonías de Mahler que dirigió Leonard Bernstein, cuando las obras aún eran escasamente conocidas por el público y por la orquesta.

Mehta creció en un hogar en el que se oía cotidianamente música clásica, mucho más que la música tradicional de la India, porque su papá, Mehli Mehta, fue violinista y fundador y director de la Sinfónica de Bombay. Sin embargo, ante el eterno temor sobre el triste destino de los músicos, su madre lo indujo a estudiar medicina, pero en las aulas entendió que sólo podía ser director de orquesta. Así que se despojó de la bata de aprendiz de cirujano y desde entonces ha estado seguro de que con esa decisión “se salvaron muchas vidas”. A partir de 1954 se formó como director en Viena bajo la guía del legendario Hans Swarowsky. En 1958 ganó el Concurso de Dirección de Liverpool y tres años después debutó con dos agrupaciones gigantes: la Filarmónica de Viena y la Filarmónica de Berlín. En su dilatada y premiada carrera se ha presentado en los escenarios más prestigiosos del mundo, y ha sido director principal de la Sinfónica de Montreal, la Filarmónica de Los Ángeles, la Filarmónica de Nueva York, el Maggio Musicale Fiorentino, la Ópera Estatal de Baviera y el Palau de les Arts de Valencia. La popularidad del director indio se multiplicó cuando condujo la orquesta en los conciertos de Los tres tenores (Pavarotti, Domingo y Carreras) en Roma y en Los Ángeles. Mehta y el japonés Seiji Ozawa fueron los primeros directores de orquesta nacidos en Oriente que alcanzaron fama mundial en el exigente circuito de la música clásica de Occidente.

Mehta pertenece a la comunidad parsi de la India, un grupo minoritario que practica la religión zoroástrica, basada en las enseñanzas del profeta iraní Zoroastro. “Nuestra trinidad se resume en esto: buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones. Como fue la primera religión monoteísta, antes que el judaísmo, estos principios fueron adoptados por el cristianismo a su manera”, declaró ante la prensa española. Sus convicciones lo han impulsado a participar en conciertos y proyectos musicales que toman partido por la esperanza, la solidaridad y la fraternidad. En 1994 dirigió el Réquiem de Mozart ante las ruinas de la Biblioteca Nacional de Sarajevo en honor de las víctimas del conflicto de la antigua Yugoslavia. En el año 2005 ofreció un concierto con la Orquesta Estatal de Baviera en Madrás, India, para conmemorar el primer aniversario del devastador tsunami del Océano Índico. Además, desde el año 2009 estableció con el apoyo del sector bancario un programa de formación musical dirigido a los árabes en territorio israelí que ha beneficiado a cientos de jóvenes. De hecho, Mehta ha afirmado con frecuencia que sueña con el momento en que músicos árabes se integren a la Filarmónica de Israel. Así mismo, espera que algún día su orquesta pueda tocar la música de Richard Wagner sin causar un conflicto en el país entre quienes admiran al compositor y quienes lo condenan. La obra del músico alemán, antisemita e ídolo absoluto de Adolf Hitler, no está oficialmente prohibida en Israel, pero existe un veto sobre ella. Mehta suele dirigir obras de Wagner con otras agrupaciones, pero no lo hace con la Filarmónica de Israel. Una vez, sin embargo, en 1981, al final de un concierto en el Auditorio Manna de Tel Aviv, le anunció al público que dirigiría fuera de programa un pasaje de Tristán e Isolda de Wagner, y aunque logró tocarlo hasta el final, la música estuvo acompañada por la protesta y los abucheos de los ofendidos. Aún hoy, la música de Wagner divide a la nación.

Al frente de la Filarmónica de Israel, Mehta ha dirigido miles de conciertos, grabado cientos de discos y recorrido incontables kilómetros en giras extensas por los cinco continentes. A pesar de su título vitalicio, Mehta ha anunciado que dejará el cargo en octubre de este año. Su lugar será ocupado a partir de la temporada 2020-2021 por el joven pianista y director Lahav Shani, nacido en Tel Aviv en 1989. Entre tanto, como ha declarado repetidamente, seguirá con su tarea de difusor incansable de la música, porque no concibe la vida sin ella. “Imaginen los miles y miles de conciertos que tienen lugar todos los días en todo el mundo, y el efecto positivo, enaltecedor, que producen en las personas que los escuchan. Ahora, imaginen un mundo sin toda esa riqueza. El vacío sería impensable”.