SERGIO TIEMPO, el el Teatro Colsubsidio

Sergio Tiempo se presentará el sábado 10 de agosto en el Teatro Colsubsidio.

Por: Luis Carlos Aljure

Sergio Tiempo vio la luz en Caracas, aunque su familia es originaria de Argentina. Nació en una extensa familia musical en la que todos tocaban el piano, tanto que se extrañó al descubrir que existían algunas personas incapaces de hacerlo. El mundo empezó a oír hablar en serio de él luego de su primer recital profesional en el Concertgebouw de Ámsterdam, cuando sólo tenía 14 años.

El programa de Tiempo (que también se presentará en Medellín el 18 de septiembre) está consagrado enteramente a Chopin: las Sonatas números 2 y 3, la Balada número 4, tres Preludios y un Nocturno.

La siguiente es una entrevista que el pianista nos concedió antes de sus conciertos en Colombia.

¿Qué lugar ocupa la música de Chopin en su trayectoria de pianista?

Chopin fue mi primer compositor favorito. Yo lo amaba más que a todos. Durante muchos años lo toqué, pero después, de adulto, empecé a hacer otras cosas y fui olvidándome de él, de mis raíces. Hace poco me invitaron a participar en un festival en Bruselas que se llama Chopin Days, y me gustó la idea de ir también a Colombia con un recital Chopin. Quise reencontrarme con él, porque es un recuerdo de infancia para mí.

¿Qué pianista ejerció durante sus años de formación una influencia determinante en su desarrollo como intérprete?

La figura de Martha Argerich fue decisiva. Yo no la conocía como pianista realmente; era una amiga de la familia que venía de vez en cuando a la casa. De repente, como a los diez u once años, mi hermana me dio un casete de Martha Argerich tocando el Tercer concierto de Rachmaninoff con Abbado. Con las primeras notas quedé electrizado, no podía creer lo que estaba escuchando. Era tan excitante, tan hermoso, era como si de repente uno pasara de la televisión en blanco y negro a la televisión en color. En ese momento dije: ‘Yo quiero hacer esto’, porque descubrí posibilidades que ni siquiera sospechaba. Y poco después fui a tocar para ella por primera vez, porque estaba preparando un recital para el Concertgebouw que di a los 14 años. Por supuesto, estaba totalmente enamorado de ella como música, como mujer, como persona. Era mi faro absoluto. Creo que fue muy bueno porque, sobre todo cuando uno está formándose, es bueno tener alguien a quien uno idolatre un poco porque te hace avanzar mucho más.

Durante su carrera un pianista debe presentarse en diversas salas de diversos países, y tiene que lidiar con el problema de enfrentarse a pianos de distintas condiciones. ¿Es difícil adaptarse a instrumentos que pueden llegar a ser muy disímiles?

Es bastante complejo, efectivamente. Creo que es algo que la mayoría de los otros instrumentistas no conocen; no saben lo que es tener que adaptarse rápidamente a un nuevo instrumento que a lo mejor te va a impedir hacer mucho de lo que tenías planeado. Pero tiene la ventaja de que, de repente, te puede sorprender muy agradablemente, puedes dar con un piano en el que se toca tan delicioso que logras hacer cosas que ni tú mismo imaginabas. Entonces tocas mejor que nunca. Pero, bueno, desde que éramos chiquitos mi mamá siempre nos enseñaba a poder tocar en cualquier piano y a hacer lo mejor que se pueda con las posibilidades que hay. Inclusive puede ser interesante artísticamente porque el estar limitado te obliga a ser creativo.

Se afirma con frecuencia que los pianistas de generaciones anteriores tenían personalidades más definidas y un sonido más individual en comparación con los pianistas de la generación más joven. ¿Cree que se trata de una afirmación acertada?

Es probable que sea cierto porque yo he comprobado que la mayoría de los pianistas que había en la época de Hofmann, de Ginsburg, de Horowitz, tenía su propio sello, su propio sonido, su propia forma de interpretar y eran personalidades muy distinguidas. Yo culpo un poco a las competencias. Hay tal cantidad en el mundo entero, y además el jurado siempre tiende a requerir una forma de tocar que sea “políticamente correcta”. De esa manera, los músicos no osan ir demasiado lejos, no corren riesgos interpretativos. Además, en otras épocas las grabaciones profesionales eran realmente difíciles de obtener. Hoy en día cualquiera puede grabar un disco, y entonces hay una proliferación tan enorme de grabaciones que hay muchas cosas menos excepcionales y es más difícil detectar lo que hay de bueno.

¿Cuáles han sido los elementos que han ayudado a forjar su identidad como pianista?

Es interesante, yo creo que siempre tuve la personalidad que tengo. Hay cosas que yo hacía cuando era un niñito que se parecen un montón a mi forma de tocar de adulto, a pesar de que he adquirido más conocimientos, más sofisticación y más recursos, pero la esencia de quien soy no ha cambiado. Lo que sí ha cambiado es la aceptación de mí mismo, porque cuando uno es joven es inseguro, casi siempre tiene miedo de lo que vayan a pensar y teme revelar su verdadera esencia. Pero, inclusive, hay que sentirse cómodo con sus propias fragilidades, aceptar que hay cosas que hago muy bien y otras que hago menos bien. Cuando uno aprende a juzgar esos elementos de uno mismo llega un momento en el que todo es mucho más natural, más verdadero y conmovedor, porque lo que conmueve realmente es la fragilidad. Es difícil ser conmovido por un Superman, pero cuando ese Superman está en contacto con la kryptonita te puede llegar a conmover.