PASÓ EN 2018, así fuera difícil enterarse.

Como en ocasiones anteriores, este balance busca identificar eventos que reflejen alguna continuidad. Pero, como siempre, con contadas excepciones, los hitos carecen de ella. No obstante, el año tuvo actividades bien importantes.

Por: David Feferbaum

¡Inconmensurable el aporte de Missi al arte en el país! Paz en su tumba.

La selección es subjetiva. Tiene que ver con lo que considero propuestas novedosas y enriquecedoras del medio, así no sean de índole comercial. Por ello, tal vez, poco de lo mencionado se reflejó en los medios.

Mario Lavista

Las charlas de Mario Lavista me afinaron el concepto de “ambiente musical sano”. Para él, no es solo el resultado de una serie de eventos, sino la sumatoria de un entorno que incluya publicaciones, partituras, discografía, radio cultural, auspicios y un marco crítico. Visto así, es claro que no tenemos un ambiente musical sano propiamente dicho. 

Aquí no se cuentan por decenas las partituras o discos de autores nacionales publicadas al año sino los años en que no se ha editado ninguno. Aquí, con presupuesto público, se monta una zarzuela en la que se eliminan los parlamentos, dejando solo la música. ¿Lo contrario también sería válido? Aquí, la convocatoria para proyectos del Ministerio de Cultura no consideró importante uno que proponía actualizar el software y mantener la amplia base de datos que sobre nuestra música actual posee el Círculo Colombiano de Música Contemporánea (CCMC).

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Para comenzar —sin sentar prioridades— podemos decir que la ópera es hoy la manifestación más rica del espectro musical. En nuestro caso, destaca la presencia internacional de Juan Pablo Carreño y Violeta Cruz. 

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Juan Pablo Carreño

En la U. Javeriana, el libretista G. Galo y el compositor Felipe Hoyos (vía skype) explicaron la creación y la construcción del texto y la música para su ópera Melpómene, en charla magistral previa a la presentación. 

En el mismo recinto, Harold Vásquez reseñó la creación de El Príncipe Tulicio, ópera de cámara con dispositivo electrónico, basada en el concepto de Gesamtkunstwerk, en que el compositor asume todos los elementos que integran la obra. 

Dos ejemplos que nada tienen que envidiar a lo que se hace en otras latitudes.

Ópera al Parque ofreció este año La vuelta a la tuerca de Britten y La princesa y la arveja de Luis Antonio Escobar, mientras el Teatro Colón ofreció Florencia en el Amazonas y, en el momento en que escribo, anuncia La Cenicienta de Rossini, en versión editada, todas con recursos locales. Si a esto agregamos los talleres y concursos de canto, así como las figuras que han ido surgiendo, diría que estamos en capacidad de producir cualquier obra del género. Se requieren, eso sí, políticas y auspicios que apuntalen su profesionalización.

Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, Foto: cortesia Teatro Mayor

Extraordinario resultado del Teatro Mayor (coproducción con el T. Municipal de Santiago, la Ópera Nacional de Chile y el T. Colón de Buenos Aires) en el montaje de Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny de Weill, que tal vez habría ameritado más funciones y algún solista local.

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Bajo la dirección de Jorge Gregorio García, la U. de los Andes, con entidades adscritas de Colombia, México, Reino Unido, Bélgica y CIME/ICEM, realizó en septiembre SPECTRA V2, Festival Internacional de Música Electroacústica, que invitó a Scott Wilson (R.U.), Annette Vande Gorne (Bélgica), Susan Campos (Costa Rica), Rodrigo Sigal (México) y a los colombianos Federico Demmer, Luis Fernando Sánchez, Ana María Romano y Catalina Peralta, entre otros. Fueron nueve conciertos, talleres de programación, conferencias y una clase magistral de composición de Annette Vande Gorne que, además, presentó su ópera acusmática Yawar Fiesta. Difícil describir su importancia.

El CCMC, celebró sus octavas Jornadas de Música Contemporánea (Tempo n.° 22) con invitados especiales, de los cuales destaco el compositor argentino Marcos Franciosi, y mantuvo su actividad mensual en La Libélula Dorada, cerrando con el inspirador programa de Iván Manzanilla “Los límites de la música”, que estrenó dos obras (del concurso convocado por el CCMC) de los colombianos Luis F. Sánchez G. y Andrés Moscoso, junto a piezas de Campoverde, Luque, Cardona y una de las Pleiades de Xenakis, definida por Manzanilla como el “santo grial de los percusionistas”, experiencia que uno agradece haber vivido. Este año, por primera vez, el Círculo ofreció en el Teatro Mayor dos programas de su “Ciclo de música de cámara contemporánea CCMC”. En el primero, el cuarteto de guitarras Atemporánea estrenó Zeitfelder de Juan Camilo Vásquez; en el segundo, el Ensamble CG presentó trabajos de compositores nacionales y latinoamericanos de los últimos 50 años. 

Marcos Franciosi poresente en las Jornadas de Música Contemporánea

El Cuarteto Q-Arte (Departamento de Música de la UN) y la misma Universidad, en asocio con el Teatro Mayor y la Luis Ángel Arango, organizaron el II Festival Internacional de Cuartetos de Cuerdas FESTIQ-ARTETOS, que invitó a quien hoy se puede considerar el decano de la música en México, Mario Lavista, cuya presencia en cualquier parte habría sido tema obligado de los medios, no así en Colombia. Sus charlas revelaron la profundidad de su pensamiento y los programas incluyeron varias obras suyas. Lucimiento del cuarteto local, que compartió tarima con el Latinoamericano de México. Se oyó además El verano peligroso del colombiano Marius Díaz (1985) y se estrenó Reflejos: en un doble cuarteto de cuerdas de Gustavo Leone (1956), comisión del Festival.

Valioso recital de Q-Arte en la UN con cuatro obras de Fabio González Zuleta (1920-2011), importante y olvidada figura de la música nacional.

El Ensamble Contemporáneo UN, fundado por Harold Vásquez en 2009, en asocio con la U. de Música y Arte Dramático de Viena y la presencia de Simeón Pironkoff y Jaime Wolfson, realizó un seminario y un concierto-lectura, a cargo de estudiantes de instrumento, dirección y composición, con obras actuales de compositores austriacos y colombianos.

En alianza con el Conservatorio Superior de Música y Danza de París, el proyecto Batuta adelanta una interesante experiencia de articulación de proyectos conjuntos: en 2017, los talleres de “Fortalecimiento técnico, improvisación libre y montaje de obras del siglo XX y XXI”; en 2018, Didier Nguyen, Audrey Sproule y Jean Luc Tourret se vincularon a un trabajo de improvisación y exploración sonora. De los logros dio fe el concierto Laboratorio de músicas nuevas en el auditorio Fabio Lozano. La versatilidad de los jóvenes en el lenguaje de vanguardia e improvisación creativa fue evidente. Allí mismo se estrenó Goqui, comisión de la orquesta a la compositora Violeta Cruz, evento que no fue registrado.

Violeta Cruz. Foto: cortesía del artista

En el marco de la Universidad Distrital, Guillermo Bocanegra publicó Ciclo del exilio, música colombiana para guitarra sola de Guillermo Rendón (1935), grabación acompañada de una propuesta analítica del compositor y la obra, desde la óptica del intérprete.

Destacable en la Luis Ángel Arango la música contemporánea, sus homenajes y publicaciones. Significativo inicio de temporada con Stimmung de Stockhausen, por el grupo danés Theatre of voices, así como otros programas imposibles de reseñar por falta de espacio. Merecido homenaje a Luis Carlos Figueroa (1923) en el ciclo “Vida y Obra”, así como el cd con composiciones de Juan Antonio Cuéllar, Diego Vega y Jesús Pinzón, y los dedicados a Johann Hasler y Francisco Zumaqué.

El Cuarteto Q-Arte, Foto: cortesia de la BLAA

El Teatro Mayor desplegó una gran programación. Aparte de Mahagonny, destaco la Camerata Salzburg con Fratres de Arvo Pärt y las Canciones Bíblicas Op. 99 de Dvorák, y la histórica presentación de la Stuttgart Bachakademie con la Cantata BWV 21 y el Magnificat BWV 243 de Bach. ¡En Colombia aún no se han escuchado en vivo ni siquiera 20 de las más de 200 cantatas de Bach! Maravilloso recital de Vadym Kholodenko, para no hablar del indescriptible de Yuja Wang.

De las orquestas bogotanas poco qué decir en cuanto a ciclos, programación integral, compositores nacionales o de vanguardia. Destaco sí, los programas del director Eduardo Carrizosa que, con la OSNC, integró en una audición Veinte años de Lucas Saboya (1980) y Tres ballets criollos de Uribe Holguín; en Bucaramanga, con la Orquesta Sinfónica de la UNAB, la sinfonía Albores musicales de Santos Cifuentes (1870-1932); y en Cali, con la Orquesta Filarmónica de la ciudad, la Fantasía andina para orquesta de Lucas Jaramillo (1981), el Tríptico para percusión y orquesta de Héctor González (1961) y la Suite para orquesta de Luis Carlos Figueroa.

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Aunque mucho queda en el tintero, finalizo con estos registros. 

La gran muestra de vanguardia, improvisación y electroacústica de “*matik-matik* 10 años”, en 28 funciones y más de 80 presentaciones, imposibles de resumir, además del ciclo “libres en el sonido” organizado por Melissa Vargas.  

El VII Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá que, de manera gratuita, ofreció 23 conciertos y 15 actividades de carácter académico, con el concurso de “más de 600 artistas de 20 países”. El evento abriócon un recital del Coro Fundación Princesa de Asturias y cerró en la Catedral con el Requiem de Mozart, bajo la acertada dirección de Juan Carlos Rivas.

Organizado por Nova et Vetera, Rivas dirigió también, en Espacio Odeón, La bocca, I Piedi, Il Suono, desafiante pieza para 104 saxofones de Salvatore Sciarrino.

En la Bienal de 2018, el Teatro Alla Tesse de Venecia presentó el Ensemble Itinéraire con obras de los colombianos Daniel Alvarado, Leonardo Idrobo, Daniel Zea, Luis Fernando Rizo Salom, Juan Camilo Hernández y Marco Suárez Cifuentes. 

Todo esto pasó, así fuera difícil enterarse.

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