“No esperen de mí un Don Giovanni de peluca blanca”, Marcelo Lombardero

Después de la puesta en escena de Auge y caída de la ciudad de Mahagonny, el argentino Marcelo Lombardero regresa con una nueva propuesta: esta vez el turno es para el Don Juan más famoso del mundo lírico. Martes 25, jueves 27 y sábado 29 de febrero en el Teatro Mayor

Por:  José Daniel Ramírez Combariza.

Transcripción de Miguel Hernández Girón.

Don Giovanni, de W. A. Mozart y el libretista Lorenzo da Ponte, sin duda, ha sido una columna importante cuando se habla de ópera en Colombia. Algunos lectores recordarán la producción dirigida por Manuel Drezner en el Teatro Colón (1978) con un reparto de lujo: el bajo barítono Francisco Vergara en el papel de Don Giovanni, Marina Tafur, representando a Zerlina y, Alejandro Ramírez, como Don Ottavio.

La mencionada obra de Mozart también fue, aunque con un resultado artístico lejano de ser feliz, la ópera que sirvió como semilla en 1991 para la creación de la nueva Ópera de Colombia, la cual fue dirigida por Gloria Zea hasta el 2019, año de su fallecimiento.

La mas reciente producción, que el público bogotano pudo ver, tuvo lugar en el Teatro Colón en la temporada de ópera 2006.  En el 2020, Don Giovanni regresa a la escena bogotana, en esta ocasión, la Ópera de Colombia une fuerzas con el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.

Para esta nueva versión, el reconocido cantante lírico y ahora director de escena Marcelo Lombardero, es el encargado de dar vida al seductor más famoso de la historia de la ópera. Su vida musical ha estado ligada a Colombia en calidad de cantante y director.

Imágenes de Don Giovanni de Mozart

La siguiente entrevista, realizada en alianza con la emisora HJUT 106.9, tuvo lugar días antes de la premier de esta nueva versión de Don Giovanni en Bogotá.

JOSÉ DANIEL RAMÍREZ COMBARIZA: Usted ha estado en contacto con nuestro país desde hace varios años.

MARCELO LOMBARDERO: Tengo una parte de familia colombiana y desde muy joven he tenido contacto con este país y particularmente con esta ciudad, en principio, gracias a la Orquesta Filarmónica de Bogotá, que durante muchos años me invitó a cantar cosas maravillosas y con un gran nivel, la verdad que yo siempre agradecía venir a cantar a este país y a esta ciudad particularmente.

J.D.R.C: El Teatro Mayor también se ha convertido en una especie de casa para Marcelo. Esta producción de Don Giovanni no es su primer trabajo para el Teatro Mayor en coproducción con la Ópera de Colombia. Usted causó sensación con Auge y caída de la ciudad de Mahagonny.

M.L:  La primera ópera que hice en este teatro fue una ópera de un compositor argentino, Oswaldo Golijov:  Ainadamar. No era una producción mía, pero yo en ese momento dirigía el teatro argentino de La Plata. Mahagonny fue la verdad, un gran desafío, porque tres teatros latinoamericanos se juntaban para hacer una producción de ese tipo, no una Traviata, no una Bohème, y que tuviera ese impacto aquí también para mí fue un hecho muy sorprendente porque bueno, no es el repertorio supuestamente tradicional que todo el mundo espera ver y quiere ver, sin embargo, es una obra que pegó, y pegó muy fuerte. El público tiene necesidad de escuchar cierto tipo de cosas y no tanto espectáculos inocentes.

J.D.R.C: En Argentina la ópera es importantísima. La gente lleva la ópera en la sangre con el Teatro Colón. ¿Qué se puede decir del gusto por el teatro lírico entre los colombianos?

M.L: A ver, yo creo que todo ha cambiado, esto que tú dices, el tema de la tradición en Argentina, es cierto, pero también es cierto que en los últimos años hay una gran crisis no solo de la ópera, sino también de los espectáculos en vivo en general, y esto también involucra a Colombia. Yo me preocupo por pensar cómo le vamos a hablar a las generaciones que vienen, cómo vamos a decirle que esto es interesante y por qué es importante ver una representación en vivo. Eso genera una mancomunión también social. Venir al teatro   no es solamente el hecho de “espectar”, sino también un hecho social que nos iguala frente al otro. Todo en nuestro tiempo parece interactivo, y queremos estar en contacto con muchos estímulos a la vez. Mi reto es el de invitar al gran público a que se tome un paréntesis en esto de “espectar” durante dos o tres horas, sin la posibilidad de hacer zapping, de interactuar, o cambiar de pantalla. Esto es un hecho complicado.

 Entonces digo que, además del teatro musical, también la ópera y la música en particular están lejos de la sociedad, pero están lejos en términos peligrosos porque yo creo que justamente este tipo de arte, este tipo de música, es anti sistémico. Yo reflexiono alrededor de la música y de cómo esta se ha transformado en nuestra época en un producto de consumo. Hoy la música, en realidad es ruido que nos acompaña todo el día en el ascensor, en el coche cuando vamos al trabajo, en la sala de espera, en el banco, donde desayunamos, en el bar, en el supermercado, en todos lados hay música, pero música como hay Coca Cola, como hay helado, como hay café; como un producto de consumo, no como un hecho artístico.

Hoy nadie tiene tiempo de escuchar una obra. La gente escucha canciones, listas de Spotify o de YouTube, pero nadie se sienta, ni siquiera los que aman la música clásica, a escuchar una obra porque no hay tiempo para disfrutar este arte, no hace falta ser un erudito, hace falta tener tiempo, tiempo de sentarse y disfrutar, y eso es lo que hoy justamente el sistema no nos permite.

J.D.R.C: Marcelo fue director artístico del Teatro Colón desde la ópera, pero también es director de la ópera de cámara, y ha podido llevarla a otros sitios como ciudades pequeñas y provincias, siempre con el deseo de difundir la pasión por la ópera.

M.L: En términos económicos, la ópera es un espectáculo caro, caro en términos materiales y en términos humanos, sobre todo humanos, o sea la maquinaria que hace falta para poner en funcionamiento un título operístico con orquesta, un coro, un cuerpo de solistas, actores, bailarines. Hay que sumar todo el equipo de producción, la prensa, la difusión, o sea una gran institución al servicio de un gran espectáculo que dura un tiempo determinado. En términos económicos es absurdo. Solamente las grandes instituciones, en este caso el Teatro Mayor o el Colón de Buenos Aires, están en capacidad de afrontar esta tarea. No todo el público tiene acceso.

 Hoy es sencillo gracias a las plataformas virtuales, pero como decimos, no es lo mismo. Está todo bien, uno ve un espectáculo por YouTube, pero en vivo es otra historia. De hecho, yo creo que justamente las transmisiones cinematográficas de los grandes teatros le han hecho mucho daño a la ópera, y siempre he sido un acérrimo enemigo de las transmisiones.

Entonces, a mí se me ocurrió a partir de una institución que existía en el Teatro Colón desde 1969, me refiero a la ópera de cámara, utilizar los mejores cantantes jóvenes, que andan en la zona de influencia y grupos instrumentales para armar títulos y un repertorio distinto. Decidimos abrir las puertas del Teatro Colón y llegar a otros teatros de la ciudad de Buenos Aires, por lo cual inventamos una forma de producción, un cierto número de títulos y una forma de encarar el teatro musical, como me gusta llamar la ópera. La experiencia resultó muy buena porque pudimos acercarnos a barrios y a ciudades del interior del país que normalmente no tendrían acceso a la ópera. Lo que buscamos va más allá de lo interesante que pueda ser la música. La forma teatral debe ser atractiva y contemporánea. Para los tradicionalistas yo soy un poco iconoclasta, debo decirlo, es más, no esperen de mí un Don Giovanni de peluca blanca…

J.D.R.C: ¿Dónde nace la inspiración para el Don Giovanni que se estrena en Bogotá en estos días?

M.L: Cuando estaba trabajando sobre una producción de Don Giovanni, que es esta misma que vamos a hacer ahora, sucedió un hecho en un periódico que a mí me despertó, y me despertó en el lugar donde yo tenía que buscar este nuevo Don Juan. Pensé en un personaje de la política internacional de hace muy poco tiempo, Dominique Strauss-Kahn, era director del Fondo Monetario Internacional, iba a ser candidato a la presidencia de Francia, y seguramente le iba ganar a Sarkozy; uno de los políticos más influyentes de la Europa moderna de la última década, y tuvo la ocurrencia de poseer a una mucama afroamericana en un hotel de Nueva York. No había sido la única vez que lo hacía, después se descubrió. Bien, esa anécdota fue muy famosa. El hombre fue el primer caso de violencia de género, ocurrió hace más de diez años. Nada más parecido a la caída de Strauss-Kahn que el final del primer acto de Don Giovanni. El señor que siente poder al poseer a la persona de clase inferior. En tiempos modernos la condena es el infierno ¿Cuál es el infierno de Strauss-Kahn, el hombre más poderoso de Europa hasta el momento? Primero, la ignominia de la exposición pública y, después, el peor de los infiernos para un hombre moderno, el olvido. El olvido y el ostracismo.

Mi Don Giovanni es ese exponente de la sociedad que ninguno quiere, pero que en realidad todo el mundo quiere ser.

J.D.R.C: Marcelo Lombardero mil gracias por el tiempo que nos dedicó y le deseamos todo lo mejor en este nuevo Don Giovanni y siempre:

M.L: Antes de despedirme quisiera referir a un elenco absolutamente maravilloso de actores, cantantes. Protagonista excepcional Nahuel de Piero, un cantante argentino que hace muchos años vive en Francia y ya está haciendo títulos importantísimos en grandes teatros. Acaba de venir de cantar El rapto en el serrallo, en Zurich y una exitosísima producción de Semiramide en Pesaro, así que es un gran lujo como lo es también tener cantantes colombianos que no están en este país y que vienen especialmente a su casa. Todo un elenco iberoamericano como corresponde.