Maria João Pires, la forma de la emoción

Maria João Pires se presentará en el Teatro Colsubsidio el próximo 5 de octubre como parte de la Serie Internacional de Grandes Pianistas. El repertorio está conformado por
obras de Beethoven y Chopin.

Por: Juan Carlos Garay

Hay un video que se hizo viral hace unos años. Muestra a la pianista portuguesa Maria João Pires frente al piano, acompañada por la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam que dirige Riccardo Chailly. Por la vestimenta informal de los músicos deducimos que se trata de un ensayo general pero con público (una bella costumbre que tienen algunas orquestas de Europa). Chailly, incluso, tiene una toalla colgando del cuello a la manera de los entrenadores de boxeo. Nadie imagina el round que está por venir.

La orquesta toca los primeros compases del Concierto en re menor de Mozart, y entonces, vemos en el rostro de Maria João Pires una serie de emociones incómodas: el shock, la desesperación, el pánico. La pianista había anotado en su agenda para esa fecha, y por consiguiente había preparado, otro concierto para piano de Mozart. No el número 20 en re menor K466, que es el que ya la orquesta ha empezado a tocar. En esos segundos que parecen de pesadilla, ella le susurra a Chailly: “Tenía apuntado otro concierto en mi agenda”. Y el director, en lugar de parar, la alienta: “Este lo tocaste la última temporada. Lo puedes hacer. Estoy seguro de que lo harás bien”. Lo cierto es que algoseactivaenlamemoriadePires y, cuando llega su turno, la parte solista de aquel concierto va surgiendo, nota por nota, a la perfección.

Desde que se volvió popular en internet, aquel video ha sido usado por psicólogos para explicar los mecanismos de la memoria y hasta por gurús de la autoayuda para formular cómo salir airoso, confiando en uno mismo, de una circunstancia particularmente difícil. Mucho más interesante resulta el análisis de María Busqué, una mujer que tiene la doble profesión de pianista y fisióloga, y que ayuda a músicos

con tendinitis y problemas musculares. Según ella, no es en la memoria donde reside la clave de una interpretación musical, sino en la emoción. El ejercicio no fue recordar dónde iban los dedos a cada instante; ese es el problema de muchos intérpretes que se concentran demasiado en lo físico. El verdadero ejercicio fue revivir toda la carga emotiva que tiene el Concierto número 20 de Mozart. Y concluye con una frase que sin querer define muy bien a Maria João Pires: “La emoción lleva a la precisión, y no al revés”.

En fin, aquella filmación se hizo durante un concierto de 1997, una época en que internet estaba en ciernes y no existía aún el fenómeno de los videos virales. Son los millenials, sobre todo, los que han descubierto recientemente a Maria João Pires gracias a una anécdota vieja, de los tiempos en que era una súper estrella del sello disquero Deutsche Grammophon. Ya no es así. Ahora está más recogida, toca con menos frecuencia, se radicó en Bélgica y vive una vida que adivinamos tan apacible y dulce como la mayoría de sus interpretaciones.

Las primeras grabaciones de Pires para el prestigioso sello alemán estuvieron dedicadas a Mozart. Una en particular, de 1990, juntaba la Sonata K331 (la que contiene la popular Marcha turca) con las dos Fantasías para piano (K397 y K475) y era una ensoñación. La crítica empezó a hablar dez su toque cristalino, de su disposición para el detalle. Venía a la memoria la definición de “fantasía” que aparece en un diccionario musical de 1597: “Es aquel estilo en que el músico no está atado a nada salvo a su propio placer”.

Pero la verdadera fama, la que disparó su nombre a nivel internacional, vino con dos discos muy bien grabados por una mujer que estaba en la cumbre de sus posibilidades expresivas y que contaba con el respaldo admitámoslo de una buena campaña de mercadeo: los Nocturnos de Chopin en 1996 y los Impromptus de Schuberten1997.Piresseconvirtióen una de las pocas intérpretes clásicas que incursionaron en el formato del videoclip. Era la época en que el canal de televisión MTV todavía tenía un peso musical y había establecido, casi por obligación, que los músicos recién llegados a la industria debían acompañar sus lanzamientos con un video. Otros géneros musicales siguieron la tendencia: la pianista apareció en pantalla en un radiante día de campo mientras sonaba su interpretación del Nocturno número 1 de Chopin. Para quienes crecimos en los tiempos de la televisión por cable, esa imagen emitida por el canal Arts fue nuestra primera impresión de Maria João Pires.

La paradoja es que estos ejercicios, que la convirtieron en pionera en su momento, terminaron agotándola. Incómoda con ese tipo de exhibicionismo, renunció a la Deutsche Grammophon, no sin antes dejar un último testimonio de su transparencia como intérprete: el disco de 2001 en el que interpreta las Sonatas Quasi una fan tasia de Beethoven, cuya portada es una fotografía de la luna tomada por uno de los telescopios espaciales de la NASA. Parecía querer habitar otros rincones del cosmos antes que regresar al sistema mundano de la comercialización musical. En una entrevista para el diario El País en 2015 explicaba esa vulnerabilidad suya: “Para mí, la música representaba un mundo en sí mismo. Un mundo que comprendía mejor que el real, que el humano”.

Seguramente ese carácter sensible la llevó a asociarse luego con Onyx, un sello disquero independiente que en su página o cial anuncia la misión de “grabar a artistas clásicos que ya son conocidos a nivel global, que previamente han tenido contratos con las grandes disqueras pero que ahora desean tener un mayor control sobre sus grabaciones”. La redacción parece inspirarse directamente en el caso de Pires. Precisamente con Onyx lanzó en 2014 un disco con los Con ciertos para piano números 3 y 4 de Beethoven, acompañada por la Orquesta Sinfónica de la Radio Sueca.

Aquel retorno fue recibido con mucho entusiasmo por todos sus oyentes. El comentarista Bryce Morrison la comparó con dos pianistas legendarios: escribió que “desde Myra Hess no se escuchaba la inefable poesía de estos conciertos” y que “incluso Claudio Arrau estaría admirado por la pureza y el brillo de su interpretación”. La grabación terminó otorgándole, recién cumplidos los 70 años, su primer premio Gramophone.

Pires anunció también en ese momento un retiro de las salas de concierto que, por fortuna para nosotros, no ha sido tan radical. En una entrevista de 2018 a la revista Platea aclaraba que, en esta nueva etapa, prefería estar grabando que tocando en vivo: “Nunca he tenido, en realidad, mucho tiempo para los estudios de graba ción y ahora quisiera dedicarles más tiempo”. No es la primera pianista que ve la actividad de conciertos como un circo agitado y, por contraste, el estudio de grabación como un auténtico refugio para meditar sobre la música. Pero además anunció su interés en el sonido del fortepiano, el antepasado del gran piano de concierto. Y como oyentes nos hacemos varias ilusiones. ¿Cómo sonaría Mozart, por ejemplo, en ese instrumento y en sus manos? ¿O incluso compositores que nunca ha grabado, pero cuya obra es casi inseparable del fortepiano, como Hummel o como Dussek?

Todos estos deseos surgen porque en las interpretaciones de Maria João Pires se escuchan detalles nuevos todo el tiempo, se iluminan rincones que no habíamos notado antes. En su momento, el periodista español Jesús Ruiz Mantilla anotó: “Si uno escucha sus Nocturnos de Chopin, percibe cómo caen gotas de agua”. La teoría que mejor puede explicar este fenómeno es aquella de las emociones y su conexión con la precisión. La pianista es hija del detalle y la finura, por eso va cuidando cada nota al tiempo que va dándole forma a la pieza. O, como comentó el ya citado Bryce Morrison, “ella se cuenta entre aquellos grandes artistas que al parecer hacen muy poco y al final terminan haciéndolo todo”.