JUAN FERNANDO AVENDAÑO

Haciendo historia

Juan Fernando Avendaño fue el primer trompetista colombiano que participó en un concurso internacional. En 2009 ganó el Jury Price y luego fue invitado a dar una gira como solista por Hungría. Juan Fernando estará en Cancún entre el 24 y el 26 de octubre como maestro invitado al Congreso Iberoamericano de Trompeta.

Hace 30 años un niño de diez se entusiasmó con pertenecer a la banda sinfónica de un colegio de Villamaría, Caldas. No conocía una sola nota ni sabía tocar ningún instrumento musical, pues hasta entonces había preferido las artes marciales y los deportes. Le rogó al director que lo dejara tocar, pero la respuesta fue que él, a esa edad, ya estaba muy viejo para empezar. 

Ante la insistencia de Juan Fernando, el director de la banda del colegio Gerardo Arias le dio una oportunidad: ser el utilero, cargar las partituras y ocasionalmente tocar la percusión menor. Unos meses más tarde, convencido de que aquel niño estaba dispuesto a hacer lo que fuera para tocar en la agrupación, le entregó un eufonio. Durante tres años Juan Fernando aprendió a tocar el repertorio de la banda y a conocer ese instrumento. Su cabeza, mientras tanto, soñaba con la trompeta y su cuerpo reaccionaba a esa ilusión. Encontró la forma de estudiar a escondidas con la trompeta de sus compañeros y de pasar sus horas libres practicándola. Al descubrir su juego favorito, el director decidió apostar por la carrera de quien hoy, 30 años más tarde, es el trompetista actual más importante de Colombia.

Un camino de éxitos

Solo se necesitaron tres años para que Juan Fernando Avendaño ganara su primer concurso de trompeta: el departamental de Caldas. Desde ese momento, tuvo la completa certeza de que dedicaría su vida a la música. Se presentó al Conservatorio de la Universidad Nacional después de estudiar cinco semestres de licenciatura en Manizales y no tiene duda en decir que uno de sus momentos más felices fue tomar el bus con destino a Bogotá.

Lo que vino después fue una cadena de éxitos, señal innegable de que Juan Fernando había escogido el camino correcto.

A las dos semanas de llegar a la capital entró a tocar a la Sinfónica Juvenil, donde se enfrentó por primera vez al repertorio y los retos orquestales bajo la dirección del maestro Ernesto Díaz. “Me tocó aprender a transponer en vivo y en directo y no me fue tan mal, el maestro me cogió mucho aprecio. Ahí en la juvenil me descubrió Fernando Parra, porque uno de sus hijos tocaba conmigo y cuatro meses después me invitó a tocar en la Sinfónica de Colombia”. Con apenas 18 años, Avendaño turnaba su actividad entre la Sinfónica Juvenil, la Sinfónica Nacional y sus estudios de trompeta con el maestro James Ackley, principal de la Orquesta Filarmónica de Bogotá en ese momento. Para principios del siguiente año, en 1998, su maestro lo invitó a tocar la segunda Sinfonía de Mahler con la Filarmónica.

En cuatro años terminó su carrera en el Conservatorio, tomó distintas clases y talleres con maestros internacionales, ganó el primer Concurso Nacional de Trompeta Eric Aubier, gracias al cual viajó becado a París para hacer un curso de especialización, ganó el concurso de solistas de la Orquesta Filarmónica, fue joven intérprete del Banco de la República en más de una ocasión, ganó el puesto de trompetista en la Banda Sinfónica de Bogotá y un año después en la Banda Nacional. “Ese fue un trampolín, no dure ni seis meses ahí cuando obtuve el puesto de cuarta trompeta en la Filarmónica; todo estaba pasando cada seis meses, o cada año”, dice Juan Fernando con una sonrisa que ilumina sus ojos. Ese mismo año –2002– hizo parte de la primera gira de la Young Orchestra of the Americas (YOA) y tuvo la oportunidad de tocar junto a grandes solistas de talla mundial como Paquito D’ Rivera o Yo-Yo Ma, además de tocar en prestigiosos auditorios como el Carnegie Hall en Nueva York o la Washington Opera. En 2003 se presentó a la Orquesta Sinfónica Nacional y desde entonces se desempeña como atril principal. “Sentarse por primera vez en una orquesta es definitivamente ese momento que uno nunca olvida”, dice Avendaño con gratitud.

Mucho más que metas cumplidas

Los sueños que se ha fijado Juan Fernando han ido cambiando con el tiempo a medida que se han cumplido. Para él, los objetivos se vuelven cada vez más profundos y menos individuales y en este momento tiene claro que su misión radica en formar y construir un entorno más próspero en la escena musical colombiana. 

“Fui el primer trompetista colombiano en ir a un concurso internacional. En 2009 viajé a Budapest y gané el Jury Price, luego me invitaron a hacer una gira de conciertos como solista con varias orquestas de Hungría; después, en Finlandia, obtuve el segundo puesto y en Rumania llegué a la semifinal. Detrás de este sueño sí ha venido quedando un camino de puertas abiertas para los jóvenes de nuestro país, pero ya no se trata de lo que uno puede ser, sino de lo que uno puede dejar”, afirma Juan Fernando y lo demuestra con su labor diaria.

Su carrera como solista y músico de orquesta ha ido de la mano con la pedagogía y la gestión. Para él, más gratificante que sus propios logros es ver el triunfo de sus estudiantes. Creó la Academia Nacional de Trompeta en 2017 con la intención de agremiar a los intérpretes de este instrumento en el país, generar encuentros para la práctica, el aprendizaje y compartir conocimientos. “En la Academia no hay límite de ningún tipo: ni de edad, ni de gusto ni de nivel. Una clase mía nunca es tan difícil para un niño, ni tan fácil para un adulto”.

Para Juan Fernando, el éxito de cada proyecto que se propone radica en fijar una fecha y una meta clara. Así mismo estudia: cada nota que toca en la orquesta, cada ejemplo que pone a un estudiante tiene el propósito de ser mejor, más prolijo, más limpio que en ocasiones anteriores. Las obras que se propone montar, la grabación de su disco o su próximo recital tienen fecha y, como dice él, con fecha fijada no hay Navidad ni año nuevo que valga, tampoco hay margen para el fracaso. 

Un disco para la historia

Una de las labores más importantes que se ha propuesto Juan Fernando con miras a ese gran propósito de construir y dejar un legado en la historia musical del país es la comisión de obras originales para trompeta y piano de compositores colombianos. Esta idea se le ocurrió desde muy joven cuando, para presentarse a la Serie de los Jóvenes Intérpretes del Banco de la República, encontró que uno de los requisitos era presentar una obra colombiana. Ante la ausencia casi total de ellas empezó una labor de investigación y de comisión de obras a lo largo de su carrera.

El resultado de este trabajo son siete obras consignadas en un disco que lleva el mismo nombre del trompetista y que fueron grabadas al piano por Sergei Sichkov y Mauricio Arias. Varios de los compositores más relevantes de la actualidad como lo son Gustavo Parra, Juan Carlos Valencia Ramos, Jorge Humberto Pinzón, Ferney Lucero, Mauricio Arias, Carlos Andrés Restrepo y Marcos Galindo son los responsables de este nuevo legado para la historia musical y para los trompetistas colombianos. 

“Este disco empieza a gestarse en 2013 para el proyecto de mi maestría en la Javeriana. Lo grabé en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, con la ingeniera Marcela Zorro. Tres ángeles se me aparecieron en este proceso, ellos dos y Yamaha, mi patrocinador, que me compró la mitad de la producción discográfica, lo que para mí fue una ganancia inmensa y me ha permitido una gran circulación internacional”.

Para Juan Fernando, cada una de las obras de este disco es un tesoro en el que la diversidad de estilos y lenguajes son la mayor riqueza. La forma de todas las obras, sin embargo, conserva un mismo rasgo y es esa estructura francesa de fantasía o rapsodia, de movimientos contrastantes y de piezas cortas. La obra icónica de esta producción es, para él, 21 Ángeles de Mauricio Arias, una composición en homenaje a los 21 niños del Colegio Agustiniano Norte que perdieron la vida en un accidente de tránsito. La pieza inicia con una serie de 21 notas que se desarrolla durante toda la obra. “Cuando uno compagina la historia con lo que está sonando es para terminar llorando”, afirma Juan Fernando, quien cree que además de esta obra ha habido muchos otros ángeles en su carrera que han aparecido para seguirlo impulsando.

Desde el lanzamiento de este disco, en 2015, el trompetista colombiano ha comprobado que su labor ha marcado a muchos trompetistas. Uno de sus estudiantes de maestría hizo su recital de grado con composiciones propias, otro inició una investigación de la música para trompeta en Latinoamérica y otro adaptó para el instrumento todas las obras de su recital.

Lo que viene en su futuro es la grabación de música folclórica colombiana, la compilación de obras para trompeta y orquesta y la educación, que para él es lo único que nunca termina. Su gratitud hacia la música es infinita y su satisfacción más grande es saber que todos los proyectos, incluidos aquellos que inició antes de llegar a Bogotá han dado resultados que nunca imaginó. 

“Yo me inventé con unos amigos un campamento de trompeta en Manizales. Allá llegaron dos niños muy talentosos de unos 12 años. Hoy, uno de ellos es alumno de Matthias Höfs en Hamburgo y el otro es el primer trompetista colombiano graduado de maestría en The Juilliard School. La escuela colombiana está trascendiendo, está yendo más allá y yo creo que todas estas personas son mi mejor premio”.