JOYCE DIDONATO, cantos de guerra y paz

La mezzosoprano estadounidense presentará en el Teatro Mayor de Bogotá un espectáculo de vocación pacifista para nuestros tiempos convulsionados. La cita es el 16 de octubre a las 8 p.m.

Por: Luis Carlos Aljure

Joyce DiDonato se ha dado a conocer en el mundo de la ópera por sus interpretaciones de Händel, Mozart y Rossini, cuyas obras parecen hechas a la medida de su voz de mezzosoprano lírica de coloratura. Y gracias a sus faenas en el escenario y en los estudios de grabación se ha convertido en la diva operática estadounidense del momento, según un artículo del New York Times. Hoy en día canta habitualmente en las instituciones más prestigiosas del mundo, como la emblemática Ópera Metropolitana de Nueva York (Met), que en esta temporada le ha confiado el papel de Agripina de Händel. Normalmente, la cantante se ve implicada en giras anuales de hasta diez meses, que son típicas en la vida desarraigada de los músicos que han construido una carrera internacional.

En algún momento de su atafagada agenda, relacionada con el espectáculo que veremos en Bogotá, por ejemplo, tuvo que visitar en solo tres semanas siete destinos asiáticos: Shanghai, Beijing, Macao, Hong Kong, Taipei, Seúl y Abu Dabi. Sin embargo, en su vida las cosas ocurrieron con lentitud y en algún momento pareció incluso que no iban a suceder, aunque la tenacidad de la cantante obró como una aplanadora que allanó los obstáculos del camino. Y ese rasgo afilado de su carácter afloró plenamente en la temporada 2009 del Covent Garden de Londres, cuando en la primera función de El barbero de Sevilla de Rossini dio un mal paso, se fracturó el peroné de la pierna derecha y, a pesar de las recomendaciones médicas, insistió en terminar la velada cojeando y apoyada en una muleta. En las cinco funciones que restaban, el público, asombrado y divertido, se encontró con su personaje, Rosina, enyesado y a bordo de una silla de ruedas.

Esa misma determinación ya le había servido en 1996 para sortear una dificultad que pudo arruinar toda su carrera, mientras integraba el grupo de jóvenes talentos de la Gran Ópera de Houston. Surgió cuando un maestro experto la oyó cantar y diagnosticó de inmediato y con razón, que su voz era maravillosa, pero su técnica vocal inapropiada, y que necesitaba reconstruirla desde la base si aspiraba a convertirse en cantante lírica.

Una noticia devastadora para una mujer de 27 años que ya había pasado por una academia de canto en Filadelfia y por el Programa de Aprendices de la Ópera de Santa Fe. El esfuerzo le tomó tres años, mientras veía a sus compañeros de generación obtener sus primeros aplausos públicos en los escenarios líricos. Pero el empeño se vio premiado más tarde, porque se destacó en algunos concursos importantes de canto, como el Operalia, fundado por Plácido Domingo, que le dieron el ánimo suficiente para embarcarse en una frenética gira de dieciséis días en la que presentó trece audiciones ante distintas casas de ópera europeas, y todas respondieron con una breve negativa a su solicitud de trabajo, con una sola excepción: La Ópera de París. Impresionada por la joven desconocida, la casa francesa la contrató para cantar en el año 2002 el papel de Rosina.

Las puertas grandes, aunque se demoraron, empezaron a abrirse ante su voz. “Todo me ha llegado tarde”, le confió a un crítico de The Guardian. “El primer contrato discográfico o mi debut en el Met de Nueva York, a los 35 años, cuando 29 años se considera ya una edad muy avanzada para hacerlo. Siempre fui un animal escénico y una música buena y aplicada, pero la voz fue la última pieza que encajó en el rompecabezas”.

Y hay otras piezas de ese rompecabezas que sirven para armar la múltiple figura artística de DiDonato. Una de ellas es la exploración de nuevos repertorios, distintos de los que la hicieron famosa en los escenarios, como algunas piezas olvidadas de Pacini, Valentini y Mercadante, o la interpretación de las apreciadas óperas del estadounidense Jake Heggie, como Dead Man Walking y Great Scott, que fue compuesta expresamente para ella. Otra pieza del rompecabezas podría ser la incursión de la mezzosoprano en espectáculos que tienen tanto de recital de canto como de representación teatral, como lo podrá notar el público del Teatro Mayor de Bogotá cuando asista a la función titulada En guerra y paz: armonía a través de la música, que reúne arias y pasajes instrumentales de autores como Gesualdo, Cavalieri, Purcell, Leo, Händel y Pärt, presentados con un trabajo de puesta en escena que incluye efectos de iluminación, proyección de videos y la participación de un bailarín. La orquesta que acompañará a DiDonato es Il Pomo d’Oro, bajo la dirección del clavecinista Maxim Emelyanychev. Bogotá será la escala inicial de una gira americana que también llevará el espectáculo a República Dominicana, Brasil, Chile, Argentina y Estados Unidos.

La idea de trabajar en este proyecto del que resultaron un disco y una función en vivo, que ya se ha paseado por buena parte del mundo, surgió a finales del año 2015. DiDonato estaba en su casa de Kansas City, a pocos minutos de Prairie Village, su pueblo natal, entregada a la tarea de seleccionar una serie de arias desconocidas del barroco para grabar un nuevo disco, cuando se enteró de los atentados terroristas del 13 de noviembre en París.

Tiempo después declarará ante la prensa francesa: “Estaba tan impactada que me dije: ‘tengo que hacer algo’. Y como no soy política decidí contribuir haciendo lo que sé hacer: cantar”. “Ante ese nuevo intento de dividir profundamente nuestro mundo tenía que decir algo… y al revisar las partituras el tema de la guerra y la paz acudió pronto a mi mente con sus diversos matices: el deseo de venganza, la necesidad de sentir alivio, la alegría por el fin del conflicto…”, temas que le calzan tan bien a la atmósfera enrarecida de Colombia y a nuestro mundo convulsionado, como la voz de la cantante le calza a su repertorio favorito. Después, cuando le preguntaron en España si la música era capaz de transformar el mundo, se declaró optimista y tal vez ingenua: “Puede transformar una vida. Puede cambiar un corazón. Y puede dar consuelo… Y si la música puede cambiar una vida, entonces el mundo ha cambiado”.