JOAQUÍN ACHÚCARRO, en el Teatro Mayor

El legendario pianista español se presentará el martes 27 de agosto en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.

Por: Luis Calos Aljure

Joaquín Achúcarro nació en Bilbao en 1932, y se siente vasco hasta la médula. El pianista español está en la escena musical desde la década de 1940 y dos hechos fueron detonantes de su vasta trayectoria: el triunfo en el Concurso Internacional de Liverpool de 1959 y su posterior debut exitoso con la Sinfónica de Londres.

Achúcarro regresa a Bogotá (según sus registros ha dado 35 conciertos en la ciudad) con un recital que comienza con el ciclo de 24 Preludios de Federico Chopin y concluye con una selección de piezas de Claude Debussy, Isaac Albéniz y Manuel de Falla.

El maestro atendió la siguiente entrevista desde su casa en Bilbao con motivo de su recital que tendrá lugar en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.

¿Qué lugar ocupa la música de Chopin en su trayectoria de pianista?

Joaquín Achúcarro: Los Preludios son parte de mi vida. Es una obra grandiosa. Son 24 joyas, y cuando se va creciendo empieza uno a ver cosas muchísimo más profundas del mensaje emocional que Chopin nos ha transmitido con toda su música. Chopin es uno de los mayores genios de la música, aunque se diga que sólo componía para el piano. Pero Chopin ha dicho en el piano cosas que los otros compositores no han podido decir con todas las orquestas.

¿Qué pianista ejerció durante sus años de formación una influencia determinante en su desarrollo como intérprete?

JA: Rubinstein, que era un pianista gigantesco, por su buen gusto, su enorme técnica, su pasión. Es que yo crecí de niño con discos de Rubinstein, cuando el mundo era muchísimo más grande de lo que es ahora. Yo creo que el binomio Rubinstein-Chopin no lo ha igualado nadie. Hoy, los que quieren tener los Preludios de Chopin tocan un botón y les salen cien versiones en su ordenador. Conseguir un disco de Rubinstein tocando los Preludios o las Baladas o las Polonesas era dificilísimo durante mi niñez. Luego, al crecer y estudiar, he entendido mucho más lo que Chopin nos dice en sus partituras y cómo lo dice. Estoy en un momento de mi vida en que mi relación con el piano y con la música de los grandes autores es cada vez más íntima, profunda y satisfactoria. De cierto modo, se conoce al compositor por sus obras, mucho más que por su biografía, y lo que los grandes compositores vierten en el papel es su alma misma.

Los pianistas deben lidiar con pianos de distintas condiciones. ¿Cómo ha enfrentado esto durante s carrera?

JA: Encontrarse con diversos pianos, efectivamente, es una parte delicadísima de nuestra profesión, pero también hay que saber qué clase de acústica va a tener el teatro en el que vamos a tocar. Le puedo contar que en una tournée con la Orquesta Nacional Escocesa estaba tocando un concierto de Mozart, y el primer día me pareció que yo no sabía tocar, porque el piano me pareció malísimo. Al día siguiente, en un concierto en otro local y en otra ciudad, el piano me pareció maravilloso y se lo dije al director de la orquesta. Y él me respondió: ‘Es el mismo de la vez pasada’. ¿Qué había cambiado? El local, la reverberación, el sonido que ese piano puede producir en diversos sitios. Son todos esos parámetros imponderables e impredecibles para los que debemos estar preparados. ¿Usted se imagina a un corredor de Fórmula 1 que va a hacer su carrera y que le dicen el día anterior: ‘mire, aquí está su automóvil y ahí tiene usted el recorrido que tiene que hacer para mañana’? Eso es impensable, pero eso es lo que nos ocurre a nosotros. Incluso los que viajan con su propio piano y los instrumentistas de arco que viajan con su propio violín, pues tienen el problema de la acústica del lugar del concierto.

Se afirma con frecuencia que los pianistas de generaciones anteriores tenían personalidades más definidas y un sonido más individual en comparación con los pianistas de la generación más joven. ¿Cree que se trata de una afirmación acertada?

JA: Sí, es algo que ocurre con los jóvenes actuales. Los jóvenes de hoy, para darse a conocer, tienen que ir a un concurso. Prácticamente es obligatorio para los pianistas entre 17 y 30 años, e inclusive desde los 14. Estos chicos llegan a una perfección tal en limpieza, velocidad y fuerza, que es dificilísimo distinguirlos. Se puede decir que hay una manera de tocar de los pianistas que van a los concursos, que han proliferado de una manera exponencial. Entonces, eso es lo que veo, que los pianistas jóvenes de ahora aspiran a ese tipo de perfección, de fuerza, de velocidad, y todavía no han empezado a pensar en ese otro lado poético de la música con el que se puede comunicar de una manera distinta.

¿Cuáles han sido los elementos que han ayudado a forjar su identidad como pianista?

JA: Ya he dicho que mi ídolo fue sobre todo Rubinstein, pero también fueron importantes los discos de Rachmaninoff y de Horowitz. Pero lo que me ha ido forjando es el factor tiempo, el crecimiento espiritual, el profundizar en la música, simplemente, a fuerza de hacerla. Ahora, como podemos grabar nuestros recitales y oírlos podemos juzgarnos mejor a nosotros mismos. También ha sido importante el trato con otros músicos, conocer grandes directores. Mire, la lista de directores que me han acompañado en este momento creo que está llegando a los 350, y si empezamos a dar nombres se va a arruinar quien esté pagando esta conferencia telefónica.