EL BARBERO DE SEVILLA, una fina pieza de relojería colombiana

El Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y la Ópera de Colombia llevan a escena la obra más popular de Gioachino Rossini. Los días 21, 23 y 25 de agosto Bogotá verá esta nueva producción con mayoría de talento colombiano.

Por: Javier Hernández Cruz

Es un hecho extraordinario en la historia de la ópera en Colombia que en la producción 2019 de este Barbero casi la totalidad del talento sea colombiano. Esto demuestra que la escena pasa por un excelente momento.

Hablamos sobre la actualidad y futuro de la escena lírica con tres pesos pesados: Alejandro Roca (dirección musical), Julián Hoyos (escenografía) y Pedro Salazar (dirección general). Ellos encabezan el talento colombiano de esta nueva producción de la Ópera de Colombia. Un título que los tres acertadamente denominan una fina pieza de relojería.

La producción incluye en el reparto a Pablo Martínez, Paola Leguizamón, Sergio Martínez, Jacobo Ochoa, Julio Escallón y Valeriano Lanchas (quien celebra sus 25 años de debut con la compañía). El rol de Fígaro esta a cargo del único extranjero del elenco, el barítono español Borja Quiza. La Orquesta Filarmónica de Bogotá será acompañada por el coro de la Ópera de Colombia.

¿Cómo se hace un Barbero colombiano?

No es fácil. Desde hace más de 40 años la Ópera de Colombia ha liderado la lírica en Colombia, año a año y casi de manera ininterrumpida. Su labor no sólo ha sido la de llevar espectáculos de ópera a los aficionados colombianos, sino también formar público y contribuir al surgimiento del talento nacional en este campo.

Grandes figuras internacionales han desfilado por los escenarios colombianos desde la creación de esta institución en 1976. Nombres como los de Willy Decker, en el campo de la dirección de escena o Juan Pons y Carlo Bergonzi, en el canto, y esto solo para nombrar algunos de manera algo caprichosa. La presencia extranjera ha sido importante porque no solo aporta enfoques interesantes a las obras que se presentan, sino que contribuyen al fogueo de los nacionales ante las exigencias del público fuera de Colombia.

Para Pedro Salazar el Barbero de este año “es algo con lo que siempre hemos soñado. Es una oportunidad para trabajar solos, sin servir a un director internacional. Hemos hecho suficiente escuela y nos lo merecemos. Es muy importante que generemos nuevas producciones con una visión colombiana y latinoamericana”. A Salazar se le recuerda por la dirección escénica de la ópera Florencia en el Amazonas de Daniel Kattan.

Para él hay nuevas voces con enfoques interesantes como la de Ramiro Gutiérrez, quien dirigió la Cenerentola, también de Rossini en 2018 o La vuelta de tuerca de Benjamin Britten. “Hay voces jóvenes que se están interesando por la ópera a futuro como un género abierto a la experimentación. Así mismo, varios de mis estudiantes han sido mis asistentes en varias producciones que he llevado a cabo. Creo que se esta descubriendo la ópera no como un género hermético y lejano sino como un género que nos interesa a nosotros”, afirma Salazar.

¿Y Latinoamérica?

Este director destaca también el creciente interés por hacer ópera en español. “Creo que la presencia de ópera latinoamericana esta acercando a creadores del continente, de manera que podamos trabajar juntos y hagamos producciones conjuntas para hacer la nueva ópera una realidad”. Aún queda pendiente asumir por ejemplo una ópera con textos del colombiano Álvaro Mutis. Pero lo que si hay que decir es que el futuro pinta muy bien en este campo.

El futuro

Salazar pertenece a esa generación de colombianos que se formó fuera del país y regresó para enriquecer el ambiente teatral y lírico colombiano con nuevos enfoques. Es claro que “la ópera de Colombia ha sido un semillero muy importante para muchos de nosotros. Sin embargo no es que podamos hablar aún de un semillero de registas colombianos establecido en todo el sentido de la palabra, eso sería falso. Lo importante es apropiarnos del género y no esperar que vengan directores europeos a dirigirnos, sino que empecemos a hacer espectáculos nuestros y que podamos sacarlos fuera, con nuestra mirada, desde nuestra estética y no necesariamente copiando lo de fuera”.

Una visión diferente

Algo divergente es la percepción del escenografo Julián Hoyos. Su carrera esta más vinculada en la escena nacional al campo del teatro y del teatro musical. Ha trabajado en varios proyectos con Pedro Salazar, Misi y otros directores. No obstante en ópera se destacan sus montajes a nivel internacional. En 2019 debuta también con la Ópera de Colombia. Su visión difiere de la de Salazar no por calidad del talento nacional sino por un acercamiento algo diferente.

“Para mí es un privilegio y una oportunidad trabajar en teatro y opera en Colombia. No es fácil evaluar el panorama actual de la escenografía en Colombia porque no estoy muy enterado y no socializo mucho con la gente del medio. Viví la última época en que estaban estas figuras titánicas de la escena que fueron Fanny Mikey y Misi. Ahora, no me atrevo a opinar sobre cómo cambia el panorama teatral sin ellas. Me llama eso si la atención el interés de los jóvenes que quieren dedicarse a la labor de escenógrafo. Pero no sé cómo vaya a ser el futuro. Esta es una carrera terriblemente incierta” afirma Hoyos.

Actualmente ejerce la docencia, pero no desde el punto de vista de formar escenógrafos para el futuro. “No estoy en la obligación de formar escenógrafos. A mí me pondría muy nervioso hacer escuela e intentar formar gente en este oficio, sabiendo que esta no es una profesión para todo el mundo. Esto lo tiene que ejercer alguien que hace esto o se muere, porque puede ser una profesión muy ingrata. No estoy seguro de hacer escuela más allá de la que estoy haciendo. No quisiera entrenar a alguien a menos que yo vea un real interés en él”.

El prolífico campo del canto lírico

Pero si la visión de Hoyos es algo sombría sobre el futuro de los escenógrafos en Colombia, la visión del director Alejandro Roca es diametralmente opuesta en el campo musical. Aquí si hay semilleros. Este director debuta también con la Ópera de Colombia en la dirección musical de toda esa denominada pieza de relojería que es El Barbero de Sevilla. Actualmente dirige el taller de ópera de la Universidad Central en Bogotá y esta convencido que la escena lírica pasa por su mejor momento.

“Este Barbero muestra la evolución de los programas de canto lírico en el país en los últimos 8 a 10 años. La generación actual ha tenido acceso a unos mejores programas de formación de lo que tuvimos nosotros hace unos años cuando iniciamos. Eso se ve reflejado en un número mayor de personas que están haciendo carrera internacional, ganan concursos y cantan fuera del país”.

Para Roca, los jóvenes de Colombia cada vez se interesan más en la ópera un hecho ampliamente satisfactorio para alguien que, como él, se dedica a la docencia desde hace tiempo. “Los cantantes de ahora ya no son casos excepcionales sino que hay un bloque de cantantes colombianos con promedio de edad de 25 o 26 años que está haciendo cosas importantes en el mundo Es grato saber que a estos jóvenes talentos podemos darles roles protagónicos en óperas que se presentan en el país, algo impensable hace unos años”.

Alejandro Roca

En este campo si se puede hablar de una serie de semilleros. “Aparte del trabajo que realizo con la Universidad Central también están las universidades Javeriana, Nacional, la Corpas y, fuera de Bogotá, la Universidad de Antioquia o algunos aportes interesantes de ciudades como Cali o Barranquilla. Pero lo cierto es que Bogotá aún tiene una oferta tanto académica como cultural mayor que la de otras regiones”, afirma Roca.

Con el análisis de la actualidad en la escena lírica colombiana de parte de estas tres figuras destacadas se puede hablar de futuro brillante aunque con la aparición de algunas nubes oscuras en el horizonte y que pueden disiparse con dedicación. Si hay espacio para la formación de escuela en la dirección de escena, pero obviamente es en el campo musical donde hay un avance más sustancial.

El Barbero de Sevilla 2019 es solo un peldaño en ese proceso de crecimiento en un género que ha sido visto como cerrado, elitista y complejo. Son las generaciones actuales las que contribuirán a que a futuro esta visión cambie y contribuya a refrescar el panorama y muy especialmente sus audiencias. Que la gente que se dedica a la ópera, en todos sus aspectos de creación, pueda vivir de su oficio es uno de los grandes retos, pero para esto no solo se necesitan talentos que creen, sino público que crea.