SIR SIMON RATTLE, el maestro sin prisa.

La prestigiosa Orquesta Sinfónica de Londres, bajo la batuta de su carismático director, Simon Rattle, comienza el 11 de mayo en el Teatro Mayor de Bogotá su primera gira por Suramérica, que continuará al día siguiente en Medellín. El programa está integrado por obras de Britten y Mahler.

Por: Luis Carlos Aljure

Cuando tenía once años, Simon Rattle oyó por primera vez la Sinfonía número 2 de Gustav Mahler y su vida se transformó. La interpretación de George Hurst, al frente de la Orquesta Filarmónica Real de Liverpool, caló tan hondo en el niño, que aún hoy tiene tatuada esa experiencia en la piel y, desde entonces, quiso ser director de orquesta. Sin embargo, debió empezar como percusionista, precisamente en la sección más alejada del podio, tocando los timbales y el redoblante de una agrupación juvenil de su ciudad, antes de dar los pasos inevitables para adueñarse de la batuta. La misma que hoy empuña al frente de una de las grandes orquestas del mundo: la Sinfónica de Londres, que realizará entre el 11 y el 23 de mayo de 2019 su primera gira de la historia por Suramérica. Bogotá, Medellín, Lima, Buenos Aires, Montevideo y Santiago serán las ciudades privilegiadas. El programa constará de dos obras: la Sinfonía de réquiem de Benjamin Britten y la Quinta sinfonía de Mahler. Como en Buenos Aires y en Santiago la orquesta ofrecerá dos conciertos, habrá un programa adicional en esas ciudades: la Sinfonía fantástica de Héctor Berlioz y una selección de Danzas eslavas de Antonín Dvořák.

No es extraño que una obra de Mahler ocupe un lugar central de la gira, porque el compositor bohemio es uno de los viejos amores musicales de Rattle. Antes de cumplir veinte años llamó la atención de su país cuando dirigió en Londres la Segunda sinfonía, que tanto lo marcó en su niñez. Y meses después, Stephen Walsh, crítico musical de The Observer, se impresionaba con la versión ofrecida por el joven Rattle de la Décima sinfonía de Mahler, de la que el compositor solo terminó un movimiento, el adagio: “El Señor Rattle, que tiene experiencia en Mahler, mostró una capacidad notable para construir largas frases melódicas hasta convertirlas en párrafos coherentes… todo el movimiento fue estructurado de forma inteligente y sensible”. En su primer concierto como director invitado de la Filarmónica de Berlín, en 1987, presentó la Sexta sinfonía; y años después, convertido ya en el titular de la orquesta alemana, el plato fuerte de su primer programa fue la Quinta sinfonía, la misma que oiremos en Colombia, con su famoso y conmovedor adagietto, tal vez el pasaje musical más popular de toda la obra de Mahler desde que fue utilizado como banda sonora de la película Muerte en Venecia de Luchino Visconti.

Rattle nació en Liverpool, en 1955, y vivió en Menlove Avenue, la larga calle en la que también se encontraba la casa de John Lennon. Aunque coincidieron en la misma vía, tomaron rumbos distintos en la música. Mientras los Beatles causaban furor con sus canciones entre los jóvenes de Liverpool y del mundo en la década de 1960, Simon Rattle se apasionaba con el repertorio que sonaba en la sala de conciertos sinfónicos de la ciudad. Alguna vez, en plena Beatlemanía, después de una rabieta infantil, consiguió que sus papás lo llevaran a regañadientes a oír la Sinfonía Turangalîla de Olivier Messiaen, y esa noche regresó del concierto con un doble botín: el autógrafo del compositor francés y el descubrimiento de un nuevo mundo sonoro del siglo XX del que se convertirá en gran intérprete.

El ascenso de Rattle fue veloz. A los diecinueve años, ante contendientes mayores y con más experiencia, ganó el Concurso Internacional de Dirección Orquestal John Player, y solo dos años después dirigió su primer concierto con la famosa Orquesta Filarmonía de Londres en el Royal Festival Hall. Era la persona más joven que había subido al podio de esa institución. Entre los aplausos de sus primeros éxitos le confió a un periodista de The Guardian: “Mi peor y mi mejor cualidad es la imprudencia. Buena parte de ella se debe a mi juventud, que es el motivo por el que no soy un gran director de orquesta. Pero ha llegado el momento de ir despacio en lugar de apresurarse… Tengo el tiempo de mi lado, pero no debo usarlo mal”.

Ante el joven talento se abrieron las puertas de varias instituciones musicales de Gran Bretaña en las que se nutrió de experiencias nuevas. Pero el cargo que marcará su destino será el de director de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham, que ocupó desde 1980 hasta 1998. Hubo temores iniciales de algunos sectores de la sociedad por la juventud de la nueva adquisición, entonces de 25 años, a quien llamaban popularmente Baby Rattle, pero la prolongada relación del director con su orquesta dio los mejores frutos. Para muchos observadores de la cultura lo que ocurrió en Birmingham en esos años fue uno de los procesos artísticos más vitales y estimulantes de Gran Bretaña. Rattle fue verdaderamente un director titular residente, que no distrajo su misión en actividades paralelas con otras agrupaciones, sino que concentró casi todo su trabajo musical en la ciudad, sin renunciar del todo a las invitaciones que le llegaban para dirigir las orquestas más prestigiosas del mundo. Condujo 934 conciertos con su orquesta de Birmingham en un amplio repertorio que abarcó obras del siglo XVIII al siglo XX, con una porción importante de autores modernos y dosis altas de música inglesa. Después de dieciocho años de labores dejó de ser un conjunto de provincia para transformarse en una orquesta de relieve internacional, con una rica discografía que aún circula entre los melómanos de todo el mundo. En consecuencia, la ciudad, liderada por Rattle, construyó una nueva sala de conciertos para su orquesta, que aún hoy se considera la mejor y más moderna del país.

El trabajo ejemplar en Birmingham, el talento musical, la apertura de mente, el entusiasmo contagioso y el carisma personal de Rattle, atrajeron la atención de varias orquestas de alto nivel que le ofrecieron convertirse en su director titular. El inglés siempre se resistió, pero tras dieciocho años en Birmingham y el sentimiento de la labor cumplida aceptó asumir las riendas de una de las mejores orquestas del mundo: la Filarmónica de Berlín, puesto que obtuvo tras la habitual votación de los músicos de la agrupación alemana, que le otorgó el primer lugar del escrutinio por encima del que parecía el favorito: Daniel Barenboim. El cargo es uno de los más prestigiosos y codiciados del mundo de la música clásica. Desde la fundación de la orquesta, en 1882, ha habido más papas en Roma que directores titulares de la Filarmónica de Berlín, entre ellos: Hans von Bülow, Arthur Nikisch, Wilhelm Furtwängler, Sergiu Celibidache, Herbert von Karajan, Claudio Abbado, Simon Rattle y desde la temporada 2019-2020, Kirill Petrenko.

La era del director inglés en Berlín duro dieciséis años, del 2002 al 2018, porque con suficiente anticipación anunció que no renovaría el contrato que habría extendido su permanencia. Le parecía que ya era tiempo de cederle el lugar a alguien más y partir tras nuevos desafíos. Resumió la situación citando la frase de una famosa canción de Los Beatles: “Will you still need me… when I’m sixtyfour?” (“¿Me necesitarás aún… cuando tenga sesenta y cuatro años?”). Rattle amplió el repertorio de la orquesta al enfrentarla a numerosas partituras contemporáneas y a obras del pasado no frecuentadas por la agrupación. Lideró un amplio programa de divulgación de la música clásica entre los niños y los jóvenes de Berlín, que incluyó un impactante montaje de La consagración de la primavera de Stravinsky, bailado en pleno centro de la ciudad por 250 jóvenes. Para extender la acción de la orquesta más allá de los muros de la sala de conciertos, la Filarmónica de Berlín también creó su propio sello discográfico, y a comienzos del 2009 empezó a divulgar sus presentaciones vía internet en un canal llamado Digital Concert Hall. Aún con pocos meses de funcionamiento de los conciertos online, Rattle ya podía dar cuenta de su potencial ante la prensa: “Es muy grato saber que un concierto lo están viendo quince personas en Colombia, por ejemplo. O que un día tenemos entre el público a Wynton Marsalis… Hay que evangelizar. No queda otro remedio. Hay que salir a buscar el público para ver quién pica”. Al lado de los logros, no faltaron las voces críticas de su gestión. Cuando el inglés asumió la batuta en Berlín no era muy afín al repertorio germano del siglo XIX en el que la orquesta siempre maravilló con versiones intensas y profundas (Beethoven, Schubert, Schumann, Wagner, Bruckner, Brahms, Strauss). Así que debió enfrentarse a detractores que lo sindicaban de descuidar la tradición de la música germana y alterar el sonido característico de la orquesta.

Ahora ha vuelto a su país. Desde el año 2017 es el director titular de la Sinfónica de Londres y tiene planeado estar al frente de la orquesta por un largo periodo para trabajar a fondo y sin premuras, como lo ha hecho en las instituciones anteriores. Uno de sus proyectos principales, como ocurrió en Birmingham, será la construcción de una nueva sala de conciertos para la orquesta, con acústica perfecta y hecha a la medida de sus necesidades artísticas. Según los diseños de la arquitecta Liz Diller, el edificio en el centro de Londres costará 228 millones de libras esterlinas (cerca de un billón de pesos), una cifra que se espera recaudar entre inversionistas privados.

A sus 64 años, con un título de caballero otorgado por la Reina Isabel II, con varios premios Grammy en el bolsillo, y convertido a lo largo de los años en uno de los directores de orquesta más admirados y prestigiosos del mundo, Rattle, como lo muestra un documental de la BBC, aún reflexiona con humildad sobre su oficio: «Es una de las profesiones más extraordinarias que existen. Los retos nunca cesan, sin importar cuánta experiencia se tenga… Alguien me dijo una vez: ‘los verdaderos buenos directores solo empiezan a serlo a partir de los 65 años. Tú no eres la excepción, así que no tengas prisa’”.