MIKHAIL PLETNEV

DIGNO DESCENDIENTE DE LA TRADICIÓN RUSA

Célebre por su versión para piano del Cascanueces de Tchaikovsky, Mikhail Pletnev se presentará en Bogotá en su faceta de director, al frente de la orquesta que él mismo fundó: La Orquesta Nacional Rusa.

Por: Luis Carlos Aljure

A partir del siglo XIX Rusia no ha dejado de aportar grandes pianistas al mundo de la música. Las cosechas parecen inagotables; desde los hermanos Antón y Nikolai Rubinstein, virtuosos del teclado y fundadores de los conservatorios de San Petersburgo y Moscú, respectivamente, donde se han formado las principales figuras musicales de la nación; hasta la joven estrella Daniil Trifonov, que a sus veintiséis años deslumbra al público de hoy.

Mikhail Pletnev es un digno descendiente de esa larga e ilustre tradición. Nació en un hogar tocado por la música, con una mamá pianista y un papá intérprete del bayan (un tipo de acordeón ruso), y se forjó muy temprano en las aulas del Conservatorio de Moscú, que alguna vez también pisaron Tchaikovsky, Taneyev y Rachmaninoff. Su nombre resonó en el mundo cuando en 1978 obtuvo con sobrados méritos la medalla de oro del VI Concurso Internacional de Piano Tchaikovsky de Moscú, pero solamente dos años después comenzó su destacada carrera de director de orquesta. Desde entonces se ha manifestado en los escenarios en esa doble faceta artística, un camino que han transitado otros virtuosos del piano como Daniel Barenboim, Vladimir Ashkenazy, Christoph Eschenbach y el recientemente fallecido Zoltán Kocsis. El impulso definitivo a su carrera de director ocurrió en 1990, poco después de la caída del Muro de Berlín y en plena disolución de la Unión Soviética, cuando fundó la Orquesta Nacional Rusa (ONR) con el apoyo de Mijaíl Gorbachov: una orquesta que él mismo considera de mente abierta, dispuesta a involucrarse en nuevos repertorios, en la que ejerció como director titular hasta finales de los noventa y desde entonces oficia como su director artístico.

La trayectoria de la joven agrupación ha sido brillante, como la carrera de solista de su fundador: festivales importantes, giras internacionales, conciertos con grandes directores y solistas, grabaciones con sellos prestigiosos, el primer Grammy ganado por una orquesta rusa (con una versión de Pedro y el lobo de Prokofiev, dirigida por Kent Nagano y con las voces de Sofía Loren, Bill Clinton y Mijaíl Gorbachov). La ONR además clasificó en el listado de las veinte mejores orquestas sinfónicas del mundo realizado en 2008 por la famosa revista Gramophone, al lado de la Orquesta del Teatro Mariinsky y de la Filarmónica de San Petersburgo, dos instituciones veneradas y emblemáticas de su país.

Al igual que su orquesta, Pletnev, el pianista, también ha ganado premios por sus grabaciones: el Grammy y el Gramophone. Igualmente ha sido objeto de una honrosa distinción, al ser incluido en la colección de Grandes Pianistas del Siglo XX del sello Philips, en cuya presentación se afirma:

«La agudeza analítica de Pletnev el pianista, fecunda las concepciones de Pletnev el director, que a su vez transmite al pianista la paleta de colores orquestales».

Pletnev, que cumplirá 60 años durante el Festival, subirá dos veces al podio, pero no se presentará como pianista. Este dirigirá dos de los tres conciertos que ofrecerá la ONR en Bogotá, ambos integrados por composiciones rusas, su especialidad. Habrá dos obras de Glinka, considerado el padre del nacionalismo musical en su país, entre ellas la Obertura de Ruslán y Liudmila. Además, interpretarán la Segunda sinfonía de Rachmaninoff, el bello Concierto para violín de Glazunov, y de Tchaikovsky, la Quinta sinfonía y el Segundo concierto para piano, obra que Pletnev ha defendido del olvido desde el teclado y el podio. De la música de su compatriota declaró una vez en la prensa de Singapur: «Yo pienso que Tchaikovsky se encuentra muy cerca del corazón de todos en Rusia. Su música posee un amplio espectro de matices y emociones humanas. A primera vista parece muy espontánea, pero es tremendamente difícil para un intérprete en cuanto se enfrenta en ella a emociones muy diferentes. Para ser sincero, es muy fácil rebasar los límites del buen gusto. Quien quiera interpretar a Tchaikovsky debe tener un muy agudo sentido del estilo».

Como pianista y como director, Pletnev ha dedicado buena parte de sus actuaciones a divulgar el repertorio ruso, de Glinka a Shostakovich, pero sus intereses musicales también lo conducen al arte de Mozart, Liszt, Chopin, Schumann y Beethoven. En el piano y con la batuta, Mikhail Pletnev es un músico de gestos medidos, de expresión austera y enigmática -manifestaciones de su carácter elusivo-, que pone sus enormes destrezas y conocimientos al servicio de unas interpretaciones impregnadas de su fuerte personalidad artística.