LA FILARMÓNICA DE VIENA

La pureza del sonido, lo polémico y lo sublime

El 6 de marzo la Orquesta Filarmónica de Viena regresa al Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Gustavo Dudamel será el encargado de dirigir un repertorio escogido a su medida: Brahms y Tchaikovsky. El concierto de gala será ofrecido a beneficio del programa Cien Mil Niños al Mayor.

 

Por: Javier Hernández Cruz

No es fácil resumir en un solo artículo 176 años de historia en los que esta agrupación ha pasado por muy altas y muy bajas. Es una verdad a puño que la Orquesta Filarmónica de Viena lleva las palabras excelencia y tradición asociadas a su nombre: dos palabras con mucho peso y forjadas con el sólido, aunque a veces ingrato, material de la historia que conforma verdades cómodas e incómodas de una de las orquestas más importantes del mundo.

 

El peso de la tradición

La estricta política para el ingreso de nuevos miembros, la ausencia de mujeres en sus filas hasta tiempos recientes, los coqueteos con el mal puro, encarnado en el nazismo durante las décadas de 1930 y 40 y acusaciones de racismo deben convivir con la mundialmente reconocida calidad de sus intérpretes y directores, la forma particular de interpretar algunos instrumentos musicales y el sonido único que ese último hecho da a la Filarmónica de Viena.

Como bonus track a estos hechos, está el reconocimiento de ser varias veces la orquesta residente del Festival de Salzburgo, realizar giras por varios países del mundo y llevar a cabo el aclamado Concierto de Año Nuevo, que la convierte en la orquesta de élite por excelencia.

La historia comienza en 1842, año de su primera presentación oficial de la mano del compositor y director Otto Nicolai, el creador de la conocida ópera Las alegres comadres de Windsor. En ese concierto se establecieron los tres puntos inamovibles para que un músico pertenezca a la Filarmónica de Viena:

Únicamente los músicos de la Orquesta de la Ópera Estatal de Viena pueden hacer parte de ella;
es una entidad autónoma en lo que se refiere a los aspectos artísticos, financieros y de organización interna y las decisiones concernientes a estos puntos se toman de forma democrática en las asambleas en las que participan todos sus miembros;
el funcionamiento cotidiano de la Orquesta es responsabilidad de un comité administrativo elegido por y entre sus miembros.

Es decir, y con peligro a pecar de atrevidos: es una especie de sociedad secreta o un club para caballeros.

Y es en esta última comparación donde se encuentra otro punto polémico. Hasta hace 21 años, la Orquesta Filarmónica de Viena restringía el ingreso de mujeres a su planta de músicos. Para el crítico Norman Lebrecht la razón se debe a que el característico estilo de interpretación de la orquesta ha pasado de familia en familia, generación tras generación. La exclusión tuvo sus consecuencias ya que en 2011 el Parlamento Austriaco redujo el presupuesto de la entidad en 2,3 millones de euros.

Los tiempos han cambiado y en la actualidad se pueden encontrar en la lista oficial de miembros a 15 mujeres, distribuidas entre cuerdas, harpas, fagotes y flautas. Aunque es un avance, no se puede dejar de lado el hecho de que, a nivel mundial, otras orquestas tienen una participación femenina mayor en sus nóminas.

Ahora, sin ser abogado del diablo, lo cierto es que el sonido de la Orquesta Filarmónica de Viena es característico y diferente al de otras orquestas, mucho más allá de las acusaciones de sexismo. La técnica de interpretación y características de algunos instrumentos ha contribuido al desarrollo de ese sonido en una época en la que, para algunos críticos, las orquestas del mundo suenan todas iguales.

Estos dos aspectos se pueden apreciar en instrumentos como el clarinete, el fagot, la trompeta, el trombón, el contrabajo, el oboe y la trompa. Además, podría decirse que la sección de cuerdas funciona como una especie de taller medieval en el que los nuevos integrantes de la orquesta son “iniciados” en un profundo aprendizaje de todos esos secretos de interpretación logrados tras años de historia.

Otra curiosidad en el campo de los instrumentos está presente en la percusión. Los timbales y, en general todo instrumento de percusión con una membrana que produzca el sonido, están hechos de cuero de chivo (no muy ecológico, por cierto). Pero esto y el tipo de materiales y fabricación de esos instrumentos crea ese sonido tan “vienés”. Ese sonido se puede apreciar desde sus interpretaciones de Mozart, pasando por la complejidad del repertorio wagneriano hasta la ligereza -no menos compleja-, del repertorio de la familia Strauss con sus polkas, marchas y valses.

Pero debajo de la claridad y apacibles ambientes festivos y campestres que traen los valses y todo ese repertorio ligero tan característico de la Orquesta Filarmónica de Viena, se encuentra también el aspecto más oscuro de esta agrupación austriaca.

 

 

Las horas más oscuras

El Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena es el evento más popular de la música clásica a nivel mundial. Se transmite el primero de enero desde el Musikverein para una audiencia que se estima en más de 60 millones de personas en 54 países. De su repertorio podría decirse que “le gusta a todo el mundo”, desde el más purista hasta el menos conocedor. Es una música evocadora que despierta los mejores deseos de los televidentes cada año. Orquesta y director muestran su cara más amable al mundo. Además, es un negocio que mueve millones de dólares en derechos de transmisión.

Hasta ahí, todo va muy bien. Sin embargo, el Concierto de Año Nuevo vincula a la Orquesta Filarmónica de Viena directamente con la época más oscura de su historia. En marzo de 1938 la Alemania nazi ingresó con todo su gran despliegue militar a Austria. La anexión al Tercer Reich se validó con un plebiscito (algo amañado) que dio como resultado que un 99% de la población austriaca estuviera a favor de pertenecer a Alemania en calidad de provincia, perdiendo así toda su autonomía como república.

Fueron siete años de dominación que se establecieron en todos los entes estatales de Austria. La Filarmónica de Viena no fue la excepción. La “limpieza” comenzó con la expulsión de quince músicos que eran de origen judío o izquierdistas, algunos de los cuales terminaron en campos de concentración. Siete de ellos murieron como consecuencia de la persecución. Se suprimieron del repertorio las obras de compositores como Felix Mendelssohn, Gustav Mahler y ni hablar de Schönberg, Berg o Webern. Antes de 1938 por lo menos el 20% de los miembros de la orquesta estaba afiliado al partido nazi austriaco. Tras la unión, 60 de sus 123 miembros activos tenían su carnet del partido en el bolsillo y dos de ellos pertenecían a las SS.

De esos años surge el Concierto de Año Nuevo. El 31 de diciembre de 1939 se dio vía libre para el primer evento de este tipo. Para el primero de enero de 1941, con el apoyo del regente de Viena, el reconocido nazi Baldur von Schirach decidió que el concierto fuera anual. La batuta en todos esos eventos, hasta el fin de la guerra, estaba a cargo de Clemens Krauss. Se dio inicio así a la tradición más rentable de la Orquesta Filarmónica de Viena.

En esta época también estaban vinculados a las actividades de la orquesta, con todo lo que esto implica, directores de la talla de Karl Böhm, Wilhelm Furtwängler, Herbert von Karajan, Hans Knappertsbusch y Willi Boskovski, entre tantas otras luminarias que tras la guerra pasaron por el proceso de desnazificación para poder continuar con su labor.

Por décadas, este periodo de la historia de la Filarmónica de Viena estuvo poco explorado. Sin embargo, desde enero de 2013 surgió la iniciativa de investigarlo por parte de la misma Orquesta. Así, se comisionó a un grupo independiente de historiadores para su investigación. Los resultados, sean cuales sean, se publican con regularidad en el sitio web oficial de la Orquesta.

 

Hacia el puesto de la mejor orquesta del mundo

Ahora bien, independientemente de sus tradiciones o los momentos más oscuros de su pasado, la Filarmónica de Viena tuvo desde la segunda mitad del siglo XX un puesto entre las mejores orquestas del mundo. Su repertorio se conforma por compositores de la tradición clásica, romántica y postromántica europea, aunque también están algunos compositores que representaron la vanguardia en el siglo XX y que ahora son clásicos. Tras los años de oscuridad, los mismos directores que actuaron con la Orquesta bajo el nazismo contribuyeron a cimentar su fama en la era dorada del disco a partir de los años 50.

Muchas versiones de referencia de las grandes obras del repertorio musical cuentan con la presencia de la Filarmónica de Viena. Para dar tan solo un ejemplo, la grabación de todo el ciclo de óperas del Anillo del Nibelungo de Richard Wagner, con la dirección del húngaro Sir Georg Solti, fue catalogada por la Revista Gramophone como la mayor grabación de todos los tiempos en 1999. De ahí para abajo siguen tantas otras de Beethoven, Mozart, Richard Strauss, Mahler, Tchaikovsky.

Ahora en el 2018, de la mano de Gustavo Dudamel, la Orquesta Filarmónica de Viena regresa a Colombia demostrando que la tradición pesa. Tradición no es un término bueno o malo. Es algo que en el caso de la Filarmónica de Viena existe y alimenta su capacidad interpretativa. Que se conserve o se utilice para avanzar a un nivel más elevado es otra cosa. En el caso de la Filarmónica de Viena ha servido para cimentar su posición como una de las mejores orquestas del mundo.