Kronos

“La música es un mundo redondo"

“Para mí Hendrix fue uno de los más grandes virtuosos del mundo. Recuerdo que cuando lo escuché por primera vez dije: ‘¡Dios, este tipo es como Jascha Heifetz!”.David Harrington sobre sus próximos conciertos el martes 4 de abril a las 8:00 p.m. TEATRO MAYOR y el miércoles 5 de abril a las 7:30 p.m. en el TEATRO COLÓN.

Por  Juan Carlos Garay

En agosto de 1986, los seguidores de la música contemporánea supieron de la capacidad del cuarteto de cuerdas Kronos para traspasar fronteras, gracias a un disco muy particular: al lado de composiciones de Sculthorpe y Glass (nombres bastante respetados dentro de la vanguardia académica) aparecía un arreglo para cuerdas de “Purple Haze”, la conocida canción del guitarrista de rock Jimi Hendrix. En su reseña de aquella grabación, el crítico musical del Washington Post registró la extrañeza, pero acertó en su conclusión. Dijo que se trataba de un repertorio con “la música más imaginativa de nuestro tiempo”.

Incluir a Hendrix en un recital de música de cámara puede ser hoy una pilatuna inofensiva, pero hace tres décadas las cosas eran más rígidas. Sin lugar a dudas el Kronos Quartet, que fundó el violinista David Harrington, tiene buena parte de la responsabilidad en ese cambio de paradigmas. Sus discos, y sus programas de concierto son cada vez más imaginativos e incluyen piezas de prácticamente todos los rincones del mundo. Esa aproximación también les ha generado reconocimientos en el área comercial: su disco dedicado a África estuvo unas semanas encabezando los listados de “world music” de la revista Billboard, en tanto que sus exploraciones de Steve Reich y de Alban Berg se llevaron un par de premios Grammy.

En una sala de espera del aeropuerto de Chicago, David Harrington accede a conversar, vía telefónica, sobre su filosofía de la música y su rol en el engranaje de la escena contemporánea. El primer nombre que menciona es el de Jimi Hendrix: “La música es un mundo redondo, no es como en las viejas tiendas de discos en que todo estaba por secciones: country, jazz, ópera… No es así como funciona. Lo que hipnotiza a la gente es un sonido, un acorde, una melodía, y nadie tiene control sobre lo próximo que va a escuchar. Así que es natural sentirse atraído por cualquier tipo de música; y para mí Hendrix fue uno de los más grandes virtuosos del mundo. Recuerdo que cuando lo escuché por primera vez dije: ‘¡Dios, este tipo es como Jascha Heifetz!’. Si hoy estuviera vivo, el Kronos intentaría trabajar con él”.

Son varios los compositores vivos que han llegado a trabajar hombro a hombro con el cuarteto. Tal vez el primero fue el argentino Astor Piazzolla, quien grabó con ellos las Cinco Sensaciones del Tango para bandoneón y cuerdas (la que terminaría siendo su última grabación). Más recientemente hemos conocido, gracias a sus publicaciones discográficas, a la pianista de Azerbaiyán Franghiz Ali-Zadeh, a la cantante india Asha Bhosie y al acordeonista finlandés Kimmo Pohjonen.

No es solo que el repertorio del Kronos Quartet se aleje de los nombres tradicionales cuando se habla de la música de cámara (nunca han grabado a Mozart ni a Haydn); también parece haber una posición política al alejarse adrede de un esquema eurocéntrico que rige las salas de conciertos desde hace siglos.

“Amo a Haydn, Mozart, Beethoven y Schubert”, aclara Harrington. “Pienso en ellos como el cimiento de la música para cuarteto de cuerdas. Son los creadores de esta plataforma fabulosa y, probablemente, la razón por la cual usted y yo estamos hablando en este momento. Pero básicamente son cuatro tipos blancos que vivieron en Viena, que tenían la misma religión y hablaban el mismo idioma. Lo que me interesa de la música es lo que viene después, la próxima posibilidad”. Se entiende entonces por qué, cuando los invitaron a tocar en el Palacio Esterhazy hace unos años, declinaron la posibilidad más obvia: interpretar algo de Joseph Haydn, quien vivió y trabajó bajo ese techo. En su lugar, ofrecieron un repertorio multicultural que incluyó música de diferentes religiones, apartes de su disco Pieces of Africa y, en un guiño a los estudios de género, obras de mujeres compositoras.

¿Entonces en realidad no hay nada, absolutamente nada del pasado que les interese interpretar? La pregunta es capciosa: el Kronos Quartet tiene un disco llamado Early Music (Música Antigua) que incluye a dos compositores del Medioevo: la mística alemana Hildegarda von Bingen y el polifonista Pérotin de la Catedral de Notre Dame. Pero son arreglos de himnos corales. La pregunta no se refiere a ese pasado lejano en el que, como anotaba el director coral Paul Hillier, “la estabilidad armónica hace pensar en los compositores minimalistas contemporáneos”. La pregunta va enfocada a las obras del clasicismo y el romanticismo, y Harrington lo sabe y termina por confesarse: “Sí, algún día quiero hacer la Gran Fuga de Beethoven, pero a mi manera”.

Fiel a esa búsqueda constante de sonidos, el cuarteto Kronos regresa a Colombia para interpretar la música de dos compositores colombianos actuales. El 4 de abril, en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, presentarán una obra de Alba Fernanda Triana. Al día siguiente, 5 de abril, la cita será en el Teatro Colón, donde interpretarán dos obras de Mario Galeano.

Galeano es más conocido en el ámbito de la música popular independiente, como integrante de las agrupaciones Frente Cumbiero y Ondatrópica. Sin embargo, su formación musical le permite acercarse a este tipo de composición más académica. Consultado sobre la música que le comisionó el cuarteto, explicó: “Son dos composiciones. La primera, Corteros, se basa en los modos melódicos de las flautas nativas que están presentes en la cumbia. Es una composición sostenida por un pulso rítmico variable que indaga sobre un lenguaje colombianista a la par que apela a recursos técnicos y estilísticos propios del cuarteto de cuerdas. La segunda obra se llama Microsurco de liebre. Es una pieza veloz que el cuarteto debe interpretar junto a un quinto integrante, un disco de acetato cortado especialmente para la ocasión. Se construyó una base percutiva usando exclusivamente los ruidos típicos de los discos de vinilo (hiss, pops y clics) extraídos de antiguos discos tropicales de 78 revoluciones por minuto”.

Pero si la obra de Galeano toma como base los ruidos propios de una cultura, la creación de Alba Fernanda Triana parece ser más radical, identificándose más con el silencio. La compositora es conocida por diseñar instalaciones sonoras para galerías y museos. La obra que escribió para el Kronos se titula Música para cuatro resonadores. “Lo que yo hago es extraer las vibraciones que suceden todo el tiempo en las cajas de resonancia de los instrumentos del cuarteto de cuerdas, incluso cuando nadie los está tocando”, cuenta Alba Fernanda. “Todos los cuerpos vibran, pero nosotros no oímos esas vibraciones porque son muy sutiles. Lo que hice fue involucrar unos dispositivos electrónicos que amplifican las vibraciones dentro de los cuatro instrumentos. La mayor parte del tiempo los músicos ni siquiera están tocando, sino que se aproximan a sus instrumentos, los estimulan para que produzcan sonidos en sus diferentes áreas. Lo más interesante fue descubrir que los instrumentos de cuerda cantan naturalmente, es decir, al escuchar los tonos que se producen en diferentes áreas uno puede formar melodías que evocan escalas tradicionales”.

Irremediablemente, el repertorio del Kronos Quartet ha llegado a esa frontera que existe entre lo puramente musical y aquello que se conoce como “arte sonoro”. En su primera visita a Colombia, hace 4 años, se apoyaron en recursos de amplificación, sonidos pregrabados, efectos electrónicos, luces de colores y proyección de imágenes. Schubert no necesitó nada de eso, es verdad, pero ya sabemos que la escena de la música va cambiando a un ritmo vertiginoso. “La música es capaz de existir de muchas formas”, reflexiona David Harrington. “Como en la vida, la diversidad es algo maravilloso. Lo que hoy día llamamos concierto es algo totalmente diferente a lo que sucedía cuando comencé con el cuarteto. Hace apenas un año no hubiéramos podido hacer lo que hacemos hoy”.

Le pregunto a Harrington si, en ese medio de la música contemporánea donde todo parece ser válido, existe alguna obra que no hayan interpretado por considerarla demasiado extraña. Me habla entonces de una obra de Karlheinz Stockhausen llamada Cuarteto con helicópteros, de 1995. La partitura exige que cada integrante del cuarteto esté subido en un helicóptero tocando su parte y escuchando a los otros músicos a través de audífonos. La música ha de mezclarse con el sonido de las aspas de los cuatro helicópteros. “Tuve que decirle a Stockhausen: ‘No hay manera de que lo hagamos’ ”. ¿Les parecía absurdo, inútil? “No”, me confiesa. “Es que le tengo un miedo visceral a las alturas”. Irónicamente, en ese momento se oye por los altavoces del aeropuerto de Chicago el llamado para abordar el vuelo comercial que ha de llevarlos a otra escala de su gira.

Así transcurre la cotidianidad del cuarteto contemporáneo más famoso del mundo. Harrington no tiene ninguna prisa por subirse al avión, así que decide contarme sobre los próximos proyectos discográficos. Uno estará dedicado a las composiciones de la artista neoyorquina Laurie Anderson. El otro es una colaboración con el Trio Da Kali, de músicos vernáculos de Mali, en lo que pareciera ser una segunda parte de su inolvidable álbum Pieces of Africa.

Por cierto, se cumplen 35 años de su primera grabación, y es la oportunidad de mirar su discografía de más de 40 títulos como un importante documento acerca de la música de los siglos XX y XXI. Pero David Harrington no parece tan entusiasta al respecto: “Es una discografía que cuenta muchas historias, pero de ninguna manera es una historia completa”. Y antes de partir a cumplir su cita con los cielos, concluye: “Me preocupa más pensar en cuál será el próximo disco”.