EL CUARTETO EMERSON

Belleza y expresión

El legendario Cuarteto Emerson se presentará el 15 de septiembre en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y el 17 del mismo mes en la Sala de Conciertos Luis Ángel Arango. Juan Carlos Garay habló con Lawrence Dutton: violista del Emerson Quartet.

Los dos últimos discos con que el Cuarteto de Cuerdas Emerson ha ganado el premio Grammy son ejemplos de ingenio en la elección de repertorio y la elaboración de un eje temático. El primero se tituló Voces íntimas (2006) y está dedicado a compositores escandinavos: Grieg, Sibelius y Nielsen son presentados con una fotografía de un paisaje gélido que recuerda la definición que alguna vez ofreció Sibelius sobre su música: “Los compositores modernos están ocupados en hacer cocteles; yo les doy agua pura y fría”.

El segundo disco se llamó Cartas íntimas (2009) y se centra en la obra de dos compositores checos, Janácek y Martinu. El título sale de las cartas amorosas que Janácek le escribió a su musa, Kamila Stösslová: “Mis notas te besan, te llaman apasionadamente”, dice una de ellas, y el cuarteto reproduce esa pasión en sus interpretaciones.

Si estuviéramos hablando de música rock, no sería difícil clasificar estas dos grabaciones como “álbumes conceptuales”. Al final de cada audición nos queda la idea completa de una época, una geografía y un sentimiento. ¿Y en cuanto al cuarteto? Si bien una facción británica de la crítica ha comentado que son demasiado “pulidos y clínicos”, quienes no somos tan estrictos tenemos dos nuevas razones para considerarlos, como afirmó alguna vez el periódico Boston Globe, “el mejor cuarteto americano de cuantos están activos”.

El Cuarteto Emerson fue fundado en 1976 en el marco académico de la Escuela de Música Juilliard de Nueva York. Curiosamente, el nombre fue inspirado por el poeta Ralph Waldo Emerson. Una decisión llamativa, si bien el vate de Boston dedicó excelentes versos al arte de la música:

No es solo en las aves

no es solo en las rosas

ni donde el arcoíris se abre

ni en la femenina garganta

En las más bajas y oscuras cosas

Siempre, siempre hay algo que canta.

¡Pero Ralph Waldo Emerson no era músico! Ese quebrantamiento de una regla tácita de la música de cámara se debió primordialmente a los tiempos que corrían, según explica el violista Lawrence Dutton: “Se estaba celebrando el bicentenario de la independencia de los Estados Unidos y el cuarteto quería un nombre que se asociara con la cultura estadounidense. Así que el apellido de Ralph Waldo era bueno, sonaba estadounidense y no estaba gastado”.

El repertorio básico

Dutton llegó al cuarteto en 1977, sumándose a los violinistas Eugene Drucker y Philip Setzer y al violonchelista David Finckel (actualmente remplazado por Paul Watkins). Una mezcla de disciplina y excelencia los convirtió en punto de referencia para otros conjuntos de cámara, y en 1989 su grabación de los cuartetos de Béla Bartók para el sello Deutsche Grammophon se volvió canónica: es una de las pocas ocasiones en que han coincidido los jurados del premio Gramophone inglés y el Grammy norteamericano.

El crítico James Manheim ha dicho que el Cuarteto Emerson se destaca por “interpretaciones audaces del repertorio básico”, y en buena medida eso es lo que han hecho en todos estos años de giras. Después de salir de un ensayo en Nueva York, el violista Lawrence Dutton accede a una entrevista telefónica que es casi didáctica: hace un resumen, desde su perspectiva de intérprete, de eso que se ha llamado el repertorio básico, que abarca el clasicismo y el romanticismo.

Comenzamos con Haydn y Mozart, que fueron contemporáneos y que trazaron los primeros pasos de este lenguaje. “Haydn es el más asombroso porque fue quien desarrolló, casi podríamos decir que inventó, el cuarteto de cuerdas”, cuenta Dutton. “Todas las emociones imaginables están en la música de Haydn. Y luego tenemos a Mozart, que es perfecto. Cuando uno toca a Mozart está tratando todo el tiempo de no arruinarlo. Haydn es más humano, Mozart va más allá de lo humano”.

Seguramente ninguno imaginó lo mucho que evolucionaría al arte del cuarteto de cuerdas con la llegada de Beethoven. El cambio propuesto por el compositor alemán fue colosal, y aún hoy existen músicos que se sienten intimidados frente a la posibilidad de escribir un cuarteto, porque Beethoven parece haber vertido el alma entera en esas obras suyas.

“Beethoven tiene tres períodos”, explica el violista. “Sus cuartetos tempranos son como los de Haydn, solo que con más intensidad y dramatismo. Luego viene el período intermedio, que es grandioso. Allí fue cuando realmente cambió el sonido del cuarteto de cuerdas. Y finalmente tenemos los cuartetos tardíos, después de los cuales muchos compositores tuvieron que luchar cada vez que querían escribir algo por el estilo: Brahms y Schumann sufrieron porque Beethoven había dejado una marca muy alta”.

El cuarteto por dentro

Las relaciones entre los integrantes de un cuarteto de cuerdas han dado para muchos mitos en el último siglo, e incluso para algo de literatura. Existe una novela estupenda, Una música constante, del escritor indio Vikram Seth, que explora la psicología de los intérpretes de los dos violines, la viola y el violonchelo que conforman el imaginario Cuarteto Maggiore.

Aunque la verdadera identidad de estos músicos es un misterio, Seth parece haberse inspirado en los integrantes del Cuarteto Amadeus (disuelto en 1987), que discutían ferozmente en los ensayos, pero luego en los conciertos lograban un ensamblaje perfecto.

Pero incluso hay historias en verdad truculentas: a comienzos de este siglo los integrantes del Cuarteto Audubon terminaron contratando los servicios de otro cuarteto, en este caso de abogados, para demandarse legalmente los unos a los otros por motivos que iban desde lo artístico hasta lo financiero.

Ante estos casos extremos, es inevitable preguntarle a Lawrence Dutton cómo han hecho los músicos del Emerson para mantenerse juntos durante cuatro décadas. “Somos afortunados porque hemos tenido química”, responde. “Como en cualquier relación, incluido el matrimonio, hay que tener voluntad de trabajar juntos. La regla básica es aceptar que podemos criticar y ser criticados sin ponernos a la defensiva. Y lo más importante es tener sentido del humor, porque el ejercicio de salir de gira por el mundo es una locura, y si no eres capaz de divertirte con esto, te vas a sentir miserable. Pero siempre la música será más grande que todo lo demás”.

Tampoco pueden quejarse. El Cuarteto Emerson ha sido durante estas décadas un consentido por la crítica, por la academia y por la industria. Difícilmente se encuentra un artista clásico que haya ganado, como ellos, nueve premios Grammy. A diferencia de las categorías pop, las de música clásica no son televisadas. ¿Se imaginan ustedes a una presentadora en traje de noche abriendo un sobre y anunciando: ‘Y el ganador es… Shostakovich’? No, no sucede. Pero los músicos asisten a la gala, si quieren, y reciben esa noche un tratamiento de superestrellas.

“Es buena publicidad”, confiesa Dutton. “Suceden tantas cosas en la cultura popular que uno no puede competir con eso. Por eso es bueno para la música clásica que haya una fecha en el año en que le presten algo de atención. El mejor recuerdo que tengo fue cuando ganamos nuestro primer Grammy, porque estábamos compitiendo con Leonard Bernstein. ¡No lo podíamos creer!”.

El más reciente álbum del Cuarteto Emerson los lleva a visitar un pasado inusual para su repertorio: interpretan fantasías instrumentales del compositor barroco inglés Henry Purcell. Pero luego encuentran una relación con el Cuarteto No. 2 en Do Mayor de Benjamin Britten. La existencia de un movimiento titulado “Chacona” les permite conectar a dos músicos separados por tres siglos. Es un ejercicio ingenioso de expresividad y una nueva manera de perseguir la belleza, que ha sido su búsqueda de siempre.

“No es la belleza lo que inspira la más profunda pasión”, escribió Ralph Waldo Emerson. “La belleza sin gracia es un anzuelo sin cebo. La belleza sin expresión cansa”. Pareciera como si estuviera anticipando la filosofía del cuarteto que llevaría su nombre cien años después.