EL CUARTETO CASALS

Un recorrido por Colombia para tocar dos veces el ciclo beethoveniano: la primera, durante seis conciertos en la sala Luis Ángel Arango de Bogotá, los días 12, 14, 16, 21, 22 y 23 de febrero. Y la segunda, con otros seis conciertos distribuidos en igual número de ciudades, los días 10, 11, 13, 17, 18 y 19 de febrero, a realizarse, respectivamente, en Neiva, Florencia, Leticia, Montería, Sincelejo y Cartagena.

Veinte años para escalar la cima de los cuartetos de Beethoven

Por: Luis Carlos Aljure

España no había sido tierra fértil para los cuartetos de cuerdas, esa agrupación emblemática de la música de cámara, dotada de un repertorio riquísimo, que es una afortunada conversación a cuatro voces entre dos violines, una viola y un violonchelo. Entonces, en la aridez del paisaje, surgieron de la Escuela Reina Sofía de Madrid cuatro jóvenes determinados que fundaron su propio cuarteto, lo bautizaron en homenaje a uno de los intérpretes más célebres del país: el violonchelista Pablo Casals, y se arrojaron a la aventura bajo el amparo de su nombre y la luz de su buena estrella. El concierto inaugural lo dieron en Toledo, en 1997, adonde llegaron apretujados con sus instrumentos en un minúsculo Citroën, acaso como símbolo de la estrecha convivencia que los uniría a partir de ese momento.

El Cuarteto Casals se ha convertido con los años en un conjunto de prestigio internacional, y en su país le reconocen sus credenciales de pionero. Y lo más valioso del caso es que gracias a su ejemplo han surgido nuevas agrupaciones españolas dedicadas al género, incluido el Cuarteto Quiroga, que cada vez tiene mayor reconocimiento en el mundo. Arnau Tomàs, violonchelista del Cuarteto Casals, lo confirma vía telefónica desde el otro lado del Atlántico: “Sí, la verdad es que cuando nosotros empezamos no había ni un cuarteto profesional en España, ¡ni uno! Se juntaban a veces cuatro músicos en plan de ofrecer algún concierto ocasional, pero no había un cuarteto con actividad regular durante la temporada. También es verdad que hemos tenido muchos alumnos. La mayoría de los cuartetos más jóvenes que están saliendo ahora en España han pasado por nuestras aulas. Entonces, sí que hemos creado una tendencia, lo que es motivo de satisfacción para nosotros”.

El talento, el trabajo y la disciplina los ha llevado a la buena posición que ocupan hoy. Rainer Schmidt, violinista del Cuarteto Hagen, ha sido uno de sus principales guías y consejeros. Así mismo, fue muy importante en su proceso de crecimiento el arduo trabajo de tres años en Colonia bajo la tutela del Cuarteto Alban Berg. Entonces, llegaron los triunfos internacionales en los concursos de Londres y Hamburgo, que les dieron acceso a las grandes salas de conciertos del mundo, como la Philharmonie de Berlín, el Wigmore Hall de Londres, el Concertgebouw de Ámsterdam, la Cité de la Musique de París y el Carnegie Hall de Nueva York.

En algún momento de su carrera, más tarde o más temprano, un cuarteto de cuerdas que se precie de serlo deberá enfrentarse a un reto, deseado y temido, que lo llevará a sus límites: tocar la integral de los dieciséis cuartetos de cuerdas de Beethoven, incluida la Gran fuga. El Cuarteto Casals escogió un momento simbólico para escalar esa cima. Y lo ha hecho con una serie de conciertos internacionales que comenzó en 2017, cuando el conjunto cumplió dos décadas de actividad; y que termina en 2020, precisamente en la celebración de los 250 años del nacimiento de Beethoven. Vera Martínez toca un antiguo violín italiano de Giovanni Battista Ceruti. En contraste, el violín de Abel Tomàs fue construido hace pocos años por el luthier catalán David Bague. En función del repertorio, estos dos músicos se alternan en el rol de primer y segundo violín. Jonathan Brown, un estadounidense que se unió al grupo en el año 2002, y que es el único extranjero de la hermandad, tiene una viola anónima del siglo XVII. Y Arnau Tomàs porta feliz su violonchelo italiano de principios del siglo XX. Con esos inseparables compañeros de viaje han llevado su integral por Europa y Japón. Y ahora comienzan un recorrido por Colombia para tocar dos veces el ciclo beethoveniano: la primera, durante seis conciertos en la sala Luis Ángel Arango de Bogotá, los días 12, 14, 16, 21, 22 y 23 de febrero. Y la segunda, con otros seis conciertos distribuidos en igual número de ciudades, los días 10, 11, 13, 17, 18 y 19 de febrero, a realizarse, respectivamente, en Neiva, Florencia, Leticia, Montería, Sincelejo y Cartagena. De estas ciudades, solamente Bogotá y Cartagena han visto actuar en el pasado al Cuarteto Casals, mientras que en las demás su presencia será una novedad absoluta. Antes de su visita a Colombia, ofrecieron un concierto en el Palacio Real de Madrid con los formidables instrumentos Stradivarius que pertenecen a la Casa de Borbón. Y cuando dejen el país, su próxima etapa de la correría se producirá en Bélgica, en marzo, el mismo mes en que saldrá al mercado el tercer y último volumen del ciclo de cuartetos de Beethoven que grabaron con el sello Harmonia Mundi.

“Utilizaremos dos tipos de arcos. Uno más clásico para el primer período. Y después… un arco más moderno para obras como el Opus 130 … ahí la sonoridad ya es prácticamente la de Schubert”

Enfrentarse a una integral Beethoven no es un asunto fácil, y no solamente por la alta exigencia emocional, técnica y física que demanda, sino porque los cuartetos más prestigiosos de varias generaciones ya han ofrecido sus propias versiones del ciclo, y cada nuevo aporte debe someterse a inevitables comparaciones. Según Arnau Tomàs, la visión que aporta el Cuarteto Casals al ciclo es “neoclásica e historicista”. La idea es destacar cómo Beethoven arranca desde el estilo de Haydn y Mozart, y a partir de esa base mostrar “todas las innovaciones y transgresiones que Beethoven hizo en cada una de sus tres épocas”. Por eso, se valdrán en sus interpretaciones de distintos arcos. “En principio, utilizaremos dos tipos de arcos. Uno más clásico para el primer período. Y después, dependiendo del caso, un arco más moderno para obras como el Opus 130 (Cuarteto número 13) y la Gran fuga, porque consideramos que ahí la sonoridad ya es prácticamente la de Schubert; una sonoridad muy romántica. Cuanto más clásico sea el arco, más gana en claridad de articulación y transparencia. Y, por otro lado, pierde quizá en grosor de sonido, es decir, en amplitud de lo que es el focus sonoro. Creemos que cambiando de arcos conseguimos delinear mejor cada uno de los tres períodos de Beethoven”.

A manera de complemento, el Cuarteto Casals ha agregado a su integral la transcripción para cuarteto de cuerdas que el propio Beethoven realizó, entre 1801 y 1802, de su Novena sonata para piano.

Desde cuando Wilhelm von Lenz lo planteó, en 1852, la obra de Beethoven suele dividirse en tres períodos estilísticos. Al primero de ellos, que muestra a un creador genial aún ligado a los modelos de Haydn y Mozart, pertenecen los seis primeros cuartetos, compuestos entre 1798 y 1800. En el período medio, caracterizado por una música de muchos contrastes y de arrollador poder expresivo, se clasifican los siguientes cinco cuartetos, del Séptimo al Undécimo, escritos entre 1806 y 1810. Y los últimos cinco cuartetos, más la audacísima Gran fuga, concebidos entre 1823 y 1826, pertenecen al período tardío, el de sus creaciones más experimentales, atrevidas y visionarias. A manera de complemento, el Cuarteto Casals ha agregado a su integral la transcripción para cuarteto de cuerdas que el propio Beethoven realizó, entre 1801 y 1802, de su Novena sonata para piano.

El violonchelista, al otro lado de la línea telefónica, explica que en su instrumento está bien representada la evolución de Beethoven dentro del ciclo. “En los primeros cuartetos el violonchelo tiene un papel más de llevar la línea del bajo, como en sus antecesores Haydn y Mozart. Y después, a partir del período medio, empieza a tener más solos y un papel más protagonista. Esta es una de las grandes evoluciones que produjo Beethoven dentro de sus cuartetos: que le dio más protagonismo al violonchelo”. Hace tres años, su hermano, Abel Tomàs, hizo una declaración sobre el ciclo Beethoven para la revista española El Cultural: “No es una integral que se pueda hacer en la juventud, como sí hicimos con la de Schubert. Sólo se puede afrontar en la madurez. Beethoven introdujo una gran complejidad rítmica y de registros que, antes de él, no existía en los cuartetos. Rompió los moldes. Están llenos de escalas que obligan a estar subiendo y bajando constantemente. Es una escritura muy pianística que, trasvasada a la cuerda, origina muchas dificultades. Eso no está ni en Haydn ni en Mozart”.

‘Este pasaje es imposible’, protestaba alguien. A lo cual, Beethoven contestaba: ‘Es que tú crees que yo estoy pensando en tu violín cuando la musa me está hablando’.

L. V. Beethoven

Estas dificultades fueron aún más intimidantes para los primeros intérpretes de las obras en tiempos de Beethoven, como el Cuarteto Schuppanzigh, que estrenó muchas de ellas, y que no tuvo más remedio que enfrentarse a unas partituras sin precedentes y con poco tiempo para digerir los desafíos que planteaban, sobre todo en los últimos cuartetos. “Es cierto”, afirma el violonchelista, “que hay anécdotas conservadas en cartas de algunas quejas que generaron estos cuartetos en sus primeros intérpretes. ‘Este pasaje es imposible’, protestaba alguien. A lo cual, Beethoven contestaba: ‘Es que tú crees que yo estoy pensando en tu violín cuando la musa me está hablando’. Era una persona de carácter difícil, no creo que fuera muy flexible a la hora de conceder facilidades a los músicos para tocar. De todas maneras, imagino que la ventaja que tenían -lo dice con una risa- es que estaba sordo, o sea que tampoco podía escuchar exactamente si lo hacían bien o mal”.

El Cuarteto Casals, en sus veintitrés años de trayectoria, ha cultivado un repertorio amplio que incluye a los autores más tradicionales, pero también abarca compositores menos frecuentados, como el español Eduard Toldrà, el húngaro György Kurtág, y algunos jóvenes talentosos en busca de oportunidades para divulgar sus obras. La experiencia adquirida la comparten con sus estudiantes en la Escuela Superior de Música de Cataluña, en Barcelona, donde residen, estudian y ensayan estos cuatro músicos consagrados. A diferencia de los cuartetos de cuerdas de otras generaciones, en los que el primer violín era el líder que imponía a los demás sus criterios musicales, el Casals ha desarrollado un método para dirimir las diferencias de opinión sobre la manera de interpretar un determinado pasaje musical. “Si hemos aguantado tantos años juntos”, dice Arnau Tomàs entre risas, “es porque en más de un cincuenta por ciento tenemos un gusto casi idéntico. Entonces, estamos hablando de pequeñas diferencias de opinión, que las solventamos de la manera más democrática posible. Cada uno dispone de la misma cantidad de tiempo en el ensayo para exponer sus ideas, y los demás tenemos que experimentar y probar lo que el compañero nos sugiere, sin oponernos inicialmente. Y cuando hay que sacar conclusiones, nos damos cuenta de que para muchas de las ideas que parecían opuestas en un principio, poco a poco encontramos, de manera natural, un punto de convergencia”. En ocasiones, sobre aspectos muy concretos de la interpretación en los que no llegan a un acuerdo, someten el asunto a una votación con el claro riesgo de que el escrutinio termine dos a dos. “Si hay un empate, a veces hemos llegado a tirar una moneda al aire. Es que un cuarteto es, a la vez, una gran escuela musical y de convivencia”.