EL CABALLERO DE LA ROSA

LA ÓPERA DEL ROMANCE OTOÑAL

Los días 1, 5 y 8 de septiembre en el Teatro Mayor JMSD se estrenará en Colombia El caballero de la rosa. Dos gratas coincidencias se unen al tema central de esta edición: Tanto Richard Strauss como la mezzo Angela Brower (Octavian) han hecho parte del catálogo de Deutsche Grammophon. Su puesta en escena estará a cargo de la Ópera de Colombia y la OFB.

Por: Javier Hernandez C.

El caballero de la rosa es una de las pocas obras en la que la edad de los protagonistas (más no de sus intérpretes) realmente sí importa. Es una tendencia que los grandes romances de la ópera se den entre parejas de edad muy cercana. Pero aquí el asunto es más complejo, pues nos lleva a una reflexión alrededor del papel del tiempo en las relaciones sentimentales.

La historia se ubica en la Viena del siglo XVIII y la trama se desarrolla en medio de una serie de cómicos enredos en los que la Mariscala María Teresa debe renunciar al amor de su joven amante y, de cierto modo, propiciar la unión de este con la joven Sophie. El asunto se enreda aún más si le añadimos el ingrediente cómico de la edad avanzada del Barón Ochs, quien pretende a Sophie, con las mezquinas intenciones de acceder por medio del matrimonio a la fortuna familiar de ella. Un argumento que, guardadas las distancias del tiempo, sigue teniendo algo de vigencia: la mujer mayor que ofrece experiencia al muchacho y este su juventud. Y por otro lado, el hombre mayor que concede su posición social a la familia de una muchacha a cambio de dinero.

La puesta en escena, ¿por qué hasta ahora?

Esta ópera es un proyecto de larga data liderado por Gloria Zea para la Ópera de Colombia. Se postergó muchos años por falta de cantantes suficientes y una orquesta que la llevara a cabo en toda su plenitud. Y es que las cifras para su montaje son impresionantes. Respecto a los intérpretes, por ejemplo, la obra tiene 118 personajes que requieren la participación de 29 cantantes masculinos, 18 cantantes femeninas, ocho actores y una actriz, un peluquero, un flautista, un niño actor y siete niños cantores.

Por primera vez se cuenta con el número suficiente de cantantes nacionales para los pequeños papeles necesarios en el desarrollo de la trama alrededor de los cuatro personajes principales. Ellos están comandados por el bajo Valeriano Lanchas y el tenor César Gutiérrez. Para los roles principales se cuenta con los mejores intérpretes internacionales para cada rol: las sopranos Michaela Kaune (Mariscala) y Ashley Thouret (Sophie); la mezzosoprano Angela Brower (Octavian), y el bajo Franz Hawlata (Barón Ochs).

El Caballero de la rosa es una ópera tan compleja que solamente el Teatro Colón de Buenos Aires la ha llevado a escena en el contexto latinoamericano. Y este año llega al Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá. Este escenario está en  plena capacidad para albergar a la gran orquesta straussiana, que requiere 80 músicos en el foso orquestal y una orquesta interna de 26 músicos. Estas son definitivamente las grandes ligas en cuanto a ópera se refiere.

Richard Strauss y sus óperas negras

Ahora bien, es muy importante aclarar que Richard Strauss no tiene nada que ver con la gran familia de músicos austriacos que en el siglo XIX popularizaron el vals como la música de salón, símbolo de distinción y buen gusto, y que perdura hasta la actualidad. Esto no le quita ninguna importancia ya que Richard es el compositor alemán más importante de la primera mitad del siglo XX. Fue heredero de la tradición musical wagneriana, que llevó hasta el extremo con sus primeras óperas Guntram y Feuersnot (La necesidad del fuego).

Lejos de ser conservador, fue un compositor que por años conformó la vanguardia musical alemana. En los primeros años del siglo XX creó las que se han llamado sus óperas negras: Salomé y Elektra. Estas son dos obras donde predominan la depravación, la sangre, el amor incestuoso, el odio profundo y los asesinatos brutales.

En Salomé (1905), basada en el drama de Oscar Wilde y escenificada en tiempos bíblicos, la protagonista pide la decapitación de su objeto de deseo, Juan el Bautista. En un acto perturbador, Salomé besa la cabeza ya cercenada, justo antes de que la alcancen y den muerte los escudos de la guardia personal de su padrastro Herodes, quien además la desea lascivamente. Por otro lado, Elektra (1909), basada en la tragedia de Sófocles, está escenificada en la antigua Grecia. Aquí la mujer propicia el asesinato brutal, a hachazos, de su propia madre Clitemnestra y su amante Egisto. El autor de las muertes es nada más que Orestes, hermano de la joven. Para rematar, Elektra baila de alegría hasta la muerte.

Ambas óperas fueron exitosas, aunque polémicas, en el momento de su estreno. Su música era intensa y atronadora, muy próxima al expresionismo musical. Strauss usó todos los recursos musicales que heredó de Wagner y añadió su toque personal. Una música vanguardista alabada por contemporáneos de la talla de Arnold Schönberg y Bela Bartok.

Las óperas blancas

Con El caballero de la rosa (1911), Strauss dio un paso atrás en su lenguaje musical. El argumento, la música y el trasfondo filosófico son diferentes respecto a las óperas negras. Comencemos con el hecho de que es una comedia que se desarrolla en la Viena de mediados del siglo XVIII, una época de la que han trascendido hasta nuestros días los aspectos más tradicionalmente agradables: grandes palacios, mujeres glamurosas de la nobleza y tramas donde el amor, aunque convencional, se desarrolla de forma idílica y hasta libre. No hay muertes brutales ni descensos a los abismos del alma. Si acaso, está el mezquino, aunque cómico, deseo interesado del Barón Ochs.

Strauss se inspiró en la música de Mozart, fundamentalmente en Las bodas de Fígaro. Tal como lo expresó en su momento al libretista Hugo von Hofmannsthal, “quería hacer una ópera mozartiana”. A pesar de que su música es más refinada —sin ser ligera—, en El caballero de la rosa se pueden apreciar algunos elementos musicales presentes en sus óperas anteriores, a primera oída, en las cuerdas y los vientos.

A partir de esta obra, las óperas de Strauss se centraron en temáticas cercanas a relatos fantásticos (La mujer sin sombra), las comedias de la cotidianidad (La mujer silenciosa) o reflexiones sobre el papel de la música y la palabra en la creación artística (Ariadna en Naxos, Capriccio).

Strauss frente a la orquesta

Además de compositor, Richard Strauss también fue un consumado director de orquesta, no solo de sus propias obras sino de la de otros compositores de la escuela germana: Mozart, Beethoven y por supuesto Wagner. Sus primeras colaboraciones con el sello discográfico Deutsche Grammophon se registran en 1917, y continúan hasta posicionarlo como uno de los directores más destacados del sello al lado de nombres como los de Bruno Walter, Leo Blech o Hans Pfitzner.

Creó un decálogo de reglas de oro para el buen director en las que estaba presente su pensamiento musical, con cierta dosis de cinismo y humor. Tal vez la primera de estas reglas puede resumir el pensamiento de ese Strauss que estrenó El caballero de la rosa allá en 1911: “Recuerde que usted hace música no para divertirse, sino para complacer a su público”.