Entre el odio y el amor con James Rhodes

¿El renovador de la música clásica?

La noche del jueves 23 de Noviembre asistí al concierto de James Rhodes en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá, realmente esperaba hacerlo, puesto que se le ha catalogado como el “renovador de la música clásica”, y sí que hemos visto hasta donde lo puede llevar este gran apelativo. Pero ¿es Rhodes digno de llevar este rótulo?

Por Valentina Castillo (Uva Lunera)

    Instrumental es sin duda alguna de los libros mas desgarradores que he leído. Muchas de sus páginas me gritaban su dolor y honestidad, y debo decir que me enamoré de James, sentí que nunca había conocido a alguien tan profundamente, hecho que lo hacía bastante atractivo. Incluso, dudo que yo pudiera hacer un ejercicio autobiográfico como el de él, dado que siento que conozco a Rhodes más que a mí misma. Lo amé a él, a su pasión por la música y a su buen gusto con las obras que usa como referencia en cada capítulo del libro. La banda sonora de su vida me cautivó. Y ni hablar de la forma tan humana en que nos contó las historias que subyacen a las grandes obras que estos compositores nos dejaron.

¡Fascinante!

      Esto por supuesto despertó en mí unas ganas locas de oírlo interpretar Bach, cuya majestuosidad salvó su vida, Chopin, por esa pasión que desencadena cada vez que su corazón late, aun cuando él mismo quisiera por momentos que no fuera así, y por supuesto, a Rachmaninoff por su alto contenido de angustia, catarsis del perturbado y maniático James que estaría dejando su historia con cada nota de su terrorífica vida en cualquiera de sus preludios.

    Si algo me tenía a la expectativa de un concierto de Rhodes era el concepto de conversatorio-recital que nos introduce a la música erudita de una manera hermosa, con historias y anécdotas que nos hacen realmente acercar de una manera natural a las obras y sus compositores. Uno como espectador se ríe, se sorprende y hasta se embelesa con su irreverencia ante el protocolo que se supone tendría que tener. Esto es admirable.

     El respeto y la admiración con la que Rhodes se refiere a estos en su charla introductoria en cada una de sus interpretaciones son realmente notables. Sin embargo, todo esto se derrumba por la manera en la que interpreta estas obras.

    A mi parecer es realmente descarado que toque pasajes tan sucios en los que la melodía es imperceptible y en los que su exagerado uso del pedal (del que bien se ha hablado en diversas ocasiones) resulta empalagoso y desagradable.

   Considero que esto es una falta de respeto con sus oyentes, la mayoría de los cuáles, lamentablemente, no notan sus falencias.  Aun así pienso que Rhodes no debería ignorar el hecho que dentro de su audiencia también hay músicos como él.

       Yo, como pianista e intérprete de algunas de las obras que él toca en sus recitales, soy una feliz desertora de la “academia”, no solo porque como a Rhodes también me parece terrible el mundo trágico, lleno de infelicidad y agotamiento en el que vivimos los músicos clásicos, sino porque siento que para ser un buen intérprete  se requiere de una disciplina y tesón que a mí me falta y de las que Rhodes también carece.

   La falta de fluidez, hacer notas falsas, perderse en la tonalidad, excederse en los rubatos, no diferenciar a nivel interpretativo entre el barroco, clasicismo, impresionismo y el romanticismo es un error de principiante que bien se podría pulir.

    En todo caso, no todo fue aterrador, ya que en muchos pasajes de las obras se puede sentir su honestidad, así como partes de su vida narradas a partir de un Bach. No pude evitar conmoverme con muchos fragmentos de este, incluso a pesar de que el abuso de pedal me distraía. De igual manera, las frases más sensibles del Chopin eran realmente delicadas y cuidadas.

     No pienso que Rhodes sea un mal pianista. De hecho creo que hasta para chapotear mediocremente un Rachmaninoff se necesita no solo tener un buen nivel sino también unas agallas enormes, y aunque no estoy de acuerdo con las comparaciones que hace Iván R. Contreras en el artículo en el que lo iguala con Richard Clayderman http://revistatempo.co/noticias/james-rhodes-coelho-las-blancas-las-negras/, tampoco estoy de acuerdo con la reseña que pude leer de Luisa Piñeros después de escuchar a Rhodes en vivo. Es completamente desfasada, pues llega a catalogarlo como a uno de los grandes del siglo XXI. Esto ya es demasiado. Coincido con Iván en la rabia. De hecho, el día del recital tal vez hice algo indebido, aunque necesario para mis oídos y cordura. Recién llegue del recital a mi apartamento me sentí con unas ganas morbosas de escuchar un buen Bach. Por supuesto qué mejor que la excepcional interpretación de Glenn Gould, así que tomé el DVD (Treinta y dos cortometrajes acerca de Glenn Gould) y entré en un viaje tremendo donde me preguntaba cómo Rhodes podría admirar tanto a Gould, quien toda su vida la dedicó a transmitir al mundo de la manera mas perfecta, gloriosa y celestial quién era Bach. Las interpretaciones de Bach por Rhodes, con esa cantidad de pasajes con notas falsas, arpegios a velocidades que sus dedos no alcanzan, sin cuidar si quiera la tonalidad, parecen a veces una burla a la labor de Glenn Gould, a la labor de un verdadero intérprete.

   Muchas veces son encantadores los errores en la interpretación, pues siento que le dan riqueza y humanidad a una buena interpretación, pero Rhodes se abastece demasiado de este recurso, el cuál deja entonces de ser un deleite. Creo que él es consciente de eso y a sabiendas de que lleva girando más de un año con las mismas obras me parece inaudito que no se siente a estudiar un poco y a pulir esa experiencia que quiere ofrecer y ser digno de ese rótulo de “renovador y renovador de la música Clásica”. Si invirtiera al menos 3 horas diarias al piano, a su pasión, el cambio sería notorio y la experiencia de sus conciertos sería realmente satisfactoria y meritoria. O, ¿por qué no decirle a la audiencia que sus interpretaciones no son el claro ejemplo de lo que es la obra pero que su interés no es ese, sino inmiscuirnos en el magno mundo de la música clásica?. Ese sería un gesto verdaderamente irreverente y, al menos, esto haría que el oyente pudiera, de alguna manera, cuestionarse acerca de cómo sonaría entonces una buena interpretación.

*Biografía:

     Valentina Castillo es pianista y compositora. Nació en 1989 y desde los siete años se dedicó al aprendizaje de la música. Realizó estudios universitarios en la Academia Superior de Artes de Bogotá, de la cual es feliz desertora. Posteriormente realizó estudios de producción de música electrónica en Argentina, donde nació Uva Lunera, su proyecto solista con el que ha tocado en diferentes plataformas: el Festival Milk Fest de Bogotá, el Museo del Libro y de la Lengua de Buenos Aires y la Green House de Berlín. De igual manera ha impulsado una escena musical independiente e itinerante a partir de sus recitales íntimos, realizados de forma periódica en su casa.