SOBRE EL MAHAGONNY DEL TEATRO MAYOR

Comentarios sobre la presentación de la obra de Kurt Weill en Bogotá

Haber presenciado en Bogotá la extraordinaria producción de Mahagonny de Kurt Weill, convirtió la experiencia en un evento que merece la mayor admiración y en una producción que sin dudas ni reservas puede ser calificada como ejemplar a cualquier nivel,

Por: David Feferbaum

La notoria profesionalización de los intérpretes de la música ha logrado que las versiones —ya sean de conciertos, recitales u óperas— tengan un nivel que, por lo general, va de aceptable a admirable. Lejos están aquellas presentaciones que lograban generar angustia en el oyente.

Lo anterior, para resaltar que hoy día, en la ópera en vivo, la parte musical es casi sin excepción muy lograda, mientras la producción escénica puede ir desde lo francamente malo hasta lo notablemente bueno, dependiendo, claro está, entre otros aspectos, del director escénico, la coreografía, las luces, el desempeño de los coros en las tablas y, ocasionalmente, también de los solistas. 

A partir de 1976, cuando en el país se inicia una actividad regular anual de ópera, y hasta la fecha, para quienes las canas nos han permitido asistir a muchas representaciones locales, son pocas las producciones que han permitido ver logros significativos en lo escénico: mucha producción tradicional y muy pocas donde la concepción sea en verdad novedosa o corresponda a una propuesta original. Es más, en aras de lograr alguna “originalidad” no faltan aquellas que se alejan significativamente, y hasta del todo, del argumento y del libreto.

Ahora bien, la posibilidad actual de ver en video las producciones mundiales, le permite, tanto al aficionado como al profesional, estar enterado de lo que se hace en otras latitudes y observar, con no poca frecuencia, lo mismo que hemos anotado en nuestro caso: mucho montaje tradicional y poca novedad real. Un caso es la reciente trasmisión de El elíxir de amor, del Metropolitan de N.Y., que escénicamente podía competir con una sesión solemne escolar.

Considerando lo anterior, haber presenciado en Bogotá la extraordinaria producción de Mahagonny de Kurt Weill —en que la profunda claridad conceptual, la enorme movilidad escénica y el acertado uso de multimedia, entre otros factores, se integró con una versión clara y limpia de la orquesta, los solistas, el coro y las coristas—, convirtió la experiencia en un evento que merece la mayor admiración y en una producción que sin dudas ni reservas puede ser calificada como ejemplar a cualquier nivel, incluyendo el internacional, y superior si se compara con varias salas mayores.

Felicitaciones al Teatro Mayor por esta alianza con Argentina y Chile.
Alianza que, con seguridad, puede seguir demostrando la capacidad que Latinoamérica tiene de ser actor estelar en lo que a propuestas operáticas creativas se refiere.