JOSÉ MARÍA MORENO DIRIGE LA TARDE RUSA EN BOGOTÁ

Rusia en Bogotá

Este sábado 26 de mayo la Orquesta Sinfónica Nacional ofrecerá un concierto dedicado a la música rusa bajo la batuta del español José María Moreno. El repertorio: la Overtura a Ruslán y Liudmila de Glinka, Scheherazade de Rimsky-Korsakov y el Concierto para piano en Fa sostenido menor de Alexander Scriabin que será interpretado por Sergei Schikov. El lugar: Auditorio Mario Laserna de la Universidad de los Andes a las 5:00 p.m.

La Orquesta Sinfónica Nacional continúa su temporada 2018 con un concierto dedicado a la música rusa. En esta ocasión la batuta estará en las manos del director español José María Moreno, quien interpretará junto al pianista ruso Sergei Schikov, el concierto para piano de Alexander Scriabin:  una obra nunca antes presentada en Bogotá.

Tempo habló horas antes del concierto con el director español.

¿Cómo ha sido su experiencia con la música rusa?

El repertorio ruso lo conozco muy bien, porque cuando acabé mi carrera de dirección de orquesta en España, me marché a hacer el posgrado al Conservatorio Rimsky-Korsakov de San Petersburgo y me especialicé en música rusa, así que conozco muy bien a sus compositores y he dirigido muchas veces en Rusia. Allí me llaman “El volcán del mediterráneo” debido a mi manera enérgica de dirigir, y también dicen que mi temperamento mediterráneo es muy similar al de ellos. Para mí es un grandísimo placer dirigir este repertorio porque es una música fascinante, llena de pasión, de fuerza, muy descriptiva y realmente hermosísima. 

Estos compositores, Glinka, Rimsky-Korsakov y Scriabin, son de periodos muy distintos cada uno, ¿cómo ha sido la evolución de la música entre ellos?   

Lo interesante del programa que ofrecemos es que vamos a ver a tres compositores fundamentales en la historia de la música rusa, de tres momentos diferentes. Glinka, es concebido como el padre de la música rusa, porque hasta su época, era una imitación de la música europea. No había música una propia. Con Glinka nace por primera vez la música rusa entendida desde un punto nacionalista, logra que se escuchen sonidos rusos, con esencia del folclore, con esa fascinación por lo oriental. En Rimsky-Korsakov se consolida de una manera definitiva el estilo ruso, los elementos y las características que harán famosa a la música rusa en todo el mundo, esas sonoridades tan peculiares, que la diferencian de todo lo demás las vemos plenamente en este compositor. Es una música con una fuerza rítmica enorme, con un gusto por los colores, todo muy brillante, muy exuberante, muy poderoso. En Scheherazade vemos un gusto enorme por todo lo que tiene aromas y sabores orientales. Y por último, en Scriabin, damos un paso más adelante, este compositor es de finales del XIX y principios del siglo XX, y rompe con la tradición nacionalista rusa, es más internacional. Ya no se inspira tanto en el folclore ruso sino que quiere ir más allá. Rompe moldes en muchos aspectos e inspira mucho a todos los compositores de vanguardia del siglo XX. Sin embargo Scriabin tiene tres etapas muy diferenciadas: una última que es muy de vanguardia, una intermedia que es mixta, y una primera etapa que tiene mucha influencia de Chopin y de Liszt. Este concierto que se va a escuchar este sábado pertenece a este periodo pos romántico.

El solista de ese día será Sergei Schikov, ¿Qué particularidades encuentra en la  interpretación de un pianista de origen y formación rusa con respecto a otros solistas?

Para mí ha sido un feliz descubrimiento, yo lo conocía solo de nombre, nunca lo había escuchado en vivo ni tampoco lo había dirigido y ha sido un gran placer conocerle, es un gran intérprete. Lo que he notado perfectamente es precisamente eso, su estilo y técnica rusa. Para mí ha sido tremendamente fácil, hemos conectado muy bien, rápidamente y con mucha facilidad. Es muy diferente cuando diriges a intérpretes que no son rusos y que no sienten con el alma rusa, es mucho más difícil a nivel interpretativo y técnico conectar con la obra. Para Sergei es muy sencillo, él lo ha vivido, lo lleva en la sangre y ha sido estupendo, estoy muy feliz de trabajar con él, será un grandísimo éxito.

Usted ha tenido la oportunidad de dirigir grandes orquestas como la  Sinfónica de Berlín ¿Qué nos puede contar acerca de esto?

Es una experiencia muy interesante el trabajar en lugares tan diferentes. Las peculiaridades de la gente de cada uno de los lugares que visito son muy distintas, así como la forma de ser y el temperamento de los chinos comparado con el de los italianos, los españoles o los mexicanos. Son formas de ser muy antagónicas, culturas muy alejadas las unas de las otras, sin embargo, lo extraordinario es lo universal de la música. Al final, cuando estamos trabajando una obra te das cuenta que es lo mismo, estamos hablando de sentimientos, de emociones que transmitimos al público, trabajamos con un lenguaje universal que para todos significa lo mismo. Es fascinante recorrer el mundo conociendo diferentes culturas, diferentes razas, pero al final, cuando nos ponemos todos a hacer música somos iguales, somos todos uno.

Usted tiene un gusto especial por las artes marciales y a logrado involucrar estas disciplinas a su oficio como director. ¿Qué nos puede decir  sobre esto?

Desde muy niño trabajo las artes marciales, soy cinturón negro en judo desde muy joven. En mi madurez me sentí muy atraído por el taichí, que es una disciplina que proviene de China, muy similar al kung-fu, pero tiene una parte muy interesante del manejo de la energía. Pronto me di cuenta que este trabajo con la energía interior y con los movimientos que se realizan en el taichí, me podía ser extraordinariamente beneficioso en la dirección de orquesta. Entonces llevo años practicando esta técnica especial que es muy difícil de explicar y que básicamente lo que se ve son los resultados. De algún modo este trabajo con la energía consigue generar una fuerza, una energía especial que conecta con los músicos y con el público y hace que los conciertos sean momentos muy especiales. Es un trabajo energético interior pero con el objetivo de mover la música, que también es energía, es vibración. Entonces,  de algún modo conseguimos que la música fluya, que conecte con el público y que se consiga el objetivo máximo que no es otro que el disfrute de la misma, que sea para ellos una experiencia única.

Para terminar maestro ¿usted conoce algo del repertorio colombiano y latinoamericano, ha tenido la oportunidad de dirigir alguna obra?

Bueno, últimamente estoy vinculado con una orquesta mexicana de la cual soy director titular, y en mis años de estudio conocí bastantes cosas del repertorio latinoamericano. Pero del repertorio sinfónico no conocía mucho, hasta hace dos años, que con mi contacto  actual con México he podido descubrir y dirigir.. Me gusta mucho presentarlo en Europa porque allí tiene un gran impacto y gusta mucho. Lo mismo me pasa con el repertorio y los compositores colombianos. Últimamente estoy descubriendo muchas obras que me parecen estupendas, es música fascinante, de primer nivel, y lo mismo me está ocurriendo ahora con la orquesta. La Sinfónica nacional es una orquesta con una profesionalidad, con un rigor, con una disciplina de trabajo y un espíritu y ganas de hacer todo bien que se puede comparar perfectamente a cualquier orquesta Europea. Lo mismo le ocurre a los compositores y creo que deben darse a conocer fuera de Colombia, eso es una asignatura pendiente y es una tarea que también nos toca a nosotros los directores que tenemos la fortuna de venir al país y conocer a su gente y a sus compositores. Así que tenemos la deuda con Colombia de llevar a estos compositores y su música fuera del país.