Ensamble Barroco de Bogotá

Un homenaje a Telemann

El Ensamble Barroco de Bogotá conmemora los 250 años de muerte del prolífico compositor Georg Philipp Telemann con un concierto dedicado a él, este 2 de diciembre en la Parroquia Inmaculada Concepción del Chicó, y el 3 de diciembre en United Church of Bogotá

Hace cuatro años, un grupo de clavecinistas colombianos apasionados por la música de Bach se reunió con el propósito de tocar su música. Lo que empezó como una cita entre amigos desembocó en la fundación del Ensamble Barroco de Bogotá, una agrupación dedicada a la interpretación de música de este periodo cuyo formato y director varía de acuerdo al repertorio de cada montaje. En esta ocasión, y para cerrar el año, tienen preparados dos conciertos dedicados a uno de los más grandes compositores de la época: Georg Philipp Telemann. Para ello, el Ensamble estará conformado por 14 músicos en escena que estarán bajo la dirección del flautista y clavecinista francés Julien Faure, a quien entrevistamos para conocer más de cerca el programa que escucharemos este fin de semana.

¿Cómo escogieron el repertorio y por qué?

El programa es de música instrumental y orquestal y pretende mostrar las diferentes facetas de Telemann. Las piezas son:

Overture-Suite ”burlesque de Quixote”

Concierto para viola

Suite para flauta concertato en La menor

Estas tres piezas son muy distintas. La Overtura “Burlesque de Quixote” es música programática, entonces muestra una faceta del compositor en la que pretende describir las aventuras del Quijote con mucho humor y en un estilo bastante francés, pues es una suite.

La segunda obra es el Concierto para viola de Telemann y parece que es el primero escrito para viola como tal. Es un estilo mucho más italiano, que Telemann también maneja muy bien: un concierto más evidente, en el que la viola tiene sus solos y la orquesta, sus intervenciones.

La Overtura para flauta concertato es una suite de estilo francés, con overtura y muchas danzas, pero es una pieza dividida porque también tiene la flauta concertato, que es en estilo italiano. Esta pieza es escrita para flauta dulce, lo que no es muy común y nos pareció interesante poner el instrumento en relieve.

Hablar de música barroca es hablar de interpretación históricamente documentada, ¿cuál es el concepto de sonido que buscan de acuerdo con el estilo y la época de Telemann?

Hay varios elementos. Primero que todo, tocamos con instrumentos que son copias de instrumentos de la época. Las cuerdas tienen tripa, no son de metal; tenemos clavecines, tiorbas y la flauta dulce también, que fueron instrumentos utilizados únicamente en este periodo. El color que se logra con estos instrumentos es muy valioso y da mucha riqueza a la música, pues se escribió para esos instrumentos.

También está el tema de la afinación histórica porque en la época hubo varios teóricos que inventaron un sistema de afinación, y como esta música no modula tanto como la música romántica, no es necesario tener un temperamento igual. Tenemos temperamentos irregulares que dan un color más pleno.

Además de tener instrumentos históricos hay que tocarlos adecuadamente, que es otra etapa importante, y para eso hay muchas recomendaciones en tratados de compositores y teóricos de la época. Estamos siempre atentos a qué tempos son los adecuados, cómo manejar las notas largas, etcétera.

¿Cómo es el formato de este concierto?

En esta ocasión el ensamble cuenta con una formación bastante grande, tal vez la más grande de su trayectoria. La orquesta está compuesta de la siguiente manera: cinco violines, dos violas, un chelo, un contrabajo, dos tiorbas y dos clavecines; estos dos últimos son instrumentos armónicos con los que fortalecemos el color que queremos.  Los intérpretes son músicos de perfiles bastante diferentes y eso es muy interesante. Todos tienen una experiencia más o menos grande con la música antigua.

Como director, ¿cuál es su principal objetivo musical en cada una de las obras y cómo trabaja para lograrlo?

El objetivo más importante yo diría que es lograr poner en relieve la dimensión de cada obra que es muy distinta, y hay que encontrar equilibrio en cada pieza. El proceso como director es escoger el programa y estudiarlo para tener una visión clara de lo que se quiere. Quiero resaltar la comunicación que tuve con Diego Rivera, el concertino, que fue muy importante porque se compartieron ideas de lo que queríamos.

Por otro lado, en el proceso de montaje con todo el ensamble la energía no está concentrada solo en el director, cosa que suele pasar en las orquestas sinfónicas, sino que es un trabajo de música de cámara con más personas. Todos tienen que estar muy activos. Físicamente, yo no voy a dirigir, yo dirigí los ensayos, pero en el momento del acto musical todos estamos igualmente comprometidos para lograr el resultado.

Además de ser el director de este montaje, usted va actuar como solista en la Overtura para flauta concertato, escrita para flauta dulce, un instrumento poco común, ¿cuáles son los principales retos de esta obra?

Esta obra es muy difícil para todo el ensamble; es muy exigente para la orquesta y muy exigente para la flauta solista. El reto técnico está presente todo el tiempo porque tiene la dificultad de un concierto. Hay que lograr estar siempre en equilibrio con la escritura que es muy ambigua, al mismo tiempo francesa e italiana, y hay que estar pendiente de eso. Por ejemplo, hay un aria a la italiana que es muy expresiva, luego hay minuetos que hay que tocar más tiernos y luego hay fragmentos mucho más rápidos y virtuosos.

¿Qué es lo que más le apasiona de la música barroca?

La música barroca es una pasión por muchos aspectos. Primero, es un periodo muy interesante porque tiene una tradición del contrapunto muy presente y al mismo tiempo tiene un desarrollo armónico muy importante; con el bajo continuo los compositores fueron descubriendo acordes diferentes. También me parece que hay una economía de recursos muy interesante: hay pocas cosas, pero con esto los compositores logran hacer obras grandes. Por ejemplo, el Quijote que vamos a tocar es mucho más sencillo en apariencia que el Quijote de Strauss, pero lo que Telemann logra hacer con esta metáfora es realmente muy convincente.

También me apasiona el hecho de hacer la música de principio a fin: pensar en qué sistema de afinación usar, trabajar el timbre de los instrumentos, el lenguaje armónico, su elegancia o exuberancia y me parece muy rico tener eso entre las manos.