EL 2017 MUSICAL

Siempre hay más de un mundo…

En el primer número del año de TEMPO siempre he escrito una nota diferente a “Vacíos”, mi columna habitual, para comentar lo que, en mi opinión, fueron hitos musicales del año anterior.

Por: David Feferbaum

En febrero pasado, comentando 2016, decía que una mirada comparativa de los hitos señalados en los cuatro años anteriores debería poder identificar una continuidad de procesos, una consolidación. En algunos casos no es así, pero en otros, como está sucediendo con la ópera y la música contemporánea, se observan procesos que —prácticamente inadvertidos para los medios y la crítica locales— están construyendo mundos nuevos de enorme riqueza, tanto en número de obras como de producciones.

Por la citada ausencia de un marco crítico es posible que no haya consciencia de que, por ejemplo, para celebrar sus diez años de vida, el Taller de Ópera de la Universidad Central, fundado y dirigido por Alejandro Roca, montó Orfeo en los infiernos de Offenbach, obra con la que ya suma 20 producciones y supera 13 estrenos nacionales. Es más, en alianza con la Orquesta Filarmónica de Bogotá y su Coro Juvenil, anticipando el centenario de Leonard Bernstein, Roca presentó Candide en el marco de Ópera al Parque con brillante actuación de Sofía Salazar y Valeriano Lanchas.

Y hablando de continuidad, el proyecto Ópera al Parque ya va por su vigésima edición, un logro extraordinario tanto por su trayectoria como por su repertorio. Este año, y en el marco de los 150 años de la Universidad Nacional, ofreció El Último día de Pizarro, del compositor colombo-catalán Moisés Bertrán, dirigida por Guerassim Voronkov y con el aporte instrumental y vocal del Conservatorio. No puedo relacionar todo el elenco, pero resalto el trabajo de Elsa Gutiérrez, directora del coro universitario desde tiempo atrás.

Este proyecto presentó también 3000 ríos: voces en la selva, ‘ópera multimedia’ de Víctor Gama, estrenada en Lisboa en 2016; Florencia en el Amazonas, del compositor Daniel Catán, ganadora de la Beca de Creación Ópera al Parque, con dirección musical de Ricardo Jaramillo, escénica de Pedro Salazar, arte de Julián Hoyos y solistas partícipes en muchas producciones desde aquel Mambrú se fue a la guerra, como Camilo Mendoza y más recientemente Hjalmar Mitrotti; también La ingenua fingida de Mozart, puesta de la Universidad del Norte de Barranquilla.

Aunque estas novedades serían suficientes para afirmar la importancia operática del año, hay más.

La presentación en el Teatro Colón de La Digitale de Juan Pablo Carreño, cuyo esfuerzo por traer al país esta magnífica obra, comisionada y estrenada por la Ópera de Marsella en 2015, debe mencionarse. En coproducción con la Universidad Central, el Colón ofreció también El Gato con Botas de Xavier Montsalvatge, con Alejandro Roca como director musical, Ramiro Gutiérrez en la escena y Laura Cuervo en el arte. La sala presentó además un muy buen Otello de Verdi y la zarzuela Cecilia Valdés de Gonzalo Roig, que permitió apreciar el altísimo nivel de nuestra cantante Betty Garcés.

En el Teatro Mayor, en asocio con la Ópera de Colombia, se vio una excelente producción de Orfeo y Eurídice con la Orquesta Filarmónica de Cali, dirigida por Adrián Chamorro, y el Colegio del Cuerpo, con coreografía de Álvaro Restrepo y Marie France Delieuvin. Igualmente admirable fue Falstaff, con impecable actuación de Valeriano Lanchas en el papel titular. Fuera de serie fue la interpretación que allí hizo Les Arts Florissants de Francia, dirigida por William Christie, de las óperas Acteón de Marc-Antoine Charpentier y Dido y Eneas de Purcell.

Pero hay más sorpresas: la presentación de Violeta, “ópera modular” de Santiago Lozano en el Centro de Memoria Histórica. Y, en el medio internacional, la Ópera de Lille estrenó en diciembre La princesa ligera de la compositora colombiana Violeta Cruz, comisionada por la Opera Comique de París.

Hablando de producciones internacionales, Cine Colombia pasó este año Amor de lejos, Nabucco, Romeo y Julieta, Rusalka, Traviata, Idomeneo, El caballero de la rosa, Eugenio Onegin, Norma, La flauta mágica y El ángel exterminador del MET de Nueva York, a las que se suman Madama Butterfly y Otello del Covent Garden presentadas en Cinemark.

Al lado de la ópera, la música contemporánea no se quedó atrás; aunque, si comparamos, podría decirse que los medios la ignoraron casi del todo.

El Círculo Colombiano de Música Contemporánea (CCMC) llevó a cabo la octava versión de sus Jornadas de Música Contemporánea, una realización de enorme trascendencia. Repaso algunas actividades: el impresionante recital del percusionista mexicano Iván Manzanilla en el auditorio Olav Roots; la presentación de la flautista Laura Cubides en la Sala Otto de Greiff; las charlas “Autorretrato de compositor” de Rodolfo Acosta; “Vanguardia, performatividad y experimentación en la música mexicana de los años 70” de Ana Alonso Minutti (México); “En torno a Graciela Paraskevaidis” de Daniel Leguizamón y, desde luego, las muestras de los talleres realizados.

El CCMC organiza también un concierto mensual en el teatro La Libélula Dorada con obras contemporáneas, preferiblemente de compositores colombianos y latinoamericanos. Destaco el de Federico Demmer, una visión de la percusión actual; la presentación de N40 y el Ensamble CG; los muy especiales recitales de clarinete de José Gómez y el de Natalia Merlano con Lonh, obra para voz y electrónica, quintaesencia de la ópera Amor de lejos de la compositora Kaija Saariaho.

En Matik Matik, refugio capitalino de la música contemporánea, Melissa Vargas organizó el ciclo “Libres en el sonido”, ocho sesiones de solistas y grupos locales, como el de Música Contemporánea de la Universidad El Bosque y el EMCA, Ensamble de Música Contemporánea ASAB.

El año tuvo, además, dos realizaciones históricas: Performing Silence, homenaje a John Cage, coproducción del Museo de Arte de la U.N. y Nova et vetera, comentado en Tempo n° 17, y las intervenciones para diferentes combinaciones instrumentales —Ocho semanas para seis instrumentos— con que Rodolfo Acosta y el Ensamble CG realizaron 17 presentaciones durante el tiempo en que estuvo expuesta la instalación “El espacio del lugar, el lugar del espacio” de Nicolás Consuegra en la galería NC-arte.

A este generoso panorama local de ópera y música contemporánea se suman los solistas y grupos visitantes traídos por las salas de concierto.

La Luis Ángel Arango se lució de nuevo: el Cuarteto Bela (Francia), con un magistral programa que incluyó obras de Ligeti y Dutilleux y Black Angels de Crumb; el Ensamble Hope (Francia) con dos instrumentos singulares el “cristal Baschet” y el “euphone de titanio”; el Cuarteto Tana (Francia) que ofreció el estreno mundial del Pasillo Emilio (2016) de Juan Pablo Carreño; el grupo francés Le Balcon, que a mediados de año ofreció dos programas sin precedentes: el primero dedicado a Pierre Boulez, con Anthemes II para violín y electrónica y Le Marteau sans maitre; el segundo a Oliver Messiaen, con el Cuarteto para el fin de los tiempos.

Por su parte, el Teatro Mayor, en asocio con el Teatro Colón, presentó el cuarteto Kronos (EE.UU.), que ofreció el estreno mundial de Music for four resonators de la compositora colombiana Alba Fernanda Triana. En el mismo teatro, Le Balcon, además de una adaptación libre para orquesta de cámara de la Sinfonía Fantástica de Berlioz, del compositor Arthur Lavandier, presentó Punto muerto de Juan Pablo Carreño y el estreno mundial de la obra Ruinas de Pedro García-Velásquez. 

A más de todo lo anterior, el Teatro Mayor organizó su tercer ciclo “Bogotá es…” —la Rusia Romántica, este año— del cual destaco las orquestas Staatskapelle Halle (Alemania) y Sinfónica de Lucerna (Suiza), así como numerosos solistas, agrupaciones y directores con variados programas, algunos muy novedosos, sobre todo de cámara. Inolvidable también en el recital de piano de Benjamín Grosvenor (UK) en mayo.

De marzo a noviembre, gracias a la reconstrucción del órgano de la Catedral Primada, la serie “Bach en Bogotá” permitió escuchar a notables organistas.

Finalmente, en la medida en que he hablado de continuidad y consolidación, hay que celebrar los diez años consecutivos de la serie internacional “Grandes pianistas”, del Teatro Colsubsidio. Si bien no podemos citar todos los programas, hay que mencionar a los artistas Ming Xie (China), Nikolai Kuznetsov (Rusia), Alexei Chernov (Rusia), Herbert Schuch & Gülru Ensari (Alemania/Turquía) y Mikhail Mordvinov (Rusia), admirables virtuosos de profunda musicalidad. Destaca también en esta sala la actuación de Ryoji Ikeda con su obra Superposición, otra visión de la percusión actual.

Mención especial merece el performance de Yi-Ping Yang y el artista corporal Alexander Morales, organizado por Mapa Teatro.

Los avances locales de la ópera y la música contemporánea hacen urgente contar con políticas estatales que fortalezcan estas actividades y apoyen no solo los montajes sino la creación misma de proyectos. Adhiero, además, a Martha Senn —cuyas notas son refrescante novedad— cuando, al comentar una de las óperas vistas, sugiere que de requerirse intérpretes complementarios “se les abran las puertas a un mayor número de colombianos que merecen ser conocidos y escuchados, sobre todo en su propio país”.

Ante la ausencia de compositores nacionales en la programación de las orquestas capitalinas, resultó impactante escuchar en el Teatro Cafam a la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Eduardo Carrizosa, adalid de la música colombiana, con el Concierto para Arpa y Orquesta de Edmar Castañeda (1978) y las Tres Danzas Españolas de Eustasio Rosales (1875-1934), estrenada por la Orquesta Sinfónica de Chicago en 1932. Esta última obra no ameritó mención en los medios, como tampoco en su momento el estreno de su ópera Andina, descubierta por su bisnieto y montada en la misma ciudad en 2015.

Siempre hay más de un mundo…