COLOMBIANOS 2015

Sumados a Ibargüen, James y Nayro

Colombia no sólo está presente en las grandes ligas de fútbol, ciclismo o atletismo sino que, al mismo o mayor nivel comparativo, lo está en el terreno de la composición, la dirección orquestal y el canto.

Si el lector tiene paciencia, espero que al final esté de acuerdo en que este es el titular con que hubiéramos querido ver reseñado el año musical 2015.

Ya en otra oportunidad acudí al deporte para hablar de lo que sería el ambiente de nuestra música erudita si recibiera el mismo despliegue que el fútbol, el ciclismo o el atletismo. Mientras a estos les dedican a diario páginas enteras, la música apenas logra una nota esporádica o free press.

En mi primer balance musical en esta revista, califiqué el 2013 como “año musical histórico” y el 2014 como “año con propuestas eventualmente históricas”. Pero, cuando se busca continuidad con uno u otro en 2015, tristemente no la hay. Acciones sueltas, sí; procesos de consolidación, no.

Con esto en claro, y para explicar el título de esta nota, en 2015 hubo tres hechos históricos, hechos sin precedentes en nuestra historia, hechos que no derivan de una relación causa-efecto con los años anteriores, pero que nos permiten soñar con una nueva etapa de la música en Colombia:

  • Que la ópera de Marsella estrenara en diciembre La digital, ópera comisionada a Juan Pablo Carreño, un compositor colombiano.
  • Que, aparte del segundo evento de la serie “Bogotá es” del Teatro Mayor, que ofreció una interesante muestra de Mozart, este fuera un año significativo en música de cámara, en particular cuartetos de cuerda, con comisión y estreno de obras colombianas.
  • Que Andrés Orozco Estrada y Valeriano Lanchas se presentaran en grandes escenarios internacionales.

Veamos el primero

Creo que todos hubiéramos esperado encontrar en los balances de final de año el nombre de Juan Pablo Carreño, aunque lo suyo no es importante solo en el año, lo es en lo que va corrido del siglo y no tiene parangón en los anteriores. Que la Ópera de Marsella le comisione una ópera a un compositor colombiano y la estrene, es tal vez uno de los hechos internacionales más importante en la historia musical del país. 

Uno puede mencionar la importancia de la relación de Uribe Holguín con D’Indy o la publicación de obras para piano de Manuel María Párraga por Breitkopf & Härtel, o la carrera de Rafael Puyana, pero lo de Carreño supera todo. No obstante, solo un medio local en Bogotá publicó una nota más o menos destacada. Se hubiera esperado un registro nacional masivo.

Carreño estudio composición con Guillermo Gaviria y Harold Vásquez en la U. Javeriana y luego prosiguió en la U. Internacional de Florida y en el Conservatorio de Nanterre. En 2006 entró al Conservatorio de París y en 2010 obtuvo el primer premio en composición, lo que ya es admirable. Pero cuando en 2011 gana el Premio de Roma, se convierte en el colombiano que, como García Márquez, ha recibido el mayor galardón internacional en su oficio. (Oír: http://www.espanol.rfi.fr/cultura/20110607-juan-pablo-carreno-primer-colombiano-premio-de-roma).

Creado en 1663, bajo el reinado de Luis XIV, el Premio de Roma se otorgaba a jóvenes pintoresescultores y arquitectos, luego de arduas eliminatorias. En 1803 se incorporó al premio la composición musical y vale la pena recordar algunos ganadores: Héctor Berlioz (1830), Charles Gounod (1839), Georges Bizet (1857), Jules Massenet (1863), Claude Debussy (1884), Florent Schmitt (1900), Jacques Ibert (1919) y Henry Dutilleux(1938).

¿Cuál fue el reconocimiento del país a este honor? 

Pasemos al segundo

El año abrió el 4 de febrero con el recital de Evelyn Glennie en la Luis Ángel Arango. De existir una mínima preocupación por la difusión cultural, este evento hubiera trascendido. Pero, ser “una de las percusionistas más eclécticas e innovadoras de la escena actual…, o el que haya liderado la comisión de casi 170 obras para percusión y grabado más de 30 discos que la han llevado a ser ganadora de tres premios Grammy”, no ameritó siquiera una reseña de su presentación.

Aparte de su difusión en el Festival de Cine de Cartagena (marzo 12) y sus presentaciones en Barranquilla y Bogotá (marzo 13 y 15), el audiovisual Garras de Oro / Self fiction III, desarrollada por Luis Nieto y Juan Pablo Carreño (nuestro Premio Roma), estrenada en el Festival París Quartier d’Été por Le Balcon —un grupo dedicado a un “nuevo concepto de creación e interpretación del repertorio en instrumentos sonorizados”— y dirigida por Maxime Pascal, tampoco tuvo mayor difusión en la capital.

Según Carreño, citado en las notas de Rodolfo Acosta al programa de la Luis Ángel Arango, la obra es “un cine/concierto para soprano, contratenor, clarinete, órgano, guitarra eléctrica, ensamble amplificado y dispositivo electrónico, sobre el poema Acuarimántima, de Porfirio Barba Jacob, y el primer recitativo de la cantata Was Gott tut, das ist wohlgetan I. BWV 98, de Johann Sebastian Bach, destinada a una de las películas mudas más remarcables de la historia del cine colombiano, un ovni cinematográfico, largamente prohibido: Garras de Oro (1926)”.

El año nos deparó una propuesta histórica: la del Teatro Colón con su proyecto Grandes cuartetos del mundo en el Colón, ciclo de comisiones 2015, que trajo tres cuartetos de talla internacional que estrenaron tres obras comisionadas por el Teatro a compositores colombianos:

  • Cuarteto Arditti, Inglaterra, septiembre 15, obras de Bela Bartok, Jonathan Harvey, Juan Camilo Hernández y Helmut Lachenmann.
  • Jack Quartet, Estados Unidos, octubre 20, obras de Matthias Pintscher, John Zorn, Eblis Álvarez y Ianis Xenakis.
  • Quatour Voce, Francia, noviembre 24, obras de Bela Bartok, Leonardo Idrobo y Maurice Ravel.

Salvo Bartok y Ravel, todas las otras fueron estrenos, cuya importancia no puede soslayarse. Aunque a lo largo del tiempo ha habido publicaciones, comisiones y concursos que apoyan la creación musical, este proyecto no tiene comparación en el país. Esperemos que tenga continuidad. La propuesta implica una política amplia, que trasciende la simple función de una sala de espectáculos para convertirse en un ente de desarrollo creativo.

Antes de continuar con los cuartetos de cuerda destacados que se oyeron en el año, hay que destacar tres presentaciones:

  • La del conjunto Blackbird Ensamble de Música Contemporánea, Estados Unidos, en la Luis Ángel Arango, con un programa realmente novedoso.
  • La del Cuarteto Carducci con la primera audición en Colombia de los 15 cuartetos de cuerda de Shostacovich, todos en  Neiva y 8 en Bogotá.
  • La del cuarteto colombiano Q-Arte, en el Teatro Estudio del Teatro Mayor, con obras de Rodolfo Acosta, Blas Emilio Atehortúa, Francisco Zumaqué, Antonio Arnedo, Victoriano Valencia y Damián Ponce. Este grupo, que se ha venido posicionando de manera admirable y que desarrolla su actividad a partir de la docencia en el Departamento de Música de la Universidad Nacional, ameritaría el amparo de lo que en otra latitud sería una “residencia”, para auspiciar su existencia.

En el marco del II Festival Internacional de Música de Bogotá, “Bogotá es Mozart”, pudimos escuchar los Cuartetos Auryn, Simón Bolivar, Manolov, Szymanowsky, Jerusalem y el Wiener Brahms Trio. Durante el año oímos, además, el Attaca (Estados Unidos), el Cuarteto con piano Gustav Mahler (Austria), el Cavaleri (Reino Unido) y el Latinoamericano (México).

Olivier Messiaen es un compositor fundamental del siglo XX. En la literatura pianística, sus Veinte miradas al Niño Jesús es una obra cumbre. Dada su dificultad, es raro oírla en vivo. Por ello, su interpretación por Peter Donohue en la Luis Ángel Arango en noviembre, fue una oportunidad única.

Revisemos el tercero

Si los eventos anteriores pasaron casi desapercibidos, las apariciones de Andrés Orozco Estrada en América y Europa, y de Valeriano Lanchas en el Metropolitan de Nueva York sí fueron anunciadas, aunque no hubo seguimiento de sus éxitos.

Después de Jaime León, director musical por años del American Ballet Theatre, Orozco Estrada se convierte en otra figura de talla internacional. Ser director musical de la Sinfónica de Houston y de la Radio Frankfurt lo ubican ya entre los grandes directores del mundo, hecho que corrobora su agenda de este año: Filarmónica de Londres, Filarmónica de Israel, Filarmónica de Viena, Concentus Musicus, entre otras.

Aunque algunos de nuestros cantantes –Alejandro Ramírez y Martha Senn– han tenido una destacadísima presencia internacional, Valeriano Lanchas es la primera voz colombiana que llega al Met.

En resumen, Colombia no sólo está presente en las grandes ligas de fútbol, ciclismo o atletismo sino que, al mismo o mayor nivel comparativo, lo está en el terreno de la composición, la dirección orquestal y el canto.

Y algo más

En abril, por quinta vez, el Círculo Colombiano de Música Contemporánea realizó sus Jornadas de Música Contemporánea. Como es habitual, tuvo un taller de composición, enfocado esta vez a la creación electroacústica, dirigido por Ricardo Arias y Luis Fernando Sánchez, con la participación de Daniel Leguizamón; un taller de interpretación, centrado en el repertorio contemporáneo para flauta sola o en dúo, a cargo del dúo argentino Mei. El ciclo de conferencias tuvo como invitado especial al compositor Pedro Sarmiento y culminó con un foro moderado por Johann Hasler. El programa incluyó varios conciertos en que participaron varios de los nombrados, el Ensamble CG, Ricardo Arias, Leonardo Peña y el cuarteto de guitarras Numtempe Ensamble, de Argentina.

Finalmente, y sin mención alguna, en septiembre Teresa Gómez y la Orquesta Filarmónica ofrecieron el Segundo Concierto para Piano y Orquesta de Carlo Jachino, compositor reseñado en una de mis columnas de la serie Vacíos de esta revista.

Para terminar, como el pasado año, cito una perla, “engastada” esta vez en la nota de prensa de la Orquesta Filarmónica para el concierto de noviembre 13 y 14: “Una batuta mágica es la encargada de ‘tejer’, tonalidad tras tonalidad, un gran ropaje musical cuyos hilos son las obras de Mario Gómez Vignes, Félix Mendelssohn y Piotr Ilich Tchaikovsky. Esa batuta sube al podio de la mano del maestro inglés Robin O’Neill, artista inglés… La batuta del maestro O’Neill dará la entrada a cada uno de los músicos de la Orquesta Filarmónica de Bogotá… La ‘varita’ seguirá tejiendo la melodía con obra de un carácter distinto… La última puntada del maestro O’Neill será para evocar el gran genio artístico…”.

(http://www.filarmonicabogota.gov.co/newsite/content/el-poder-de-la-batuta-para-tejer-un-gran-concierto).

Por: David Feferbaum. Cofundador Centro de Documentación Musical.