EL VOCAL CONSORT DE BERLIN

El ‘lado B’ de la música antigua

El Vocalconsort Berlin con el apoyo del Goethe Institut presentará la gira “Ostertournee”. Los escenarios serán: el Festival de Música Religiosa de Popayán el 25 de marzo; la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango el martes 27; el Festival de Música Religiosa de Marinilla el miércoles 28 y el Encuentro de Música Antigua de Villa De Leyva el viernes 30. Markus Schuck explica los pormenores de la gira.

Por Juan Carlos Garay

El Vocalconsort Berlin es lo que podemos llamar, con exactitud, un coro dinámico. No solamente puede cambiar de número de integrantes según las necesidades (la versión esencial se compone de cuatro voces; la versión grande supera las cuarenta), sino que su repertorio ha sabido abarcar distintas épocas de la historia de la música. En un principio los conocimos por sus grabaciones de los motetes de Bach y las canciones sacras de Gesualdo, ambas para el sello Harmonia Mundi. Era fácil clasificarlos como intérpretes de música antigua y barroca. Pero el año pasado participaron en una puesta en escena de la ópera La zorrita astuta de Leos Janáček, por no hablar de su relación profesional con el compositor contemporáneo Sven Helbig, que ha escrito para ellos un ciclo de canciones sobre bases electrónicas. Lo antiguo y lo reciente: los extremos se tocan.

Los integrantes originales del Vocalconsort se conocieron en el año 2003, cuando el director René Jacobs necesitaba un equipo de voces para escenificar la ópera Orfeo de Monteverdi en el Festival de Música Antigua de Innsbruck. El músico alemán Markus Schuck fue el encargado de juntar todos esos talentos, y así nació el ensamble que este año tendremos oportunidad de apreciar en una gira por Ecuador y Colombia. Es muy significativo que su primera tarea haya sido cantar el Orfeo porque esta obra, estrenada originalmente en 1607, es considerada por muchos estudiosos como la primera ópera de la historia. En otras palabras, empezaron por el principio. Markus Schuck recuerda ese momento: “Es una música fantástica y fue un reto para el coro. Pasa de la felicidad a la más profunda desesperanza y hace que Monteverdi esté ahí, justo al lado de Bach, entre los compositores más grandes”.

La ópera fue a la vez un punto de partida idóneo para el repertorio que abarcarían más adelante. Se dice que géneros como la cantata o el oratorio comparten mucho con el género lírico en cuanto al tratamiento emocional, y que la única razón por la cual no se escenificaron es porque estaban confinados al espacio de las iglesias. “Por ejemplo, las Vísperas de la Beata Virgen de Monteverdi están muy cercanas a la ópera”, afirma Schuck. “Recuerdo que René Jacobs las dirigió en la Staatsoper de Berlín y les pidió a los cantantes que se aprendieran de memoria la partitura y se fueran moviendo por el escenario. Y además había una escenografía. De modo que fue la conexión entre dos géneros”.

Con esa facultad de aproximarse al repertorio antiguo de maneras originales, cuatro cantantes del Vocalconsort Berlin saldrán a presentarse en cuatro rincones de Colombia durante la Semana Santa. El concierto lleva por título “Entre el cielo y la tierra” y está dedicado a compositores poco conocidos del siglo XVI: nombres como Heinrich Isaac, Mathias Eckel o Thomas Stoltzer, que suelen ocupar notas a pie de página en los libros sobre música, se convertirán durante este recital en los protagonistas.

No es fácil encontrar datos biográficos sobre estos músicos, y ni siquiera los buscadores de efemérides se fijaron en un detalle: el año pasado se conmemoraron 500 años de la muerte de Heinrich Isaac. En ningún festival se le hizo un homenaje apropiado. Y eso que una búsqueda exhaustiva arroja algunos resultados interesantes. Por ejemplo, se sabe que Isaac competía por el gusto del público con el gran polifonista Josquin Desprez. Un documento fechado hacia el año 1502 comparaba los dos talentos de la siguiente manera: “Josquin es mejor compositor, pero sólo compone cuando le viene en gana y no cuando se le solicita. Isaac tiene mejor disposición y compone obras nuevas con más frecuencia”.

Si quisiéramos explicarlo en términos discográficos, diríamos que éste es el “lado B” de la música antigua. ¿De dónde vino la idea? Markus Schuck confiesa que tampoco conocía mucho aquella música hasta que vino la sugerencia de hacer algo alrededor de la Semana Santa. Luego de estudiar las partituras concluyó que estas piezas son más importantes de lo que suele pensarse: “La música de estos compositores es muy religiosa; pero por otro lado también es terrenal, emocional, directa. Creo que es un retrato de los sentimientos de la gente de su tiempo. Esta es una historia que empieza en el siglo XIV con la polifonía. Todos estos compositores estaban desarrollando un nuevo estilo, casi una revolución, todo dentro de la Iglesia. Quizá en Alemania era más fácil que en España, donde existía la Inquisición. En cualquier caso, la música de Bach no existiría sin estas raíces”.

Sin embargo, esas raíces se encuentran registradas en partituras añejas, en las que no todos los detalles de la interpretación estaban señalados. El ejercicio de la música antigua requiere por parte del intérprete un conocimiento histórico y una intensa conexión con el pasado más remoto: “Hay que encontrar la velocidad indicada, el tempo indicado, pero la música habla por sí misma”, dice Schuck. “No es como en el Romanticismo, donde existe el rubato y a veces vas lento o a veces rápido según la expresión. Acá uno simplemente siente dónde están los picos. ¿Y cómo se interpreta? Haciéndolo. Cuatro voces reaccionando juntas a la música, igual que hace 600 años”.

Estamos hablando de una época en que la imprenta era un invento relativamente nuevo. Las fuentes de esta música, por lo general, no son folios impresos sino manuscritos que están en los archivos de las bibliotecas y los monasterios. Encontrar estas obras ha implicado también una conexión entre lo oscuro del pasado y lo tecnológico del presente, porque una vez se ubican entra en juego un software muy especial. Así lo explica Markus Schuck: “He tenido acceso a los manuscritos originales, pero los transfiero a la notación moderna: los originales son muy difíciles de leer si no estás acostumbrado. Un musicólogo amigo mío desarrolló un programa que tengo en mi computador. Se alimenta con el documento original y luego separa las voces para que cada cantante tenga su parte”. Música del siglo XVI que puede leerse gracias a la informática del XXI: como ya señalamos, los extremos se tocan.

Este artículo ha sido publicado también en la revista Humboldt del Goethe-Institut Kolumbien.