Jean Rondeau

LA SANGRE NUEVA DEL CLAVECÍN

El clavecinista francés de 25 años llega a Colombia precedido por numerosos reconocimientos que lo muestran como una precoz figura del instrumento en el mundo. En 2012 ganó el primer premio del concurso de clavecín del Festival de Música Antigua de Brujas, el más prestigioso en su categoría; y en el 2015 fue exaltado como revelación entre los solistas instrumentales del año en el premio Victoires de la Musique Classique de Francia. Rondeau se presentará el 1º de marzo en la Sala de Conciertos de la BLAA en el marco del año Francia-Colombia

Uno de los propósitos de Rondeau es contribuir a que el público general y los jóvenes descubran en el clavecín un instrumento fascinante y actual, por eso ha aprovechado la ubicuidad de Internet para poner a disposición varios videos en alta definición con piezas seductoras de Bach, Scarlatti o Rameau. El amplio horizonte de sus intereses lo ha llevado a seguir estudios de filosofía, a fundar un conjunto de música barroca con antiguos compañeros del Conservatorio de París, y a involucrarse en el mundo del jazz en su faceta de pianista.

Usted toca tanto el clavecín como el piano. ¿Cuáles son las principales diferencias técnicas de interpretación de esos dos instrumentos?, ¿cómo pasar sin dificultad del uno al otro?

Son dos instrumentos extremadamente diferentes. Basta con cerrar los ojos para darse cuenta de inmediato hasta qué punto el sonido de esos dos instrumentos no tienen nada que ver entre sí. Del sonido se desprende una técnica propia para cada instrumento.

Lo que hace que pasar del uno al otro no sea siempre sencillo. De mi parte, asocio a cada instrumento un estilo particular: la música barroca en el clavecín, y mayoritariamente la improvisación en el piano. De tal modo que son dos universos que yo intento diferenciar en mi trabajo, si bien es cierto que las cuestiones vinculadas a la improvisación y a la interpretación se nutren mutuamente.

El clavecín ha logrado ocupar un lugar en la escena musical actual, pero a menudo se le considera un artefacto antiguo. ¿Cómo construir una nueva modernidad para el instrumento? El clavecín ha tenido una historia muy singular. Se ausentó durante todo el siglo XIX, es un instrumento que llegó a tener el estatus de un símbolo social (por ejemplo en Francia durante el Antiguo Régimen). En mi opinión es importante conocer la historia de este instrumento, su recorrido, para entender el lugar que ocupa hoy.

Sin embargo, los instrumentos musicales forzosamente son contemporáneos desde el momento en que son tocados. Los instrumentos renuevan la creación constantemente. Un instrumento del pasado sería aquel que permaneciera sin ser tocado. ¿Podría pensarse algún día que el canto pertenece a otra época? Imposible. Yo creo que pasa lo mismo con todos los instrumentos sin importar cual sea su historia.

Usted va a tocar en Bogotá piezas de F. Couperin. Con respecto a eso, ¿qué influencia tuvo en usted su profesora Blandine Verlet, una especialista en la materia? La enseñanza de Blandine Verlet ha sido absolutamente fundamental para mí. Ella me enseñó principalmente a asumir una posición con respecto a lo que yo estuviera trabajando, a tener una relación honesta con lo que aprehendía, a tener un acercamiento preciso al texto musical e igualmente al texto barroco y, desde luego, ese aspecto engloba la música de François Couperin, que ella quería y todavía quiere muchísimo.

En el programa también encontraremos a Rameau, al lado de un compositor menos conocido como Royer, ¿qué puede decirnos a propósito de ellos?

Rameau y Royer son dos compositores que vivieron en la misma época. Ellos tienen muchos puntos en común: un estilo preciso y ambos fueron compositores de ópera. Sin embargo, se diferencian en varios puntos, particularmente en su carácter y en su trayectoria. Y el carácter de cada uno se La Digitale. expresa en su música. Royer, el buen alumno, profesor de la Academia Real, compositor reconocido y constante; Rameau, el marginal y temperamental, con una acogida de sus obras variable por parte del público de su tiempo.

En el siglo XIX, la Chacona de la Partita para violín solo n° 2 de Bach fue transcrita al piano por Johannes Brahms. ¿Fue difícil para usted adaptar esta versión pianística al clavecín? En efecto, esta versión se ha hecho únicamente para la mano izquierda. Sin embargo, yo la toco en el clavecín con las dos manos. Al no tener el clavecín un pedal de resonancia, se perdería mucho del hilo conductor de la pieza, de su discurso armónico, si me empeñara en el intento de tocarla con una sola mano. Pero, además, al haber escrito Brahms esta versión para una sola mano nos está invitando de forma natural a estar muy cerca del texto original para violín. Es la razón por la cual he escogido esta transcripción entre tantas otras.

¿Aún está muy presente en su memoria el momento en el cual escuchó por primera vez el clavecín en la radio, cuando usted tenía seis años?

Eso fue como un amor a primera vista bastante irracional que no se puede explicar sino por sensaciones fragmentarias. Fue como un sueño, un recuerdo soñado e ingrávido.