IL GARDELLINO y su versión de lo auténtico.

El miércoles 23 de octubre se presentará en la Sala de Conciertos Luis Ángel Arango el ensamble de música antigua Il Gardellino con obras de Johann Sebastian Bach.

Por Sebastián Wanumen

En 1728, el impresor francés Le Cène publicó en Amsterdam el Concierto para flauta de Antonio Vivaldi subtitulado ‘Il Gardellino’. El concierto debía su nombre a la clara referencia melódica que se hace al jilguero, o en italiano, al gardellino. Doscientos sesenta años más tarde, el oboísta Marcel Ponseele y el flautista Jan De Winne, ambos de origen belga, llamaron a su recién creado ensamble de música antigua Il Gardellino; un homenaje al compositor italiano cuya música perdura hasta nuestros días. En 2001, bajo el sello belga Etcétera, Ponseele y De Winne graban este y otros conciertos de Vivaldi. Desde entonces, este ensamble ha ganado renombre no solo en Europa sino también en Latino América, Estados Unidos, Israel y Japón.

Evidentemente, al oír los discos de Il Gardellino, es posible imaginarse la Venecia de aire vivaldiano del siglo XVII y XVIII. Sin embargo, es necesario que como público nos preguntemos si es la intención de Il Gardellino interpretar “auténticamente” el Concierto para flauta de Vivaldi y las obras de sus contemporáneos. Y aún más importante es preguntarnos si en un concierto lograremos oír un pasado verosímil y si este será el racero para juzgar una interpretación. La crítica internacional suele alagar a este tipo de ensambles por perseguir la “autenticidad histórica” y “revivir el pasado”, tareas que no solo son imposibles sino también ilusorias. Al fin y al cabo, ni las ideas de Vivaldi, ni las de ningún otro compositor de la época, han llegado a nuestro presente sin algún tipo de mediación o subjetividad involucrada en el camino.

No obstante, el mérito de Il Gardellino, según ellos mismos, es que su “filosofía puede ser comparada con un volcán activo: que se recrea y renueva continuamente”. A través de la investigación histórica, el ensamble adapta sus interpretaciones al estilo de la época correspondiente mientras crea “un mundo sonoro que es propiamente de ellos”. Tales afirmaciones desafían una idea que se ha establecido en el mundo de la música (tanto en el de la música antigua como en el de la música clásica) y es el de recrear un pasado imaginado, una tradición inmediata, una auténtica forma de tocar. Los trabajos discográficos de Il Gardellino (un total de veintiocho) demuestran que no buscan tocar como las orquestas que dirigía Vivaldi y, por el contrario, se han concentrado en ser ellos mismos. Su autenticidad proviene, no de las fuentes musicológicas que cabalmente estudian, sino de su instinto artístico. Es decir, la importancia de Il Gardellino no son sus bien documentadas versiones, sino su capacidad de aceptar que el pasado no regresará y, en cambio, de establecer diálogos y relaciones con el presente a través de su música; además de interactuar constantemente con un público contemporáneo.

El alejarse de los absolutos que el Il Gardellino profesa se evidencia también en el mismo Marcel Ponseele. Él no solo es intérprete, sino que también es el constructor de sus propios instrumentos. Con dieciocho años, Ponseele estaba fascinado por los instrumentos del famoso constructor belga Paul Dombrecht, por lo que le encarga un oboe, sin embargo, entra a una lista de espera y su instrumento no estaría terminado sino hasta tres años después. Con la audacia más grande, sin ganas de esperar y la ayuda de su padre, Ponseele construye su primer oboe; una tarea que aún realiza junto con su hermano Francis, produciendo actualmente unos cincuenta instrumentos al año. Pero su gusto musical también es flexible. En el disco de Il Gardellino, Conciertos del oboe barroco de 2003 del sello Accent, Ponseele escoge una obra interesante para cerrar, Oblivion del argentino Astor Piazzola.

Il Gardellino, que se presentará en Bogotá en la Biblioteca Luis Ángel Arango, ya ha establecido una relación importante con Colombia. En abril de 2016, El Centro Cultural de la Universidad de los Andes trajo al ensamble para interpretar sus versiones en el Auditorio Mario Laserna. Adicionalmente, el concierto fue acompañado por clases magistrales para músicos colombianos, una práctica pedagógica ya normalizada para el ensamble que se dará en esta ocasión a modo de conversatorio.

De esta manera, si la autenticidad estilística de Il Gardellino pasa a un segundo plano, y reconocemos su propuesta como parcialmente histórica, parcialmente moderna, abrimos paso a que los paisajes sonoros se diversifiquen. Como resultado, la oferta cultural crece y el espacio para nuestros maravillosos ensambles colombianos de este repertorio, como el Ensamble Barroco de Bogotá, La Folia Banda Barroca, Extempore o Musica Ficta, también aumenta. Sin duda alguna, el aporte de Il Gardellino es una música de un pasado soñado, pero también la invitación a oír un presente de sonoridades infinitas que interactúan con tiempos y distancias lejanas.