Salieri y Mozart

La escandalosa verdad

“El mundo moderno no será castigado. Es el castigo mismo”
Nicolás Gómez Dávila

Teatro-de-la-Sacla
Teatro de La Scala

A decir verdad, la construcción de las carreras artísticas en el siglo XX era mucho más fácil: para hacerse con una carrera mundial los músicos sólo debían estar impulsados políticamente, maniobrar a través de las cruentas sediciones internacionales, ser ricos o económicamente independientes, mantenerse relativamente sexys, refugiarse al amparo tributario de las fundaciones, casarse convenientemente, contratar un manager inescrupuloso que los posicionara en medios y disqueras, cumplir con los favores obligados (políticos, sexuales, laborales), contar con un nutrido equipo de branding y merchandising, acceder a una posición académica vitalicia y enfrentar públicamente a la fiera competencia en eventos arreglados como concursos, simposios, festivales y certámenes (aparte de tocar y cantar gloriosamente). Pero eso era todo. En el siglo XXI la rebatiña es de lejos mucho más difícil… casi tanto como en los tiempos de Mozart y Antonio salieri.

Una mirada objetiva a las vidas de Mozart y salieri revela que las trágicas desventuras a las que tuvieron que someterse para sobrevivir al Establishment de su tiempo son tan lamentables e insólitas como las que tiene que padecer el artista de hoy. Y cabe preguntarse qué tan verídica es la historia de Amadeus.

Amadeus es una obra maestra de ficción, musicalmente regia y bien documentada, realizada con pasión y detallismo, que logró fijar los nombres de Mozart y salieri en el imaginario popular, invitando al grueso del público a relacionarse con la música y avatares culturales del siglo XVIII de una manera didáctica… pero es ficción, no documental; es biografía novelada y novela histórica; sus personajes son simbólicos, no literales, ni tienen por qué serlo.

Ahora bien, el verdadero salieri fue radicalmente distinto del personaje de la película, pero no menos fascinante. Tuvo una vida tan accidentada como la del propio Mozart, e igualmente intensa. Así como Mozart tuvo grandes dificultades para encontrar un empleo digno como músico (¡!) también salieri trabajó décadas como sirviente antes de lograr una colocación digna; y así como Mozart fue perseguido por el obtuso cura Colloredo, también salieri fue perseguido por parásitos maquiavélicos de la Corte (en especial el Conde Orsini-Rosenberg), quienes diariamente urdían planes y obstáculos burocráticos para hundirlo.

En lo humano, salieri fue un hombre virtuoso y contrito; un trabajador incansable, sensible y en ninguna medida mediocre; capaz de una enorme generosidad, jamás olvidaba un gesto amable. Huérfano y desposeído a los 11 años, salieri quedó a merced de las almas caritativas que lo acogieron. Décadas después, arregló pensiones vitalicias –de su propio salario– para mantener a las viudas y huérfanos de quienes le habían tendido una mano en los momentos difíciles. Ya adulto (al comisionársele el estreno del Teatro La scala), salieri fue sorprendido por un joven compositor mendicante, que había esperado dicha comisión para salir de la miseria. salieri compartió su éxito, contratando al pobre músico de copista, como pretexto para pagarle una porción del salario recibido por el estreno. Anécdotas como estas son profundamente connotativas de su carácter.

Desde los 11 años salieri hubo de cambiar muchas veces de hogar: de la finca de su padre (de donde viene lo bucólico de su música), pasó a vivir en un monasterio con el hermano mayor, y de ahí a un palacio veneciano al ampararlo el aristócrata Mocenigo, y de ahí a Viena al acogerlo el músico Gassmann, y de ahí a la Corte Imperial al recibirlo el Emperador, y de ahí a París al protegerlo Gluck, y de ahí a Versalles al llamarlo María Antonieta, y así sucesivamente. Así recibió la más cosmopolita educación imaginable. Fue un hombre de mundo, que conoció la riqueza tanto como la miseria, sin envidiar la riqueza estando en la miseria, ni olvidar la miseria al alcanzar la riqueza.   

En lo musical, salieri se nutrió del Barroco, amaba profundamente el canto, siendo él mismo un estupendo cantante desde niño (al punto que se llegó a pensar en castrarlo para preservar su bella voz). Admiraba la ópera como obra de arte máxima y fue un representante del Rococó tardío, muy influenciado por el naciente estilo burgués de finales de siglo. En su vasta producción instrumental y vocal se sienten claramente las dos tendencias estéticas que conformaron su estilo tan particular: Metastasio y Gluck.

En lo social, no fueron sólo los Habsburgo, los Borbones y las grandes cortes quienes admiraron unánimemente a salieri, sino también los artistas e intelectuales de su tiempo. Gluck lo tenía en tan alta estima que lo contrató de ghostwriter (varias arias que se suponen de Gluck, y dos óperas completas, fueron escritas en realidad por salieri). Haydn lo admiraba tanto que le pidió dirigir su Creación en 1808, para su despedida de la sociedad. salieri aceptó dirigir, a condición de que no se le pagara y los fondos fueran donados a las instituciones benéficas que administraba, como el asilo de músicos desempleados; Haydn consideró un gran honor ambos gestos, y al concierto asistió cada músico de Viena, incluyendo el ya enfermo Beethoven (sería la última aparición de Haydn en público).

El mismo Beethoven dedicó varias sonatas a salieri y fue su estudiante varios años, como también Schubert, Czerny, Liszt y el propio hijo de Mozart (Franz Xavier), entre tantos otros. Anótese de paso que salieri –a pesar de ser el profesor de canto, composición y teclado más apetecido en Austria– no le cobraba a sus buenos estudiantes, salvo a los muy ricos, por considerar la enseñanza un deber moral de agradecimiento a Dios.

salieri admiró sinceramente a Mozart. Se vieron por primera vez de niños, en la Corte: Mozart tenía unos 7 años y salieri unos 16. No hubo el más mínimo contacto ni animosidad entre ellos. Muchas veces más, ya en la vida profesional, los genios se encontraron y hasta trabajaron juntos en los términos más civiles. Es cierto que Mozart aspiró en alguna ocasión a posiciones que le fueron otorgadas a salieri, pero la realidad es que ninguno de los músicos tenía la más mínima incidencia en la toma de estas decisiones: ambos estaban sujetos al gusto y capricho del poder, y ambos fueron víctimas de los mediocres mandos medios de su tiempo.

Por ejemplo, sucedió una vez que unos nobles buscaban profesor de clavecín para su joven hija, la princesa Elizabeth de Württenberg; ambas hojas de vida resultaron sobre la mesa. A los ojos de la nobleza, salieri tenía mejores referencias porque era el músico del Emperador y toda Europa toda lo aclamaba, mientras Mozart era un músico de Salzburgo que trabajaba para un cura Colloredo, quien no daba las mejores recomendaciones. salieri era devoto, felizmente casado, padre de ocho hijos y famoso por su rectitud ética, mientras se rumoraba que Mozart bebía y se rodeaba de personas de dudosa reputación, incluso revolucionarios. Es natural pensar que los padres de la princesa escogieran, desde esa perspectiva, a salieri.

No puede decirse que Mozart fuera mejor que salieri, ni que salieri fuera peor que Mozart, pues en arte no hay comparaciones. Más interesante resulta advertirse de las grandes similitudes de ambos genios en lo humano. Ambos fueron espíritus nobles, y por lo mismo fueron arrastrados por el fango. Juntos conocieron el dolor de la pérdida (de sus hijos, por ejemplo), y ambos fueron víctimas del Establishment que les tocó en suerte. Mozart padeció innominables sufrimientos por erguirse como artista independiente, pero salieri también padeció como sirviente; Mozart fue humillado y perseguido por quienes no podían entenderlo y eran peores que él, pero salieri sobrevivió a Mozart sólo para continuar viviendo en la perpetua incertidumbre de las intrigas de la corte, donde cada día de su vida se fraguaban planes y maquinaciones para verlo caer.

De viejo a salieri lo contentaban los paseos en la naturaleza (un hábito de toda su vida) y tocar música de cámara con sus amigos (sabemos precisamente que se reunían a tocar Handel y Gluck). Con la edad salieri quedó paralizado, pero siguió enseñando hasta que sufrió alguna especie de Alzheimer (los reportes médicos mencionan “momentos de confusión y olvido”). Los momentos de lucidez eran tan angustiantes como los de olvido, pues el remedio en esa época era la reclusión absoluta en un sanatorio, sin visitas de amigos ni familiares. A este indigno fin, fue añadida aún otra pena: llegaron a sus oídos las noticias de un terrible rumor, una malintencionada calumnia según la cual él había envenenado a Mozart. Esto causó una severa depresión a salieri: precisamente él, que había luchado toda su vida por sobreponerse a sus circunstancias de una manera digna, que había admirado a Mozart y ayudado a tantos músicos, que había alabado a Dios y procurado una vida recta y agradecida, ahora era vituperado por la sociedad que otrora lo aplaudiera, acusado de asesino y abandonado en una celda para morir en la ignominia.

Hace poco Andreas Staier grabó magistralmente sus conciertos para pianoforte acompañado por Concerto Köln; Cecilia Bartoli grabó una bellísima selección de sus arias operáticas, seguida de una emocionante película titulada ¿Por qué Salieri, señora Bartoli? (con Gerard Depardieu en el papel de salieri); y Riccardo Muti dirigió en 2004 Europa Riconosciuta, para la reapertura del teatro más célebre del mundo, La Scala de Milán. Fue un evento tan magnificente que haría palidecer hasta a los festivales más pretenciosos: a rendirle homenaje a salieri fueron las más encumbradas personalidades de Occidente; escucharon una orquesta y coro multitudinarios (constituidos solo por estrellas); dos clavecines acompañaban en el bajo continuo, una decoración de 61 millones de euros embellecía la sala, veinte mil rosas importadas decoraban la fachada, 800 escoltas aseguraban el teatro y 150 policías acordonaban a una multitud que clamaba afuera por una legislación laboral más digna… Y al preguntársele al maestro Muti por qué tanto lujo, contestó sin dudar: “Por la brillantez de su trabajo Salieri merece todo nuestro homenaje, no sólo porque inauguró La Scala hace 236 años, sino porque su repertorio es extraordinario; nada tiene que envidiarle a Mozart”.

Pero para entender a un ser humano hay que saber cuáles son los anhelos que desea realizar. Que su vida tenga o no sentido para él mismo (no para nosotros), depende de si puede realizar estos anhelos y en qué medida lo consigue. Es verdad que con los siglos el mundo reconoció el valor infinito de Mozart, y también es cierto que salieri ha empezado a ser recuperado; pero eso no es consuelo para ellos: la injusticia cometida jamás podrá ser resarcida porque están muertos. Hay que preguntarse entonces qué es lo que Mozart y salieri entendían por la realización o pérdida del sentido de su propia existencia, con independencia de nuestros pareceres. Solo así podremos ver la escandalosa verdad detrás del mito de Mozart y salieri: que tienen en común el haber sido genios conscientes de su propia valía, y el haber sido asesinados por su propia sociedad indolente; que le dieron todo a la humanidad, y la humanidad así les pagó. Ambos murieron avasallados por un profundo sentimiento de fracaso, simplemente porque la maldad, estupidez y mediocridad de sus contemporáneos los despropiaron del reconocimiento, la aceptación, el sentido de valor propio, la posición en el mundo y la dignidad humana que les correspondía, para vergüenza de la raza humana. En efecto ¡Cuán poco ha cambiado todo desde los tiempos de salieri y Mozart!