El vuelo final de New Bird

Phil Woods

“Parker era Dios y yo su mensajero”.

El pasado 4 de septiembre al termino de un concierto ofrecido en la ciudad de Pittsburg, el saxofonista norteamericano Phil Woods anunciaba su retiro de la escena del jazz. El pura sangre por excelencia de los parkerianos, el autor de Goodbye Mr Evans, el sobreviviente de la tripleta de saxos: Adderley, McLean, Woods, que compartieron el mote de “New Bird” (al menos temporalmente), decía adiós a los escenarios. Su versión de Charlie Parker on Strings, el clásico vinilo de “Bird” (Charlie Parker), fue el repertorio que escogió para su despedida; un homenaje al músico que cambió el rumbo del jazz y de paso el de su vida.

Y es que el canto del cisne no podía ser otro para quien declaró sin recato alguno que Charlie Parker era Dios, y él su mensajero. Parker y “New Bird” cruzaron sus caminos en Nueva York por la década del cincuenta. Woods recién llegaba a la Gran Manzana para continuar sus estudios en la prestigiosa Juliard  School, que por aquella época no contaba con profesores de saxofón. Entonces, el joven clarinetista/saxofonista optó por alternar la academia con las jam sessions, y la forma sonata con las treinta y dos barras.

 

Tocó con Parker, vivió con Parker, conoció la tragedia desde el otro lado, “yo sí puedo decir que conozco el trasfondo de la historia”. Poco tiempo después del deceso de “Bird”, Woods se convertiría en el padrastro de sus hijos, tras contraer matrimonio con Chan, la viuda de su ídolo.

La dificultad para hacerse a un nombre lo llevó en 1958 a fijar su residencia en Paris. Lejos de los Estados Unidos podía sacudirse, por lo menos hasta cierto punto, la etiqueta de músico del bebop. Es así como funda la Europa Rhythm Machine, integrada por el pianista Gordon Beckham, el contrabajista Henri Texier y el baterista Daniel Humair, sin duda su faceta más experimental.

En 1972 recoge sus pasos y regresa del exilio. Luego de una irrelevante  incursión en el mundo de los instrumentos electrónicos se acerca de nuevo al bop y conforma su legendario cuarteto junto al pianista Mike Melillo.  Fue una buena época para Woods. Sus álbumes At the Vanguard, More Live y Live form the showboat obtienen el premio Grammy, al igual que Images, LP  grabado junto al pianista Michel Legrand en 1975. Incluso, la canción Just The Way You Are de Billy Joel, en la que Woods hace aquel famoso solo, obtuvo dos premios Grammy (mejor canción y grabación del año) luego de ubicarse en el primer lugar de Billboard en 1977.

El prestigio de Woods como leyenda viva del jazz quedo ratificado hacia el final de la década del ochenta, con una serie de álbumes brillantes que grabó en vivo junto al Phil Woods Quintet, combo que fue catalogado por varios como el mejor “grupo pequeño” de jazz, en el que tocaba al lado del baterista Bill Goodwin, hermano de su segunda esposa.  Bouquet, Flash,  Flowers for Hodges, You and the Night and the Music son algunos de los álbumes que consolidaron el prestigio del quinteto, y por supuesto, también la reputación de Woods como el gran saxo alto del jazz, venerado e imitado por adeptos de la talla de Richie Cole.

Vino entonces el reconocimiento oficial. En 2007 Phil Evans Woods fue galardonado con el NEA ( El Fondo Nacional Para las Artes del Gobierno Federal de los Estados Unidos), premio que han recibido jazzístas del calibre de Count Basie, Dave Brubeck, Dizzy Gillespie o Ella Fitzgerald.

Quizás, como una manera de devolver el favor que los “dioses” le habían concedido, Woods ejercería como maestro-residente al rededor del mundo. Cuánto tenia por decir un músico que había formado filas de Big Bands tan diversas como las de Charlie Barnet, Dizzy Gillespie, Thelonius Monk, Quincy Jones, Benny Goodman y Buddy Riich; o tocado junto a músicos tan heterogéneos como Tito Puente, Stephane Grappelli, Enrico Pieranuzzi o Gene Quill; y claro, Charlie Parker.

El pasado cuatro de septiembre terminaba  la carrera de una de las leyendas vivas del jazz. Todo empezó a los doce años, el día en que heredó el viejo saxo de su tío. Desde ese instante dice no recordar otra cosa que hubiera deseado más. Buscando en la guía telefónica encontraría a su primer maestro, quien le enseñó las grabaciones de Johnny Hodges y Benny Carter, los primeros modelos antes de doblar camino tras su encuentro con Parker. Décadas después, el mismo Carter presentaría a Woods como a uno de sus ídolos.

El vuelo ascendente de “New Bird” parecía imparable. Sólo un enfisema pulmonar lo atajó obligándolo a sumar una bala de oxigeno a su equipaje de concierto. El 29 del mismo mes, quince días después de que el sonido de su saxo se apagara y tras negarse a continuar con el tratamiento médico, su vida, a los 83 años también lo hacia. Con toda seguridad esta había cesado al mismo tiempo que el sonido de su instrumento, sonido que, en opinión de quien escribe estas lineas, fue capaz de emitir el bramido más elegante que saxo alto haya proferido en la historia del jazz. Goodbye Mr Woods.

Por: Iván R. Contreras-. Director TEMPO