Esperanza…

Apunto de un regreso a Bogotá que seguramente permitirá al público un contacto más íntimo con el trabajo y con la identidad musical de Esperanza Spalding, luego de una fugaz aparición el año anterior en el escenario de Jazz al Parque, asumo estas líneas como una especie de aterrizaje sobre una historia cuyos alcances no pudimos anticipar en el momento en que asomó tímidamente su instrumento en nuestros ámbitos.

No ha sido la primera vez que un artista sube al escenario para probar sonido sobre las directrices de un solista que viene a presentar su última grabación, y que ha echado mano de algunos compañeros de viaje y aventura que sirvan adecuadamente a su propósito: ese fue el caso de Esperanza al ocupar su lugar, en el año 2007, sobre la escena del Teatro Libre para acompañar a Niño Josele en la presentación condensada del álbum Paz que había grabado el año anterior, basado en una de las geniales ideas de Fernando Trueba para su sello discográfico Calle 54. En esa ocasión,

Esperanza Spalding hizo parte de un trío que Josele completó con el monumental Horacio “El Negro” Hernández. Por supuesto, la figura esbelta que todavía conserva competía y ganaba a la belleza del contrabajo, coronada por un peinado afro que develaba sus orígenes en un desaparecido ghetto de Portland… era un gran espectáculo ver a Spalding aportando los cimientos de una locura como era entonces desdoblar a Bill Evans en las notas de una guitarra flamenca. Ella era ese polo a tierra que exigía el proyecto que, en su versión original, descansó en los aportes de genios entre los que se encontraban Jerry González, Freddie Cole, Marc Johnson, Joe Lovano, Estrella Morente y el propio Hernández. Esperanza cargó con todo el andamiaje y lo hizo con creces, no en vano se asomaba a su debut discográfico ese mismo año con Junjo.

Venía pues Esperanza de una relación difícil e inconclusa con su etapa escolar de la cual quedó, para fortuna de todos, la relación con su instrumento tras haber dedicado esfuerzos al violín. A los dieciséis años se vinculó con la Universidad de Portland para tomar unas clases y tres años después, en el 2005, fue contratada como instructora en el prestigioso Berklee College of Music de Boston.

Vinieron casi inmediatamente después las giras con personajes como Lovano, Patti Austin, Michel Camilo, Charlie Haden, Regina Carter, Pat Metheny, Dave Samuels, Josele y algunos otros que, si bien miramos, representan una escuela inmejorable y un puñado de lenguajes en los que vienen prácticamente todos los secretos. Junjo es el producto de la grabación en Barcelona, al lado de su propio trío completado por Aruan Ortiz en el piano y Francisco Mela en la batería; un álbum que, para ser una ópera prima, muestra una madurez sorprendente por la riqueza de su composición.

Pensaría que Esperanza Spalding le da un orden arbitrario a su aventura discográfica si consideramos que, a diferencia de un debut con temas propios, su segundo álbum grabado en el 2008, llamado Esperanza, se adentra en la revisión

de temas consagrados del American Songbook, del bebop y de tradiciones brasileñas tan especiales como son las de Antonio Carlos Jobim y Milton Nascimento, cuya Ponta de Areia inaugura esta segunda producción, ahora de sexteto; un álbum introspectivo, delicioso y con claras reminiscencias del idílico sonido de un jazz humeante de media noche.

La ambición de la artista la lleva a estrenar en el mes de agosto del 2010 el álbum Chamber Music Society, el cual traza el camino que emprenderá Esperanza, no sólo en la construcción de un lenguaje musical, sino en la búsqueda de una identidad artística que le dé un lugar propio en los anales del jazz. Este tercer disco, publicado por Heads Up International, inicia con la canción Little Fly, originalmente un poema de William Blake, y sobre la cual se hizo un video muy particular. Para este álbum se hizo una edición en vinilo muy apreciada por coleccionistas, entre otras cosas por la participación vocal de Milton Nascimento, refrendando con ello el interés y el amor de la artista por la música de Brasil. La frecuencia bianual con la que Esperanza Spalding acostumbró a su público se resuelve en el 2012 con Radio Music Society, disco que se anunció desde la producción anterior con el tema Morning, y por el cual su público tuvo que esperar tres años para ver reaparecer a una artista renovada.

Emily’s D+Evolution del año 2015 es más que un disco o un simple proyecto de grabación. Es, según algunas publicaciones especializadas del jazz de Nueva York, un despertar del niño interior que habita en la artista, es un retrato auditivo que la ubica en la música y en la narrativa literaria a través de una suerte de actuación que se define en el escenario. Esperanza ha creado esta vez con su segundo nombre, a Emily, un personaje diferente a partir de sí misma.

Cinco álbumes solistas y siete colaboraciones que le han permitido asentarse cómodamente en los sonidos de algunos de sus maestros y de sus contemporáneos, con apenas 31 años de edad, la dotan de un desarrollo ideal, tanto en la interpretación y colaboración con las ideas de otros, como en la construcción de una carrera personal como intérprete del contrabajo y en su oficio de compositora

y cantante. Su trabajo se basa en las tradiciones del jazz, pero es claro que no le interesan ni las ataduras ni la filiación obligante con estilos o corrientes preconcebidas; su éxito se ha levantado

y se sostiene en cuatro premios Grammy, que le han permitido, además, ocupar los escenarios de la ceremonia de entrega de los premios Oscar, la gala ceremonial de los premios Nobel en la ciudad de Estocolmo, la celebración del Día Internacional del Jazz en la Casa Blanca y asistir de igual a igual con su talento al lado de grandes artistas, que van desde el recién desaparecido Prince hasta esa especie de gurú consagratorio que es el maestro Wayne Shorter.