EL JAZZ DE TIERRA FRÍA

Espen Eriksen Trio

El pianista noruego Espen Eriksen será el encargado de cerrar la edición número 30 del Festival Internacional de Jazz. Lo acompañarán Lars Tormod Jenset en el contrabajo y Andreas Bue en la batería.

Por: Luis Daniel Vega

Frente a un suculento plato de sancocho que se despacha en un restaurante costeño en Chapinero, el noruego Paal Nilssen- Love expone una teoría disparatada acerca del origen del jazz. Con seriedad contenida, afirma que en las intrépidas exploraciones de los vikingos en el Atlántico Norte, una embarcación llegó por accidente a la región donde luegose asentaría Nueva Orleans. Dice el fabulador que, entre otros pertrechos, llevaban tambores rústicos.

Según Love, en ese momento se plantó la semilla que floreció nueve siglos después. La carcajada del sísmico baterista del trío The Thing –que recientemente se presentó en Bogotá– no se hace esperar. Entonces los comensales entendemos que no se trata de un delirio colonialista. Es la mejor forma que tiene para explicarnos que, a pesar de ser muy joven, el universo escandinavo del jazz tiene vericuetos y enredos históricos fabulosos.

La movida del jazz en Noruega, si bien incipiente, actualmente es una de las más atractivas del planeta. Arriesgan mucho y sus cruces estilísticos que contrastan profundamente con otras escenas a las que se les advierte cierta comodidad y anquilosamiento.

Hasta hace no más de cuarenta años, el jazz noruego empezó a tener figuración. La primera gran manifestación fue la aparición, en 1960, del festival Moldejazz, donde empezaron a hacerse visibles algunas personalidades historicas del

jazz escandinavo: el saxofonista Asmund Bjørken, la cantante Karin Krog, el contrabajista Bjørn Kjellemyr y el saxofonista Jan Garbarek. Este último, figura cimera y fundacional.

De la mano del visionario productor alemán Manfred Eicher –quien en 1969 creó el famoso sello ECM–, Garbarek llamó la atención con Afric pepperbird (1970), un disco revoltoso en el que no solo se reveló un impetuoso saxofonista; también salieron a la luz nombres que ya son leyendas en Noruega: el guitarrista Terje Rypdal, el bajista Arild Adersen y el baterista Jon Christensen. Esta generación inicial –en la que podemos incluir a

Jon Balke, Tore Brunborg Sveinung Hovensjø– representó esa primera oleada de músicos nórdicos que fueron acusados de no hacer jazz en el sentido más estricto. Lo de ellos fue una mezcla controvertida de música de cámara, sonoridades folclóricas escandinavas, free jazz europeo y rock progresivo.

En 1981, cuando no existían disqueras independientes de jazz en Noruega, surgió Odin Records, fundada por la Norwegian Jazz Federation. Odin Records dejó para la posteridad un catálogo que incluyó discos del quinteto Masqualero, de los guitarristas Jon Eberson y Thorgeir Stubø, el quinteto de jazz-rock Cutting Edge, el baterista Espen Rud, el saxofonista Knut Riisnæs y el quinteto 1300 Oslo, entre muchos otros.

En los noventa, una generación reaccionó ante un estilo de jazz que, vale aceptarlo, se fue tornando ascético y excesivamente calculado. La transición la propiciaron personajes como el trompetista Nils Petter Molvær, los guitarristas Eivind Aarset y Christian Wallumrød, asociados ambos a ECM, la cantante Sidsel– Endresen, el contrabajista Ingebrigt Håker Flaten y el pianista Bugge Wesseltoft. Este último es la cabeza de Jazzland, un sello donde no solo se apuntalaron las bases de nu-jazz del nuevo milenio, sino que ha sido la casa de músicos que decidieron explorar

las vertientes más radicales del free norteamericano, el noise, el rock y la escuela de la libre improvisación europea. De la cosecha de Jazzland vale la pena mencionar el cuarteto Shining, la pianista Maria Kannegard, el turbulento quinteto Atomic, el pianista Håvard Wiik, la cantante Maria Roggen, y el trío Wibutee, por nombrar algunos de los músicos que hoy son referencia inevitable en el panorama del jazz europeo. Junto al sello de Wesseltoft, vale la pena citar casas discográficas más discretas como Losen Records, Innear Ear, Jazzaway, All Ice Records, Ponca Jazz Records, NorCD, Smalltown Superjazz y, especialmente, Rune Grammofon.

Fundado en 1998 por Rune Kristoffersen, el sello Rune Grammofon debe su reputación al amplio rango de posibilidades de su catálogo que es, a la vez, atrevido y sorpresivo. Entre la experimentación electrónica, el jazz y la música improvisada, la rúbrica también se la ha jugado por el contraste, pues, alberga en su catálogo, tanto la fuerza telúrica de bandas como Supersilent y Fire!, como el trabajo sosegado y atmosférico del trío del pianista Espen Eriksen, quien llega a Bogotá en el marco de una edición más del Festival Internacional de Jazz del Teatro Libre.

Formado hace una década por Espen Eriksen en el piano, Lars Tormod Jenset en el contrabajo y Andreas Bue en la batería, este trío ha sido aclamado como una de las manifestaciones más frescas y creativas del jazz contemporáneo. Desde su debut en el año 2012 con el disco What took you so long, el trío retoma desde la melancolía elementos del folclor escandinavo y los pone a dialogar con algo que podríamos llamar pop-jazz. Y en eso este grupo difiere de la tendencia noruega a los paisajes sonoros arrebatados. En la tradición de Tord Gustavsen y el sueco Esbjörn Svensson, esta agrupación es una joya prístina que se abre espacio con una rara fuerza elemental y serena. Casi como un melancólico paisaje glacial.