Antonio Arnedo

La huella del Jazz Colombiano

“Por curioso que parezca, la semilla de Travesía hay que buscarla en el disco Clásicos de la Provincia, publicado por Carlos Vives en 1993”.

Material de prensa Festval de Cartagena
Antonio Arnedo

En cuestión de meses se cumplirán veinte años de la publicación de Travesía, el primer disco del saxofonista Antonio Arnedo.Y si en este país hubiera más audiófilos y coleccionistas, ya estarían anunciando una edición conmemorativa, con sonido remasterizado, nuevas notas interiores y el regalo añadido de un bonus track: Stella by Starlight, que se grabó pero no quedó en el disco final.

No es exagerado. Al despuntar el siglo XXI, la revista Semana lo contó entre los 25 mejores discos colombianos del último cuarto de siglo; es cada vez más una referencia obligada para estudiantes de jazz en nuestro país (“me han llegado transcripciones de un nivel de detalle impresionante”, dice el músico) y, dada la curiosidad internacional, fue lanzado recientemente en iTunes y otras plataformas digitales.

Cuando le recuerdo a Arnedo que está próximo el aniversario, sonríe como subrayando la ironía del asunto. No es el tema del que más quisiera hablar, sobre todo ahora que lidera el Colectivo Colombia, esa formación imponente que lo une con algunas de las figuras más relevantes de nuestro panorama contemporáneo, y que se lució en el pasado festival Jazz Al Parque. A muchos artistas no les gusta mirar al pasado, así que conciliamos: primero él me regala sus recuerdos de lo que sucedió hace dos décadas con su primer disco, y luego abordaremos su proyecto actual.

TRAVESÍA

Por curioso que parezca, la semilla de Travesía hay que buscarla en el disco Clásicos de la Provincia, publicado por Carlos Vives en 1993. Antonio Arnedo nunca fue parte del grupo La Provincia, pero participó en las grabaciones: sin ir más lejos, el solo de gaita que se oye al comienzo de La gota fría es suyo. Ese paso por los estudios de grabación, en un ambiente de música colombiana, hizo que Arnedo empezara a considerar hacer su propio ejercicio. Tendría que ser algo ideado desde su lenguaje del jazz, pero sin olvidar sus raíces.

“Se abrió la posibilidad de hacer un disco que tuviera que ver con músicas colombianas”, cuenta. Y no demoraron en aparecer el percusionista y el bajista que terminaron tocando en la grabación. Incluso, como una curiosidad, existió un primer intento de agregar piano, un instrumento del que después Arnedo prescindió en casi diez años de carrera. “Empecé a reunirme con Satoshi Takeishi y Jairo Moreno. Hicimos unas tres o cuatro grabaciones juntos, como pequeños bocetos de lo que podría ser. Una de esas grabaciones se hizo en el 95 con Héctor Martignon en el piano: esa es la primera vez que grabamos Travesía. O sea, temas como El ciclo y El pescador se grabaron primero con piano. Pero esa grabación yo la deseché porque sonaba más cercana a las músicas afrocubanas”.

Una vez que hubo claridad respecto al sonido que se quería, se programó la sesión definitiva en los estudios Systems Two de Brooklyn, Nueva York. Era mayo de 1996. Para ese momento, el rol melódico del piano había pasado a suplirlo la guitarra del norteamericano Ben Monder. Así lo recuerda Arnedo: “Llegué un domingo. Teníamos ensayo el lunes al mediodía en la casa de Ben, una hora para ver la música, y al día siguiente teníamos la sesión de estudio. O sea que el disco se generó ahí, en esa hora. En la noche terminamos de ajustar algunas cosas con Jairo, entre ellas el arreglo de Mi Buenaventura y Andanzas, que es uno de los temas más difíciles del disco, y de lo más difícil que yo he escrito. De hecho, Ben siempre lo llamó ‘the scary one’ (el aterrador). Llegamos al estudio con una misión muy precisa, y era grabar todo lo que nos habíamos propuesto. La idea de que tenía que quedar, ese grado de concentración, hacen de ese trabajo algo mágico”.

A los pocos meses salió publicado. Lo extraño es que no puede hablarse de un disco pionero ni aislado en el panorama del jazz colombiano, porque alrededor de esa fecha también aparecieron Imágenes de Luis Fernando Franco, Privilegio de Edy Martínez y Como un libro abierto de Oscar Acevedo. Lo que hacía especial el trabajo de Arnedo era una orientación hacia la propia tierra. Todo era compuesto sobre bases de porro, bambuco, currulao, cumbia. En los años noventa, si había un documento que se cuestionara y a la vez propusiera una definición del jazz colombiano, ese era Travesía.

EL COLECTIVO COLOMBIA

Para el año 2003, aquella idea había evolucionado tanto que el saxofonista organizó un concierto en el Teatro Colón en que daba cabida a otros grandes solistas de la música colombiana. Hubo tiple, cuatro llanero, gaitas de millo… y no todo giraba alrededor de la música de Arnedo, sino que cada invitado aportaba a la fiesta, llevando al escenario sus propias creaciones. La idea era unir fuerzas, promocionar los trabajos de cada uno y sumar públicos. Aquella fue la primera encarnación del Colectivo Colombia.

¿Quería Arnedo conformar un sindicato? “Una cooperativa más bien”, puntualiza. “El Colectivo pretendía que cada proyecto se mantuviese, pero que pudiéramos cruzar experiencias de creación, de investigación”. Sin embargo, la combinación de labores artísticas y administrativas demostró ser algo muy complejo, y una crisis personal llegó para terminar de cerrar aquel capítulo. El nombre de Colectivo Colombia solo volvió a mencionarse en este último año, cuando los medios destacaron la unión de Antonio Arnedo con figuras como Hugo Candelario González, Juancho Valencia, los hermanos Juan y Daniel Sossa y la cantante Lucía Pulido. “Ahora hay un espacio mucho más claro, un terreno abonado y una sensibilización que permite que el Colectivo surja naturalmente en esta nueva etapa”, comenta Arnedo esperanzado.

Este ensamble de gigantes se prepara para su participación en el X Festival Internacional de Música de Cartagena. Serán tres conciertos con repertorios de procedencias geográficas diferentes: dos para las costas y uno para la cordillera y los llanos. El saxofonista comenta que ya empezaron los preparativos y que una de las cosas que más lo sorprende es el afecto (al que define como “un pegante”) que se ha generado entre ellos, y de ellos hacia la música.

¿Y cómo es su método de trabajo? “Tenemos una especie de curaduría colectiva”, explica. “Por ejemplo yo le digo a Lucía: ‘me encantaría que cantaras esto’, y ella me propone otras cosas. O los hermanos Sossa traen un tema y lo montamos. Entre todos buscamos el sonido. Creo que es un proyecto que va a durar mucho tiempo en muchos formatos”.

Me levanto, satisfecho con la conversación. Arnedo me ha brindado por conclusión una frase optimista, nada de nostalgia, una mirada firme al futuro, como les gusta a muchos artistas. Sin embargo, antes de despedirnos, me dice que quiere agregar algo y me lanza esta sorpresa:

“Estuve hace poco escuchándolo”.

Se refiere, por supuesto, a su célebre disco Travesía. Y no tengo que preguntarle lo obvio, que cómo lo sintió después de todos estos años, porque se adelanta en la respuesta: “me gusta porque es muy espontáneo. Yo escucho La chiva y hay un momento en el que yo debía haber tocado, pero estaba tan embebido en lo que estaba gozando, en lo que estaba pasando, que no toqué. Y la grabación quedó así. Pero quedó tan bien que hace de ese momento una cosa única. Es natural y es muy honesto”.

 

Por: Juan Carlos Garay. Periodista, escritor y traductor.