Así suena el jazz en Colombia

Recomendaciones discograficas

Estos no son más que algunos ejemplos de cómo en los últimos dos lustros se ha ido llenando el vacío discográfico que existió en Colombia durante tantas décadas con respecto al jazz.

La presencia de jazz en el país se remonta a una etapa sumamente temprana. Podemos encontrar jazz bands desde los años veinte. Sin embargo, aparece en la discografía nacional apenas hasta mediados de la década de los noventa, cuando pioneros como Antonio Arnedo y Héctor Martignon grabaron sus primeras producciones: Travesía y Portrait in White and Black, ambos de 1996.

En efecto, hay referentes anteriores que ya son cuasi legendarios. Por ejemplo el recién redescubierto disco del español Luis Rovira (1961), el Macumbia de Francisco Zumaqué (1984) o el Cumbia Jazz Fusion de Charles Mingus (1977), pero a pesar de estos trabajos que se constituyen en excepcionales rarezas, la ausencia de producciones discográficas del género en Colombia durante el siglo XX es notable.

Sin embargo en el ocaso de la centuria y en lo que va del nuevo milenio, podemos encontrar una variada producción jazzística que explora diversas estéticas. Algunas se identifican con vertientes más tradicionales del género, mientras que otras encuentran inspiración en el free jazz y en las innumerables posibilidades de la fusión, tanto con otros géneros extranjeros, como con ritmos locales, o sencillamente emprenden su búsqueda desde la experimentación.

Tal vez gracias al abaratamiento de los costos de producción, al advenimiento del internet y de nuevas tecnologías digitales, a la apertura de programas académicos de música con énfasis en jazz o música contemporánea o a la aparición de colectivos como la Distritofónica y sellos como MTM y Festina Lente, dedicados a estéticas afines al jazz; así como a la posibilidad de la autoproducción, es que las últimas dos décadas han sido fecundas.

Un paseo por lo que ha ocurrido, en particular en los últimos 10 años, implicaría un trabajo titánico y probablemente complejo, pero la riqueza sonora que esconde este joven movimiento valdría el esfuerzo. Escoger algunos álbumes buscando un criterio objetivo sería aún más difícil, así que asumiendo la subjetividad que encierra cualquier ejercicio de selección, aquí van cinco recomendaciones de esta diversa discografía, tratando de tomar algunos discos sobresalientes que se pueden enmarcar dentro del término jazz (que vale la pena mencionar, se queda corto a la hora de hablar del movimiento en Colombia, pero este es otro tema).

Ricardo Gallo es uno de los músicos más prolíficos, no solo de la escena jazz, sino de la nación. En apenas diez años ha participado de casi una treintena de discos, siete de estos, proyectos liderados por él mismo. Más que un jazzista podríamos decir que es un compositor y pianista con una fuerte influencia de estéticas jazzísticas y vanguardistas. Escoger uno de sus discos no sería tarea fácil, por lo cual lo mejor sería escucharlos todos. Un disco interesante es Intimations (2013) de su proyecto The RicTer Scale, en el que el uso de la técnica extendida en los instrumentos y algunos elementos electroacústicos, conviven con las improvisaciones de Gallo y de la flautista canadiense Terri Hron; y como a veces es más fácil empezar por el principio, también vale la pena volver al primer disco del cuarteto del bogotano: Los Cerros Testigos (2005), en el que junto a Juan Manuel Toro (contrabajo), Jorge Sepúlveda (batería) y Juan David Castaño (percusión), nos presenta un disco más orientado hacia la fusión. Dos trabajos muy diferentes entre sí que dan cuenta de la versatilidad de su autor y de la escena

Redil Cuarteto, es un proyecto más joven en el que participan Adrian Sabogal, Santiago de Mendoza, Juan Arbaiza y Daniel de Mendoza, así como músicos más reconocidos y recorridos dentro de la escena como Pacho Dávila, Urián Sarmiento, Juan Manuel Toro, Juan Benavides y Santiago Botero. Se enrumba también por el camino de la fusión con dos discos: La Rana (2012) y El Canto del Buho (2013), que en un principio estaban influenciados por la música de salón de dos de los más reconocidos compositores colombianos: Lucho Bermúdez y Pacho Galán. Su lenguaje se amplía con la diversidad de las músicas del país y con la presencia de dos camadas de músicos (cercanas en edad pero que pertenecen a dos momentos distintos del desarrollo del movimiento), que conviven y se enriquecen mutuamente.

En guitarrista “Kike Mendoza”, nos presentó en 2010 el álbum Gamín, particular porque fue grabado en dos ciudades, Buenos Aires y Bogotá, con dos alineaciones: por un lado César Medina, Antonio Arnedo y Francisco Dávila en los saxos; Luis Guevara en el contrabajo y Jorge Sepúlveda en la batería; y por otro Misael Paro- la y Juan Méndez (saxos), Cristian Bartoli (contrabajo) y Alejandro López (batería). Desde los nombres de los intérpretes notamos de dónde viene cada agrupación, lo que es aún más interesante en la doble orientación que esto le otorga al disco. En 2012 presenta también Bajando Escaleras, un disco en que, al igual que en el primero, predomina una estética free.

 

Finalmente Nowhere Jazz Quintet, conformado por Juan Camilo Anzola (batería, dirección), Pavel Zuzaeta (trompeta), William Suarez (bajo), Adrian Herrera (piano) y Juan Felipe Cárdenas (saxofón), y como invitado en algunos temas el DJ Trucha. En su trabajo de 2011, Nuevo Rumbo, podemos escuchar un “hard bop moderno”, en ocasiones sazonado con toques de electrónica que le dan un carácter de acid jazz.

Estos discos no son más que algunos ejemplos de cómo en los últimos dos lustros se ha ido llenando el vacío discográfico que existió en Colombia durante tantas décadas con respecto al jazz. Hoy tenemos la oportunidad de disfrutar del talento y el virtuosismo de nuevas generaciones de músicos colombianos, quienes encontraron en el lenguaje proveniente de esta música norteamericana, en conjunto con otras estéticas, un modo de expresión que se ha materializado en innumerables conciertos y en una discografía sobresaliente. El panorama es enorme tanto en número de producciones como a nivel estético, y lo que es mejor, se encuentra en constante crecimiento. Esperamos tener la oportunidad de explorarlo en próximas ediciones.