Jazz at Lincon Center

Hoy podemos asociar la palabra jazz con numerosas sonoridades. La propuesta de JALC es parte de una corriente que busca celebrar el swing como elemento fundamental.

-¡Hagamos música! El director comienza a marcar el tiempo. Todavía no da la señal. Continúa creando un ritmo que se convierte en pulso y respiración de la orquesta, y en la base para dar la entrada a la música de Duke Ellington y Count Basie. Y ahora… ¡Swing!

Aunque los nombres resultan casi desconocidos a los jóvenes músicos que están tocando, hacen justicia a las composiciones y a esta tradición que llamamos “Jazz”. La escena anterior se ha repetido en Bogotá durante los últimos cuatro años gracias a la participación del programa “Jazz at Lincoln Center” que se desarrolla en nuestra ciudad. Bogotá se ha convertido en uno de los aliados de esta iniciativa liderada por el trompetista Wynton Marsalis que busca, a través de la práctica del jazz, promover el diálogo, enseñar a escuchar las ideas de los otros y aprender a expresarse libremente. El jazz, entiende el trompetista, es una metáfora de la democracia. Mientras celebra la libertad personal y fomenta la expresión individual, también nos lleva a reconocer la voz y la participación de los otros.

En su libro Moving to Higher Ground: How Can Jazz Change Your Life, Marsalis afirma que “el jazz nos recuerda que podemos trabajar las diferencias con los otros. Es difícil, pero se puede hacer. Cuando un grupo de personas intenta inventar se dirige a encontrar muchos conflictos. El jazz te insta a aceptar las decisiones de otros. A veces tú lideras, a veces sigues, pero no te puedes rendir pase lo que pase. Es el arte de negociar el cambio con estilo. El objetivo de cada interpretación es crear algo a partir de cualquier cosa que pase; hacer algo juntos y estar juntos”.

Hoy podemos asociar la palabra jazz con numerosas sonoridades y tradiciones. La propuesta de JALC (Jazz at Lincoln Center) es parte de una corriente que busca celebrar, en particular, el swing como elemento fundamental de este lenguaje. Asimismo, tiene un gran enfoque hacia la educación y se ha empeñado en el desarrollo de programas que toman como referente el trabajo de los compositores de mediados del siglo pasado, como Ellington y Basie.

El programa “Essentially Ellington”, por ejemplo, lleva décadas contribuyendo a fortalecer la tradición de la orquesta Big Band con un trabajo que alimenta la labor de profesores y directores de orquesta en los colegios y universidades de los Estados Unidos, y ahora de otras partes del mundo. Más allá del famoso concurso de Big Bands que se lleva a cabo todos los años y que promueve, entre otros, el trabajo de jóvenes intérpretes, compositores y arreglistas, “Essentially Ellington” ha construido una infraestructura que aumenta el impacto del programa y que otros esfuerzos culturales y educativos bien podrían tomar como referente para sus iniciativas.

En 2013, Ronald Carter, uno de los asesores internacionales de JALC, en su visita a Colombia llamaba la atención sobre la conveniencia de que en nuestro país trabajemos de manera conjunta y organizada para difundir las tradiciones musicales locales y la obra de nuestros compositores.

Los conceptos de interpretación musical que promueve “Jazz at Lincoln Center” no son exclusivos para el lenguaje del jazz. La apropiación del lenguaje musical a través de la práctica, con estrategias basadas en el canto y el baile, representa una alternativa apropiada para la enseñanza de músicas basadas en la tradición oral.

Si bien los esfuerzos de muchos profesores y administradores educativos han permitido que tradiciones como el jazz y las músicas latinoamericanas finalmente sean tomadas en serio en los ámbitos de educación formal en Colombia, aún tenemos trabajo por hacer y discusiones por dar en torno a la manera de tratar estas músicas en la academia.

El programa “Essentially Ellington” es riguroso. Emplea y fortalece habilidades que los músicos profesionales deben tener en nuestros días. Asimismo, el reconocimiento del contexto cultural en el que se desarrolla una tradición musical lo convierte en una experiencia para tener en cuenta en estos momentos, cuando nuestra ciudad está convirtiéndose en un centro musical en Latinoamérica.

Septiembre es el mes del jazz en Colombia. En los últimos años, los festivales que se desarrollan en estas semanas en el país se han preocupado por extender la experiencia del público en componentes educativos donde los asistentes interactúan con artistas y educadores de primer nivel en la escena nacional e internacional del jazz. Así, nuestro público y los músicos en formación se están acercando a la música de la mano de sus protagonistas. Este año, Idartes (Instituto Distrital de las Artes), en asocio con instituciones como la Universidad Sergio Arboleda, la Universidad Nacional, la Universidad de los Andes y la Universidad El Bosque, tiene preparado un componente educativo que da continuidad a los esfuerzos de años anteriores. Para el público general, la noche del 27 de septiembre en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán será la oportunidad para escuchar a nuestros jóvenes músicos tocando bajo la dirección de músicos del “Jazz at Lincoln Center”. El concierto lleva como título La nueva sangre del jazz y está abierto a todo el público de la ciudad.

“Está muy bien que nos inviten, pero mucho mejor que esta experiencia sea útil para trabajar en su propia música”. Así lo señalaba Ronald Carter en las primeras conversaciones con educadores en Bogotá. Parece que los aportes de este grupo de músicos y educadores que han visitado nuestro país (Vincent Gardner y Sherman Irby en 2013 y ahora Greg Gisbert y Jerome Jennings en 2015) han tenido eco en nuestro país y que hoy las lecciones de “Jazz at Lincoln Center” han contribuido, al lado de muchas otras iniciativas notables, a tener una cultura musical más rica y con nuevas alternativas para que nuestros jóvenes experimenten diferentes tradiciones musicales con la pasión, rigurosidad, respeto y sobre todo con la alegría que personajes como Carter y sus colegas traen a la música.