EL ORIGEN DEL CUARTETO Y EL TRÍO CLÁSICO

Entre Familia y Naciones

El año 2017 empezó para Ken Schumann con la residencia en la Chamber Music Society del Lincoln Center como violinista del Cuarteto Schumann. Por su parte, para Daniel Auer del Trío Mozart de Viena, 2017 fue el año en el que el Banco Nacional de Austria lo premió con el violín Guadagnini “Elia”. Sus agrupaciones serán la voz de la música de cámara en el Cartagena XII Festival Internacional de Música.

El clasicismo musical es símbolo de orden, delicadeza y perfección. Es imposible no escuchar un cuarteto de cuerdas de Franz Joseph Haydn o una sonata para piano de Wolfgang Amadeus Mozart sin pensar que la sutileza sea su mérito y la transparencia una riqueza. Por ende, la depuración de la obra de Mozart, Haydn y Beethoven se ha convertido en el ícono del esplendor clásico vienés; esplendor que incluye desde las ideas humanistas de la época y los meticulosos avances de la ciencia, hasta el refinamiento de las artes y costumbres de la casa de Habsburgo.

Sin embargo, cuando oímos los monumentos del clasicismo musical ¿qué tan a menudo pensamos en temas como familia o interculturalidad? Muy poco realmente, mas son factores germinales y de gran trascendencia para esta música. Por esto, junto con el Cuarteto Schumann de Alemania y el Trío Mozart de Viena, daremos una mirada a cómo la historia de estos dos géneros se entreteje con lazos familiares y foráneos y cómo aún estos dos factores siguen siendo relevantes en las prácticas modernas.

Haydn, por ejemplo, era hijo de un reparador de llantas de madera. Sin embargo, su padre, Mathias, era músico de corazón y tocaba muy bien el arpa, aún sin saber leer partitura. Mathias les enseñó a sus tres hijos varones y a su esposa numerosas obras corales para que las cantaran juntos en conciertos que él mismo organizaba.

Joseph y sus dos hermanos menores, Michael y Johann Evangelist, se involucraron en la música gracias a esto y los tres resultaron siendo músicos profesionales. Similar fue el caso de Beethoven, quien tuvo como primer profesor a su padre (a pesar de que lo hacía llorar constantemente), cuyo primer concierto público fue a la edad de ocho años en el que interpretaron padre e hijo diversos tríos.

Esta tradición, a pesar de que los linajes profesionales han ido desapareciendo en el mundo moderno, sobrevive aún en ciertos casos y aporta mucho a la interpretación de la música clásica. Daniel Auner, el violinista del Trío Mozart de Viena, es hijo de la pianista y del cellista del ensamble, Irina y Diethard Auner. Para Daniel, la música de cámara fue “escrita para que se interpretara en la intimidad, en espacios pequeños, generalmente en casas y salones de palacios”.

En estos encuentros modestos, “distintos a los ajetreados conciertos modernos”, alguna casa noble invitaba al compositor para que tocara el piano y este traía a algún familiar o amigo para que tocara el violín, mientras que el dueño de casa interpretaba el chelo, pues, como lo comenta graciosamente Daniel, “era este instrumento el que menos estudio requería ya que las partes eran muy simples”. Así, el Trío Mozart aprovecha su parentesco para recrear esta tradición, pues el hecho de ser familia hace que la comprensión sea mayor y la verbalización mínima, pues como afirma Daniel, conoce a los integrantes del trío “de toda la vida”.

Los Mozart también entran en esta tradición. Leopoldo Mozart, además de ser un talentoso compositor, fue un excelente gestor y logró llevar a sus dos hijos, Maria Anna y Wolfgang Amadeus, a giras a lo largo de Europa en donde tocaron centenares de veces. Adicionalmente, Wolfgang y Maria Anna, mejor conocida como Nannerl, establecieron una camaradería de juventud, no solo por las largas jornadas que pasaban en los carruajes, sino porque tocaban juntos duetos en el teclado e incluso piezas para violín y clave. De hecho, el mismo Wolfgang reconoció varias veces que sus sonatas de piano estaban pensadas para las manos de Nannerl, pues nadie las entendía ni tocaba tan bien como ella.

Al cuarteto Schumann le pasa algo parecido. Su entrenamiento musical viene de familia. El ensamble está conformado por los hermanos Erik, Ken y Mark Schumann (violín I, violín II y chelo, respectivamente) y Liisa Randalu en la viola (por coincidencia, la hermana menor de los Schumann también se llama Lisa y también toca la viola). Los hermanos son hijos de un violinista y una pianista, por ende, su formación en el estilo clásico data desde temprana infancia. Mark anota que ellos tienen “el mismo gusto, mas con distinta dirección”, son “un grupo de hermanos, pero aun así individuos; esto lo hace más fácil”. Y así como Nannerl compartió muchas experiencias con Wolfgang, Mark agrega que nunca ha experimentado tanta compatibilidad con otros músicos ya que han “vivido, viajado y trabajado juntos”.

Adicionalmente, los ensayos se hacen más eficientes al tener este vínculo tan fuerte que se complementa con una estricta aura de profesionalismo, pues como dice Ken: “crecimos juntos, pero somos colegas”. Así, el cuarteto se “comunica muy rápido, no necesitamos hablar; antes de que toquemos la primera nota, sabemos exactamente lo que queremos”. No obstante, añade Ken, es una ventaja, pero no un requerimiento, y prueba de esto, es que Liisa Randalu ya ha logrado desarrollar esta eficacia en su interacción con los hermanos Schumann.

Por otro lado, la interculturalidad también jugó y juega un rol central en el origen del estilo clásico y en su renovación. Tanto el cuarteto de cuerdas como el trío de piano tienen como antepasados a géneros italianos del siglo XVII. Antes de establecerse como género clásico, la escritura a cuatro voces de cuerda era típica de las sinfonías italianas (estas correspondían, no obstante, a la obertura y no a la sinfonía moderna que ha llegado hasta nosotros). Asimismo, el formato “a tres” también fue típico en Italia y sobre todo en Roma.

A finales del siglo XVII, la fama de los músicos italianos hace que sean apetecidos en Europa: Rusia, Inglaterra y especialmente Alemania y Austria. Al llegar a los países germano-parlantes, los compositores italianos enseñarían sus técnicas a los nativos, quienes imprimirían su identidad cultural en estos géneros. En consecuencia, las piezas “a cuatro” ganarían la elaboración contrapuntística amaestrada por los alemanes, mientras que las obras “a tres” se enriquecerían con el tratamiento formal y estructural vienés.

En breve, fue la permeabilidad de las culturas y su admiración mutua lo que produjo esta hibridación de lenguajes, estableciendo lo que conocemos como estilo clásico; es decir, no se trata del avance secular de una sola tendencia musical, sino del encuentro de varias.

Esta enriquecedora apertura, tiene la capacidad de negociar entre autóctono y foráneo, novedad y tradición. En el caso del Cuarteto Schumann, se debe en parte a su ascendencia que es producto del cruce cultural, pues su padre es alemán y rumano, mientras que su madre japonesa. Por esta razón, los jóvenes integrantes del Cuarteto Schumann respetan y adoptan la tradición histórica de interpretación, pero no se limitan a lo que esta les dicta.

Para Ken Schumann, la agrupación está “al tanto de la tradición, pero sabe que tiene sus lados positivos y negativos”, pues “la música no es un museo en donde se camina viendo cuadros antiguos”. Entonces, su objetivo se convierte en “traer la música de los compositores clásicos al mundo moderno, porque ahora nosotros somos personas diferentes y vivimos en mundos diferentes”. Razón que expande Mark al comentar que no buscan “la manera correcta de tocar” sino que están “experimentado siempre, para encontrar su modo propio”.

A su vez, el Trío Mozart de Viena también ha buscado ser fiel a la partitura, sin renunciar a una renovación del estilo. La manera en la que el trío se ha acercado a las obras de Mozart incluye el estudio juicioso de las ediciones críticas, pero también de las partituras manuscritas del propio compositor. Daniel dice que “la tradición, en muchos casos, se ha inventado a sí misma”. Por esto, el trío está interesado en mantener “la llama de la herencia, sin estar cegados por ella”. Mientras tanto, la agrupación celebra estar establecidos en Viena, una ciudad en donde “se pueden seguir los pasos de Haydn y Mozart”, además de tocar y aprender de personas cuya influencia desciende directamente de Beethoven.

Pero la fortuna de la ciudad también está en que “músicos de todo el mundo quieren respirar el mismo aire que respiraron estos compositores”, luego allí convergen distintas ideas artísticas que enriquecen las prácticas; Daniel es fiel testigo, ya que su madre, la pianista del trío, es rusa, mientras su esposa, con quien toca en otra agrupación, es brasileña.

En definitiva, la música clásica sí representa una tradición germana y es una hija de la ilustración dieciochesca, empero, su génesis incluye una alta dosis de familiaridad, amistad e influencias internacionales. Después de todo, ese elitismo cultural, nacional e incluso social que por muchos años se le quiso achacar a la música clásica, puede ser hoy reemplazado por un mensaje de inclusión, apertura y unión fraternal.