Julian Rachlin

“LA MÚSICA ES MI IGLESIA, MI MEZQUITA Y MI SINAGOGA”.

“Fue algo mágico estar al frente de esa orquesta… hasta el sol de hoy es para mí indescriptible, algo que no puedes explicar”. Así recuerda Julian Rachlin su debut como el solista más joven en tocar con la Filarmónica de Viena.

Por: Iván R. Contreras  Realización y traducción: Ana María Enciso

Antes de viajar a los Estados Unidos para estudiar con el gran Pinchas Zukerman, Julian Rachlin estuvo 15 años bajo el lente microscópico del ruso Boris Kuschnir; de los 8 a los 22. Las palabras con las que empezó esta prolongada relación maestro-alumno no las olvidaría jamás: “Hay mucho trabajo por hacer. Tendremos que empezar desde cero”.

Y es que en la cátedra de este discípulo de David Oistrack se analizaba cada músculo, cada movimiento. Rachlin recuerda haber pasado días, semanas y meses trabajando ante un breve pasaje, como si de cavar con los dedos en el mástil se tratara. Él dice: “tienes que taladrar y taladrar”.

Hijo de una pareja de músicos que dejaban Lituania “con una mano adelante y la otra atrás” para probar suerte en la Viena del 70, Julian Rachlin llegó a la capital austriaca con apenas 4 años. Bastaron solo 5 más para su debut como solista al frente de la legendaria Filarmónica de Viena, concierto que marcó el inicio de una de las carreras más brillantes del violín en la actualidad.

Usted tiene dos carreras alternas aparte del violín que son menos conocidas: La de director y violista. Háblenos un poco de esto.

No me gusta referirme a esto como carrera, porque una carrera es algo que te pasa cuando haces bien tu trabajo. Preferiría decir mi desarrollo como músico. Me gusta mirar la música desde este punto de vista. Concentrarse en hacer una carrera es hacerlo alrededor de ser exitoso o famoso y si este es tu objetivo será el principio del fin. De lo que se trata es de crecer como músico, de poder experimentar la música en todas sus facetas. Llegué al violín por una serie de circunstancias… realmente quise ser chelista. Por esta razón me acerqué a la viola, ya que tiene un sonido más cercano al chelo. Luego abordé la dirección. Pero no quería empezar a dirigir sin saber lo que hacía, como hacen muchos solistas. Ser director es muy diferente a ser solista. Hay que tomarlo muy seriamente pues es una profesión distinta.

¿Qué hace tan especial la música de cámara?

Es tan especial porque es la música más íntima que hay. Está hecha por un grupo pequeño de personas que están comunicándose entre sí y aprendiendo entre ellos, comprometiéndose. Cuando tienes hasta 6 u 8 personas, tienes 8 opiniones de cómo la obra debe ser interpretada… es una escuela de vida. Es como un equipo de fútbol, no porque tengas los mejores jugadores vas a tener un buen equipo, y no es solo cuando tocan, también cuando viajan, almuerzan etc… Nunca podría hacer música de cámara con alguien que no me agrade como persona, este es un asunto muy delicado para mí, pues es música muy íntima, a diferencia de una sinfonía que requiere 60 o 100 personas en el escenario.

El Musikverein de Viena comisionó a Krzysztof Penderecki el Concierto Doppio que usted estrenó junto a la violinista Janine Jansen. Para usted ¿Cuál es la importancia fundamental de la obra de Penderecki para la historia de la música?

Penderecki en los últimos 20 años ha sido un compositor diferente con relación a los 80 o 60. Empezó como un compositor de vanguardia; estaba haciendo mucha música experimental. Ahora en los últimos 20 o 25 años, en algún sentido se convirtió en un compositor “romántico”. La gente está empezando a entender que Penderecki es uno de los compositores vivos más bellos e interesantes en la actualidad. Para mí es el compositor vivo más importante. Diría que es el sucesor de Shostakovich. Tengo una  relación muy cercana con él como compositor y como amigo, creo que en la historia de la música siempre ha habido grandes resultados cuando han existido relaciones cercanas entre grandes compositores e instrumentistas como Rostropovich y Britten, Rostropovich con Shostakovich y Prokofiev o Shostakovich con Oistrack. También Alfred Schnittke y Gidon Kremer; Mutter y Penderecki. Por ejemplo, el hecho de que Piazzolla sea interpretado por muchos músicos clásicos en el mundo es en buena medida gracias a Gidon Kremer. He sido muy afortunado de poder tener esta amistad con Penderecki y recibir de él y otros compositores menos conocidos sus piezas. Es una colaboración muy bella, los instrumentistas siempre decimos que no somos nada sin la música, que lo realmente importante son los compositores y ellos dicen, -nosotros creamos la música pero quién la va a interpretar es quién le va a dar vida-, porque antes del intérprete la obra es un “pedazo de papel”… dependemos uno del otro… pero debes sentirla. Si no sientes la música de un compositor contemporáneo ¿cómo podría el público llegar a apreciarla? Mi regla es que nunca toco música contemporánea a no ser que la ame.

Háblenos acerca del Festival Julian Rachlin and friends

Empezó en el 2001 en Dubrovnik, Croacia y siguió hasta el 2012. Deje de hacerlo en el 2012 debido a mi trabajo como director… necesitaba el tiempo para desarrollar mi repertorio. Ahora, luego de 5 años lo voy a retomar, pero en una en una locación diferente. Este año va hacer del 5 al 12 de agosto en Palma de Mallorca. El festival viene del hecho de que todos mis amigos más cercanos son músicos, grandes solistas, grandes músicos de cámara, y debido a nuestras agendas tenemos muy pocas oportunidades de vernos. Como músico eres constantemente invitado, pero cuando estoy haciendo el festival soy yo quien invita, quien tiene que cuidar de cada pequeño detalle para que el festival sea exitoso. Estoy a cargo de todo: el afinador del piano, los programas de mano, las impresiones, la publicidad, conseguir patrocinadores etc… Hacer el festival me hizo muy humilde, me enseñó cual difícil es hacer esto. ¿Cuántos detalles tienen que coincidir para que se pueda llevar a cabo un concierto? ¿Quién va imprimir las boletas? ¿Quién va a vender las boletas? ¿Dónde te vas a sentar? ¿Qué asiento le das al patrocinador? A veces me preguntaba por qué estoy haciendo esto ¡Yo soy músico! no debería hacerlo. Pero al final todo valía la pena. Durante el festival empezamos muchos proyectos musicales hermosos que hemos continuado con el paso de los años. También tuvimos compositores que escribieron piezas especialmente para el festival. Estoy muy emocionado de poder retomar el festival luego de 5 años.

Usted viene a Bogotá a tocar el concierto de Tchaikovsky. ¿Qué nos puede decir de su relación con esta obra y en general con los compositores rusos?

En efecto el Concierto para violín de Tchaikovsky es uno de los más celebrados. Es el concierto romántico para violín por excelencia: lleva más de 100 años siéndolo. Tiene momentos de gran bravura, pero también otros de una melodía profunda y cálida. Este concierto tiene todo para el violinista, pero también es una obra sinfónica. Da un gran trabajo a la orquesta. En mi caso, luego de que lo he tocado muchas veces necesito 1 o 2 años para descansar de él, para que pueda regresar y descubrirlo de nuevo. Estoy muy emocionado de ir a tocar en Bogotá y de poder trabajar con James Gaffigan quien es uno de los directores jóvenes más talentosos y exitosos hoy en día… Lo admiro mucho y estoy a la expectativa de nuestra colaboración en Bogotá. Ya nos conocemos, pero nunca hemos trabajado juntos. He tocado antes con esta orquesta, pero no con él. Será entonces la primera vez que compartimos escenario.

Han pasado varias décadas, más de 3, desde su debut ante la Filarmónica de Viena dirigida en aquella ocasión por Riccardo Muti ¿Cómo recuerda este momento?

Creo que tenía 9 años. Fue en Austria y toqué un concierto de Vivaldi. Ahora tengo 42, pero lo recuerdo muy bien. Fue algo mágico estar al frente de esa orquesta y tocar con todos estos músicos… hasta el sol de hoy es algo indescriptible que no puedes explicarle a nadie; cuando la gente me pregunta cuál es mi religión, digo que es la música. Puedo decir que este es mi lugar, mi iglesia, mi mezquita, mi sinagoga. El escenario es el lugar en el que yo rezo. Me considero muy afortunado de poder hacer eso todo el tiempo, 120 veces al año.