DEBUSSY, POR BAVOUZET

El pianista francés y su Claude Debussy

Revista Tempo contactó uno de los pianistas centrales del XI Cartagena Festival Internacional de Música. La idea fue invitarlo a reflexionar sobre la música de Claude Debussy. Bavouzet grabó la integral del compositor francés engre 20017 y 2009. El prestigioso Premio Gramophone fue otorgado al cuarto de los cinco discos que componen la serie.

Hace un par de años en una entrevista me referí a mí mismo como un “loco por Claude Debussy”. El poder de su música es difícil de describir, pero me parece que es similar al de Wagner. Probablemente Debussy no estaría muy feliz de que yo lo compare con Wagner, porque además tuvo éxito cuando se separó de su influencia. Pero aunque utilizaron técnicas de composición muy diferentes (Wagner empleaba temas largos, mientras que el fraseo de Debussy es más corto), ambos compositores eran capaces de crear una enorme tensión emocional.

En lo personal, me sentí increíblemente vulnerable cuando me acerqué a la música de Debussy para preparar las grabaciones que hice. No hay otro compositor que me haya cambiado la vida como él.

Grabé las obras completas de Debussy en Suffolk, Inglaterra, en un lugar hermoso y silencioso, ideal para registrar esta música. Es un antiguo granero que hoy puede usarse como sala de conciertos. El techo tiene

una altura de seis o siete metros, lo cual garantiza un eco perfecto. Es importante que el sonido sea bello sin recurrir a una reverberación artificial. Con la música de Debussy se necesita algo de eco pero no demasiado, porque tiene un sentido de intimidad. Él mismo dijo que sus obras sonaban mejor cuando eran compartidas entre pocos oídos y no cuando se perdían en medio de una enorme sala de conciertos.

Si me detengo un minuto a pensarlo puedo encontrar conexiones entre sus diferentes composiciones que no siempre son obvias. Por ejemplo los Estudios para piano se parecen a los Jeux para orquesta. También he encontrado conexiones entre L’isle joyeuse

y La Mer. Cuando programé el orden de las obras en los cinco CDs quería que todo esto tuviera sentido. Así, por ejemplo, el segundo disco estaba compuesto por diferentes sets de tres piezas. El tercero estaba dedicado a las piezas cortas y el cuarto a las obras más extensas. Intenté que hubiera lógica en el orden de las composiciones, pero al final descubrí que cualquier orden es posible en la música de Debussy.

Si pudiera hablar con él, le pediría algunos consejos para interpretar su Fantasía para piano y orquesta: una obra temprana que tiene algunas ambigüedades en cuanto al uso de bemoles y sostenidos. Pero sobre todo le preguntaría por sus recuerdos al lado de Liszt, porque Debussy tuvo la oportunidad de escuchar tocar al gran maestro húngaro en Roma en 1885, y para mí están muy relacionados. La música de Debussy no existiría si no hubiéramos tenido antes a Liszt.

Me gusta destacar además que, a diferencia de otros compositores, Debussy les puso títulos a sus Preludios. Son sugerencias y, al mismo tiempo, uno no puede evitar pensar en esas imágenes: La catedral sumergida, La niña de cabellos de Lino, Lo que ha visto el viento del oeste, La puerta del vino. Pero cuando los estoy interpretando no asumo la música en términos visuales. Lo que

más me interesa, en realidad, es tratar de reproducir las diferentes capas de música como si se tratara de una orquesta. Por otro lado tenemos el caso de los Estudios, que son piezas que tienen títulos, digamos, más secos, pero en ellas también hay poesía. Así que no creo que en la obra de Debussy haya diferencia entre una música intelectual y una música visual.

Y entre todas la Elegía, su última obra para piano, es la más misteriosa. Dura apenas dos minutos. Es una obra elusiva en la que casi no sucede nada. Pero escuchada hoy pareciera una improvisación del pianista de jazz Bill Evans. Desde luego, cuando fue escrita, ese sonido no existía. Así que ahí está el misterio: ¿por qué hoy nos suena tan jazzística? Aparte de esa obra, creo que he resuelto la cuestión. Hace 20 años hubiera dicho que toda la obra de Claude Debussy era para mí un gran enigma. Pero creo que ahora puedo sentir lo que él quería decir. O casi.