Antonio Moral

Sones de ida y vuelta

El actual director del CNDM (Centro Nacional de Difusión Musical), Antonio Moral, llega en el mes de septiembre a Bogotá para adelantar la primera cooperación internacional, que tendrá lugar en el marco del IV Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá. Antonio Moral conversó con Tempo sobre su visita en septiembre a Colombia, nos contó […]

El actual director del CNDM (Centro Nacional de Difusión Musical), Antonio Moral, llega en el mes de septiembre a Bogotá para adelantar la primera cooperación internacional, que tendrá lugar en el marco del IV Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá.

Antonio Moral conversó con Tempo sobre su visita en septiembre a Colombia, nos contó de su vínculo con el festival, los músicos invitados y el ciclo denominado “Sones de Ida y Vuelta” que ahora llega a nuestra ciudad.

CNDM
Antonio Moral fundó y dirigió la revista Scherzo y la fundación que lleva su nombre. Diseñó el programa de Música de la Fundación Caja Madrid, entidad de la que ha sido asesor musical y responsable artístico.

El tema central del Festival es el encuentro de diferentes religiones y culturas del mundo a través de sus expresiones musicales. Nos gustaría conocer algo acerca de la idea central de esta edición con relación a sus invitados y su programación.

El Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá es un certamen de carácter anual único en Latinoamérica, que se ha consolidado en muy poco tiempo a pesar de su juventud, y que ha alcanzado una extraordinaria repercusión, no sólo en Bogotá, sino también a lo largo de vuestro país, e incluso fuera de las fronteras colombianas. Su carácter multirreligioso, que de manera tan acertada divulga las diferentes tradiciones culturales a través de las músicas sagradas del mundo, tiene el aliciente de que abarca todas las épocas, tanto de la música clásica, como de la tradicional, promoviendo así un diálogo fluido entre civilizaciones y un profundo respeto a la diversidad cultural y las diferencias de credo. En definitiva, una cultura de paz y de integración social. En el 2015, el eje central de la cuarta edición es “La Paz”, un lema por el que luchan tantos países y que resulta tan costoso de conseguir para una buena parte de los territorios de nuestro planeta Tierra. Así, durante cuatro semanas, casi medio millar de artistas de diferentes continentes se reunirán en Bogotá para crear, como dice su directora, “un espacio de reflexión y espiritualidad a través de la música”. Para nosotros, que vivimos en un país con tantos puntos en común con el vuestro, es muy importante acudir a un certamen de esta naturaleza, con el fin de reivindicar y recrear un espacio de convivencia entre las culturas entrelazadas de los dos continentes: Europa y América. Un espacio cultural común que se creó de forma natural gracias a aquellas “Músicas de ida y vuelta” que durante más de cuatro siglos estuvieron tan presentes –y lo siguen estando– a ambos lados del Atlántico, creando así un lenguaje musical, primero mestizo y propio después, que ha transcendido con el paso del tiempo, a pesar de los muchos avatares sociopoliticos y económicos que se han vivido.

El encuentro del CNDM, con sede en España, y el Festival de Música Sacra de Bogotá hace parte de los acuerdos de cooperación que giran al rededor del intercambio cultural. Háblenos, por favor, del proyecto “Ida y vuelta” y de la relación de éste con el Festival.

El Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) aborda una nueva temporada, la sexta desde que se creara este nuevo centro, dependiente del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música (INAEM), dentro del Ministerio de Educación y Cultura de España, y lo hace bajo las mismas premisas artísticas que nos marcamos al inicio de esta apasionante andadura musical. Por un lado, potenciar la creación contemporánea actual y, por otro, recuperar y difundir, tanto nuestro rico y vasto patrimonio artístico, como el latinoamericano, tan fuertemente ligado a nuestra cultura. En estos cuatro años hemos recuperado del olvido 130 partituras desde los siglos XI al XVIII, gracias al empeño e incansable trabajo de musicólogos, directores e intérpretes cada vez más comprometidos con nuestro patrimonio para sacar a la luz un repertorio de calidad contrastada e injustamente olvidado, que ha sido recibido con entusiasmo por un público fiel y cada vez más interesado en descubrir una música que estaba oculta en los archivos de conventos, catedrales, palacios y bibliotecas, tanto de nuestro país, como de algunas capitales europeas ligadas en otro tiempo al Imperio Español y, por supuesto, en Latinoamérica, donde se ha recuperado en los últimos años una buena parte de nuestro patrimonio musical, desaparecido tras los diferentes avatares de la historia.

Dentro de este mismo apartado de músicas pretéritas, tendrá una importancia capital la primera colaboración institucional de carácter internacional que llevará a cabo el CNDM y que tendrá lugar en Bogotá durante este mes de septiembre y los primeros días de octubre, en coproducción con el Festival de Música Sacra de la capital colombiana, que desde hace cuatro años dirige la inquieta Marianna Piotrowska. Será un total de nueve conciertos de músicas de la época colonial (siglos XVI al XVIII), compuestas en ambas orillas del Atlántico, a cargo de cinco conjuntos españoles (La Danserye, Capella Prolationum, L´Accademia del Piacere, Forma Antiqva y Hespèrion XXI) y uno colombiano (Extempore), además de dos recitales del cantaor flamenco Arcángel y del gran violagambista Jordi Savall. Se trata de dar a conocer en esta importante capital americana una parte del ciclo que ya se presentó hace dos temporadas en diez ciudades españolas, bajo el lema “Sones de ida y vuelta” y que ahora viaja a Colombia para formar parte de un certamen internacional más amplio y de carácter multireligioso.

Y, a propósito de esto, en su opinión ¿en qué estado se encuentra la música antigua en Europa con relación a Sudamérica?

La música antigua y barroca, aquella que se creó entre los siglos XI o XII y el siglo XVIII ha sufrido en Europa una extraordinaria revolución, tanto en el terreno de la investigación musicológica, como en el interpretativo. Esta revolución, que se inició en los años setenta, ha conseguido recuperar una gran parte del riquísimo y vasto patrimonio cultural que se encontraba oculto, además de interpretar estas partituras con unos criterios musicológicos mucho mejor informados, más fidedignos y más cercanos a los tiempos en los que fueron creadas e interpretadas. Me da la impresión de que en América esta revolución, aunque importante, ha sido menos transcendente y no ha causado el impacto y la influencia que ha ejercido en Europa, ya que en el viejo continente ha modificado por completo esa visión romántica y desvirtuada que durante tantos años prevaleció en la interpretación de estas músicas pretéritas. Además, hay que tener en cuenta que la gran mayoría de los musicólogos e intérpretes americanos –buena parte de ellos formados en Europa– han llegado mucho más tarde a adherirse y a participar de forma activa de este extraordinario movimiento que ha generado unos “nuevos modos” en la ejecución de la música antigua gracias a la interpretación con criterios historicistas.

La cuarta edición del Festival tiene como componente nuevos espacios no convencionales, tales como centros penitenciarios y portales de Transmilenio, entre otros. Por favor, cuéntenos acerca de los escenarios que están abiertos para este año.

No creo que sea yo la persona idónea y que mejor les pueda informar a cerca de estos nuevos escenarios, ya que la mayoría de ellos son desconocidos para mí. Pero sí les puedo decir que el pasado año tuve la ocasión de vivir in situ el Festival en Bogotá y, por tanto, tuve la experiencia de conocer personalmente las condiciones acústicas y espaciales de muchos de los espacios donde tendrán lugar los conciertos de este año dentro del ciclo de “Sones de ida y vuelta”. Además de visitarlos y poder escuchar algunos conciertos, pude conversar con la directora del Festival, Marianna Piotrowska, sobre la idoneidad acústica de varios de estos espacios históricos, algunos de ellos tan maravillosos como la Capilla del Sagrario o el Museo de Santa Clara, además –claro está– del magnífico Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo o del recién renovado Teatro Colón, un coliseo precioso.

Pero, para concluir, lo que sí me parece un acierto total del Festival es la novedad de organizar los conciertos, no sólo en iglesias y conventos históricos, templos modernos, auditorios, teatros, colegios y universidades, sino también, una buena parte de ellos, en otros lugares, tan poco habituales para este tipo de manifestaciones musicales, como son clínicas, hospitales, cárceles, reformatorios o en el mismísimo aeropuerto. Y también es muy destacable, a mi entender, que se ofrezcan series académicas para estudiantes y público general compuestas por clases magistrales, conferencias y charlas con expertos.