ANTJE WEITHAAS

El lenguaje del sonido

En 1987 Antje Weithaas ganó el Concurso Kreisler y un año más tarde el Bach en Leipzig. En el Cartagena XII Festival Internacional de Música interpretará, al lado del pianista Thomas Hope, sonatas como la Kreutzer de Beethoven y la K 301 de Mozart.

“La música es el lenguaje universal. La gente puede escuchar parecido, pero la manera en que reacciona a la atmósfera y la energía con las que juega el intérprete es lo que hace distinta la experiencia”.

A los cuatro años, Antje Weithaas ya tocaba el violín. La música clásica y romántica la rodeó desde pequeña y la tradición germana estaba en sus venas. Grandes sinfonías, cuartetos, música de cámara y en especial cuatro compositores la cautivaron desde entonces: Mozart, Beethoven, Brahms y Schubert.

Estudió en Berlín con Werner Scholz, alumno de Gustav Havemann, a su vez pupilo de Joseph Joachim, uno de los más grandes violinistas y maestros del siglo XIX y colaborador cercano de Brahms. Así, la formación musical de Antje tuvo influencias de esta tradición, pero como ella misma dice, “aprendí mucho de esta escuela y enormes cosas de Scholz, pero pienso que cada quien toca de manera propia, así que tengo influencias de otras escuelas y músicos que en este momento me alejan bastante de la tradición musical de Joachim”.

Para Antje, la música en todas sus facetas es importante para nutrirse como solista. Es maestra, músico de cámara y tiene varios proyectos orquestales sin director. En el Festival de Música de Cartagena la escucharemos interpretar algunas de las sonatas más importantes para la historia del violín, de dos de sus compositores preferidos: Mozart y Beethoven.

La Sonata Kreutzer es tal vez la más conocida de las sonatas para violín y piano de Beethoven. Una obra de su segundo periodo compositivo cargada de expresividad, emoción y virtuosismo que para Antje es un típico ejemplo de Beethoven.

“Es muy lírica y dramática. Probablemente es la sonata más sinfónica para violín y piano. El primer movimiento inicia en La mayor, pero realmente está en La menor y esto dice mucho del carácter. La indicación de tempo “Presto” les da peso a las ideas llenas de energía y drama; siempre trato de mostrar esto en la interpretación. El segundo movimiento es una hermosa variación lírica con todos los colores que podemos encontrar en la música de Beethoven. Es música de cámara fantástica, compleja con el piano, comunicativa, expresiva. El tercer movimiento tiene toda la alegría y energía de la tonalidad mayor. Realmente la amo”, dice Antje con una emoción que no se contiene.

Tocar Beethoven y Mozart es para ella una experiencia que renueva el alma. Antje dice que no importa cuántas veces toque estas obras, siempre encuentra algo nuevo y siempre busca nuevas armas interpretativas para comunicar lo que siente.

Ambos son muy diferentes, pero lo que más disfruto es encontrar la mixtura entre la retórica (que es muy importante en este estilo) y la emoción. Con la retórica realmente buscaban contar historias, decirle algo a la gente. Mozart siempre tiene que ver con historias celestiales, paradisíacas. Beethoven tiene una personalidad fantástica llena de ansiedad, muy típica de los alemanes; él pelea por cada nota, por cada idea y va hacia lo profundo del alma humana”.

La interpretación, basada en la comprensión de la música y el estilo, es para Antje un avance inmenso que se ha desarrollado en los últimos 60 años “gracias al interés de varios músicos por la interpretación históricamente documentada”. Cree que esto ha sido una evolución que permite acercarse al sentir de la época. “Los ensambles barrocos cambiaron la estética de esta música y lo que aprecio más es que ahora estamos cada vez más cerca de lo que tenían los compositores en mente. En el caso particular del violín, por muchísimos años se mantuvo la idea del solista virtuoso y para mí eso no es lo más importante”.

Las sonatas para violín y piano, como las que Antje interpretará en Cartagena, son producto de un cambio en la manera de concebir la música, y para ella, Mozart y Beethoven son los grandes genios que mejoraron la música.

“Musicalmente Mozart cambió la idea de sonata. En sus sonatas tempranas le daba al piano toda la importancia, mientras que el violín acompañaba. Al final son bastante parejos los dos instrumentos, tienen partes iguales. Hablar sobre Mozart es hablar del mayor genio: todo es perfecto. En cierta manera, es difícil imaginar cómo esta música vino a su cabeza, es algo de Dios probablemente. Beethoven, en cambio, se nota que trabajó fuertemente por cada idea. Mozart es perfecto desde el principio: cada nota es como un diamante y es importante cada color y expresión, por eso es tan difícil interpretarlo”.

Sin pensarlo dos veces, Antje responde lo que más le apasiona de su profesión, aquella que le permite expresar lo que el lenguaje no puede, aquella más profunda que cualquier palabra y que representa la entereza del ser humano.

“La música es el lenguaje que todo el mundo entiende. Quiero hacer sonar lo que tengo en mis oídos, lo que siento en mi alma con las piezas que toco. Siempre digo que el violín es mi voz”.