ALEJANDRO ROCA

La ópera entre sus manos

Hace 15 años era impensable tener seis óperas consecutivas en Bogotá. Hoy es una realidad y un momento soñado para Alejandro Roca, el director musical de tres grandes producciones: Cecilia Valdés en el Teatro Colón, Candide en Cafam Bellas Artes y Orfeo en los infiernos en el Teatro Jorge Eliecer Gaitán.

Alejandro Roca en el foso/Foto: Cortesia del artísta

 

Por Irene Littfack

El gusto de Alejandro Roca por la ópera y el repertorio vocal surgió por dos razones. La primera, fue la certeza de no querer ser concertista y la segunda, la casualidad de que sus grandes amigos en el Conservatorio de Cali siempre fueron los cantantes.

Al piano, Roca acompañaba las obras de sus compañeros y fue empapándose de un repertorio lírico que lo entusiasmaba más que el de su instrumento. Pero fue Pacho Vergara, gran cantante colombiano, quien en una clase en el Conservatorio le preguntó si le gustaba el teatro. Y Alejandro descubrió que sí, que no solo le gustaba el teatro musical, sino el escenario, el detrás de bambalinas y la producción artística.

“Toqué el último acorde de mi concierto de grado y dije: no vuelvo a tocar solo nunca más. Me dediqué a tocar piano mucho tiempo, a trabajar con cantantes, a tocar en producciones y a asistir gente. Y llega un momento de la vida en el que alguien, a las buenas o a las malas, te manda a dirigir porque el director falta. Y a mí me pasó justo con la Sinfónica Nacional. A raíz de eso yo dije: si me va a tocar, hay que estudiar, e hice la maestría en dirección”.

Con más de diez años de experiencia en el ámbito del repertorio lírico, Alejandro Roca es uno de los músicos que mejor conoce el terreno de la producción vocal a nivel global. Por eso, las productoras de ópera en Colombia le han confiado la dirección de sus montajes y, en lo que queda del año, está al frente de tres grandes espectáculos: la zarzuela cubana Cecilia Valdés, producida por el Teatro Colón; Candide, la ópera de Bernstein, que realizará la Orquesta Filarmónica de Bogotá, y el décimo aniversario del Taller de Ópera de la Universidad Central, del cual es fundador y con el que montarán Orfeo en los infiernos de Offenbach.

Cecilia Valdés, una apuesta por la creación

–¿Qué nos vamos a encontrar en esta producción?

Es una apuesta del Teatro Colón por una nueva producción sin miedo, y eso a mí me gusta. Es una obra muy importante en Cuba, pero en realidad sale poco de la isla y creemos que en parte se debe a que hay muchas referencias costumbristas y localistas. La puesta en escena de Ignacio García es muy interesante. Su pensamiento, que yo comparto mucho, es que toda la obra es una especie de visión o sueño de Cecilia Valdés sobre su propia historia. Entonces todo lo que vamos a ver es una serie de imágenes alusivas, pero nada muy concreto. Se ha hecho un espectáculo visualmente muy ágil y por eso nos hemos dado la licencia de cambiar el orden de algunos números.

La gente que no conozca la música va a quedar muy impactada porque todo suena muy familiar: son cubano, bembé, guaracha, todos los géneros cubanos tradicionales que uno ha oído. Todo está tremendamente bien escrito para orquesta sinfónica.

A mí me gusta el hecho de que va a haber mucha gente que seguramente nunca ha venido a la ópera y que esto los puede atraer.

–¿A qué más le apuesta el Colón en esta obra?

El Colón siempre les apuesta a los artistas colombianos. Hay un elenco 95% nacional liderado por Betty Garcés, que conoce todo el mundo, y es su primer protagónico en el Colón. Casi todo el resto del elenco son actores y cantantes colombianos, con una combinación bien interesante: hay actores de teatro, cantantes líricos y cantantes de música folclórica. O sea que no es 100% zarzuela en el tema de lo lírico, sino que hay elementos de la música tradicional cubana en la mitad.

–Como director musical, ¿cuál fue su principal objetivo?

Yo creo que el reto o el objetivo era encontrar el perfume de la música respetando lo que está escrito y por supuesto poniéndolo a la altura de la realización del Teatro Colón. Es decir, que esté todo muy bien preparado y ensamblado sin que pierda la espontaneidad y esa cosa perfumada de la música cubana que no puede sonar cuadrada, pero tampoco es una obra libre. Encontrar ese término medio es siempre difícil.

Candide y el espíritu juvenil de la Filarmónica

El proyecto de Candide es otra cosa que me emociona un montón. Desde el año pasado la Orquesta Filarmónica de Bogotá decidió empezar a producir ópera. Y este montaje es bien importante para mí porque es con la Filarmónica Juvenil, con la que ya había trabajado, y con el Coro Filarmónico Juvenil, que es la primera vez que hace ópera.

Se cumplen 100 años del nacimiento de Bernstein, y Candide es una obra increíble que no se ha hecho aquí, es un estreno en Colombia y hasta hace poquísimo en Latinoamérica. Se van a hacer dos funciones al parque y una en Cafam de Bellas Artes. Hay una puesta escénica muy arriesgada y un elenco muy interesante: Isabella Gaudi, Valeriano Lanchas y Sofía Salazar. La música de Bernstein es absolutamente maravillosa.

–¿Y cómo es trabajar con las juveniles?

Trabajar con esas orquestas es una delicia. Los chicos de la Juvenil son como un Ferrari nuevecito porque el nivel técnico es muy bueno y muy alto y están receptivos a cualquier cosa. Claro, hay que enseñar ciertas cosas, pero tienen un nivel de flexibilidad que es un lujo trabajar con ellos. Creo que Candide es una obra especialmente buena para ese tipo de orquesta porque es técnicamente exigente pero absolutamente agradable de tocar. Y creo que se necesita mucho de esa energía juvenil que tienen.

Tengo mucha intriga de trabajar con el coro, porque nunca he trabajado con ellos.

El Taller de ópera de la U. Central

–¿Cómo ha sido la experiencia de estar al frente de este espacio de formación?

El taller fue un experimento fundado hace diez años y parte de lo que me enganchó es que justo en ese momento se iba a abrir el énfasis de canto de la Central que no existía. En aquel momento lo estaba organizando Sarah Cullins, una soprano norteamericana que estaba aquí.

Nuestro objetivo era: las personas tienen que salir de aquí con varios roles completos de ópera aprendidos y puestos en escena. Fue un experimento exitoso porque, parecerá algo básico, pero si tú a la gente le das la información adecuada a la edad adecuada, la gente se dispara. Y eso es lo que estamos viendo en toda esta generación.

–¿Y cómo se van a celebrar estos diez años?

Buscamos una obra que fuera festiva, ligera y que diera cabida a mucha gente para poder vincular egresados, profesores, ex profesores, coro y orquesta de la Universidad. Orfeo en los infiernos es una obra divertida, absolutamente ridícula y paródica de Orfeo y Eurídice. La va a hacer Alejandro Chacón y es muy simbólico que sea él porque fue nuestro primer director de escena hace diez años. Sarah Cullins viene de Estados Unidos y va a cantar un papel. Hay un poquito de simbolismo alrededor de la obra.

Una década de metas cumplidas

A Alejandro Roca lo satisfacen los éxitos de sus estudiantes, sus debuts como director en el Colón y con la Filarmónica de Bogotá. Está eternamente agradecido con la Ópera de Colombia, compañía con la que cumple una década y con la que ha tenido la oportunidad de realizar el gran repertorio operático como pianista, director y asistente. Además, hace 12 años colabora con Valeriano Lanchas, con quien ha forjado una amistad que valora y conserva como otra de sus grandes satisfacciones.

La ópera y la música vocal están entre sus manos: las de pianista, las de director y las de formador. Sin duda alguna, su experiencia enriquece la escena y su juventud inspira a los colegas.

“Yo sigo tocando, pero estoy justo en la transición. Me están empezando a salir cosas como director y estoy muy agradecido porque Bogotá me da oportunidades como estas: una detrás de otra. Es una suerte y es también estar viviendo el momento apropiado porque hace diez o 15 años era impensable que hubiera seis producciones seguidas como está pasando ahora. Hay que aprovechar el momento”.