RYOJI IKEDA

El arte híbrido

El Teatro Colsubsidio presentará a Ryoji Ikeda los días 2 y 3 de junio. Ikeda es uno de los compositores de música de vanguardia más relevantes en la escena internacional. La presentación hace parte de la Temporada Paris -Tokio: Músicas de vanguardia. Otra apuesta que hace Colsubsidio por la cultura y la innovación, integrando distintas disciplinas artísticas y abriendo sus espacios a intérpretes del más alto nivel.

Por: Andrés Gualdrón

En el año 2009 el público bogotano conoció por primera vez la obra del japonés Ryoji Ikeda (Gifu, 1966) en una presentación en el teatro León de Greiff de la Universidad Nacional. En aquella ocasión el espacio dejó de lado su programación tradicional de música acústica para dar paso a un trabajo multimedial pocas veces visto en nuestro país.

Durante el evento, el interior de la sala estaba completamente a oscuras e iluminado únicamente por una proyección a gran escala sobre el escenario. Las imágenes que aparecían en pantalla resultaban poco familiares: sobre un omnipresente fondo negro, que evocaba en el espectador la imagen del vasto espacio exterior, se simulaba una construcción tridimensional similar a una nebulosa. Si se miraban con atención los distintos ángulos de la figura, podía percibirse cómo estaba compuesta por números y formas geométricas que se combinaban y recomponían a cada instante. Súbitamente, el espacio tridimensional mostrado por la proyección se transformaba en un plano de dos dimensiones densamente cargado por líneas paralelas, con cientos de pequeños datos numéricos que atravesaban la pantalla y aparecían y desaparecían rápidamente. Por momentos las imágenes eran tan veloces que parecían casi destellos de luz.

Este universo computacional de números y figuras creado por Ikeda no era mudo en lo absoluto. Cada imagen y forma estaba perfectamente sincronizada con múltiples sonidos digitales de enorme complejidad rítmica que protagonizaban la acción con la misma contundencia que el componente visual. Así, la obra era también una eterna cascada de ondas puras, explosiones de ruido blanco como el del televisor cuando está en un canal sin señal, acordes estáticos y sonidos a veces tan agudos o tan graves que se situaban en el límite mismo de lo audible. Los parlantes rodeaban a los asistentes de la sala, y los hacían sentir inmersos en el sonido.

La obra en cuestión, titulada Datamatics [v. 2.0], dejó entrever en aquella oportunidad la profunda ambición del artista a la hora de crear sus obras: buena parte de sus trabajos, que abarcan formatos tan distintos como los discos compactos, las instalaciones y los filmes, parecen simular constantemente la creación de un mundo distinto con sus propios códigos y lógicas. Con Datamatics [v. 2.0], el artista tradujo a imágenes y sonidos múltiples datos puramente numéricos; reflexionó con este gesto sobre las posibilidades de hacer perceptible para los sentidos una información abstracta en su origen.

Asimismo, y al igual que en obras suyas como Cyclo (2000), Ikeda mostró las posibilidades estéticas de los errores del audio digital y de los sistemas de programación, bajo una lógica autorreferencial que toma el problema de los alcances de la tecnología como eje de reflexión central.

El sofisticado lenguaje audiovisual que genera la obra de Ikeda a través de la programación computacional suscita múltiples preguntas en el espectador: ¿en qué género inscribir una pieza que sintetiza mundos aparentemente tan distintos como la música, la imagen, la ciencia y la computación? ¿Qué papel juega la tecnología en este proceso de unión? ¿Cuándo y en qué contexto surgen estas formas híbridas de creación?

Tecnología y Arte Multimedia

Con los acelerados cambios tecnológicos que se globalizaron desde el siglo XIX y que transformaron por completo el panorama productivo y social de la humanidad, cambiaron también las formas de creación artística en Occidente. La aparición de medios masivos como el cine, la radio y la televisión trajo consigo un cambio tanto de las herramientas mediante las cuales creamos obras artísticas, como de las categorías mismas con las que las definimos. Si antes del siglo XX nuestra experiencia artística estaba determinada en su mayor parte por prácticas tradicionales y diferenciadas como la literatura, la plástica, el teatro o la música (con la ópera como excepción importante), durante el siglo XX asistimos a una proliferación de lenguajes artísticos híbridos que desdibujan constantemente estas barreras entre los distintos medios.

Es importante señalar que los lenguajes que incluyen dentro de sí múltiples medios de expresión no están reservados al universo del arte “experimental”. Prácticas establecidas del mainstream como el cine (en el que la música y la imagen articulan una narración), las radionovelas o los videoclips desde los 80 en adelante, son ejemplo de cómo las expresiones multimedia están instaladas desde hace algo más de un siglo en nuestra cotidianidad.

Sin embargo, desde las prácticas de corte modernista y avant-garde, surgieron, de forma paralela a los cambios tecnológicos descritos, distintos movimientos que se plantearon llevar a los límites más radicales la reflexión sobre las posibilidades de las nuevas tecnologías. De esta forma, ya desde la primera década del siglo en mención, corrientes como el futurismo italiano soñaron con un mundo donde los lenguajes artísticos del pasado desaparecían a favor de nuevas prácticas que celebraban la tecnología como medio de creación y tema principal de reflexión.

Asimismo, autores como el cineasta soviético Dziga Vertov o el pintor y fotógrafo húngaro László Moholy- Nagy, entre otros, plantearon nuevas formas de creación multimedial en las que el sonido, el tiempo, la luz y el espacio se articulaban en obras unificadas. Mediante nuevos estímulos a los sentidos propulsados por la tecnología, sus trabajos buscaban llevar los límites de la percepción humana a fronteras a las que el arte tradicional no las había llevado. Aunque faltaban décadas para que muchas de sus ideas pudieran ser puestas en práctica, los fundamentos teóricos de un arte multimedia ya habían sido establecidos por ellos y otros más durante la primera mitad del siglo XX.

De la misma forma, a mediados de siglo la ciudad de Nueva York se convirtió en el centro de creación y reflexión más importante en el contexto de las obras de este tipo. Con su pieza Imaginary Landscapes de 1951, por ejemplo, el compositor John Cage ideó una partitura en la que una serie de radios se utilizan como “instrumentos musicales” que sintonizan ciertas frecuencias especificadas en la notación (aún si los sonidos de cada estación radial cambian en cada lugar donde la obra es interpretada). El coreano Nam Jun Paik, por su parte, desarrolló entre 1969 y 1970 el video synthesizer: un aparato que permitía mezclar, manipular y modificar los colores y las figuras de videos preexistentes, en busca de generar un análogo visual de un sintetizador musical.

Las obras y tecnologías rompían radicalmente con la división de saberes que un siglo atrás parecían incuestionables: cada una de ellas podía ser leída desde el ángulo del sonido, la imagen, el performance y la ingeniería, haciendo agudos comentarios en cada caso sobre las fronteras de las prácticas artísticas, el sentido mismo de las obras de arte y su diálogo con el mundo moderno, cambiante, tecnologizado y globalizado.

Ryoji Ikeda y el arte digital

El universo del arte multimedia encontró en la masificación de las tecnologías digitales un nuevo punto de inflexión durante las últimas décadas del siglo XX. El desarrollo del arte computarizado y la aparición de nuevos medios masivos como internet significó una revolución en las prácticas artísticas de este tipo.

Con una producción constante desde la primera década del nuevo milenio, Ryoji Ikeda se ha convertido en uno de los artistas más reconocidos dentro de este contexto. Sus obras son mundialmente famosas por su enorme calidad y atención al detalle tanto en los campos visuales como en los sonoros, pues hace uso de tecnologías de punta para llevar a cabo sus procesos. Sus instalaciones y proyecciones de larga escala han sido vistas en espacios como la Tate Modern de Londres o el Times Square en Nueva York.

Superposition, estrenada en 2012, será interpretada los días 2 y 3 de junio en el Teatro Colsubsidio. La obra se inspira de nuevo en la ciencia, tomando como eje el concepto de la mecánica cuántica según el cual no se puede describir completamente el comportamiento de una partícula, excepto en términos de probabilidades. Así pues, de acuerdo a la descripción realizada por el equipo de Ikeda: “todos los comportamientos son posibles y existen al mismo tiempo, en un estado de superposición”.

Reuniendo una gran pantalla y 20 pantallas de menor escala sobre el escenario, la obra mostrará una suerte de collage vertiginoso donde se superpondrán sonidos, efectos visuales y fenómenos e imágenes de la vida cotidiana y del comportamiento humano. Con esta obra, el artista emplea una vez más la tecnología para reflexionar sobre el mundo de hoy y para sumergirnos en experiencias audiovisuales tan singulares que por momentos nos parecerán imposibles de creer. Sin embargo, y aunque sus trabajos son prodigiosos en términos técnicos, son sobre todo las ideas sobre la relación entre arte y tecnología que se desprenden de sus montajes las que lo convierten en un artista imprescindible de nuestro tiempo. Quien observe la obra de Ikeda presenciará un punto de vista necesario sobre el arte digital en el contexto actual. Uno que, muy probablemente, perdurará a través de los años.