JORGE PINZÓN, la música del Cosmos

El 8 de enero en el Centro de Convenciones el XIII Cartagena Festival Internacional de Música estrenará la obra comisionada a Jorge Pinzón: La rapsodia de los cuatro elementos, bajo la dirección de Federico Hoyos y la participación del violonchelista Santiago Cañón-Valencia como solista.

Por: Iván R. Contreras

Hasta Moniquirá, la ciudad en donde nació Jorge Pinzón, llegó la noticia del arribo a Tunja del maestro Jorge Zorro, un músico egresado del Conservatorio Tchaikovsky de Moscú, que llegaba para fundar una nueva escuela: la Escuela Superior de Música de Tunja.

Tanto o más exótico que el rumor de un “enclave ruso” en pleno corazón del altiplano boyacense, debieron haber sonado para los lugareños de aquellos años los enrevesados apellidos de los músicos de la Europa Oriental que acompañaron a Zorro en su aventura pedagógica.

Rizhard Jarosik, el polaco que inició a Pinzón en el oboe, era uno de ellos. Así Pinzón, al tiempo que ponía a punto la teoría en la clase del maestro Zorro, perfeccionaba la técnica de su instrumento en la cátedra de Jarosik, quizás sin imaginar que por aquellos años, la Escuela Superior de Tunja sería su primera escala en un largo viaje que lo llevaría en 1988 al Conservatorio Tchaikovsky de Moscú.

A la fecha de esta entrevista, la obra del maestro Jorge Humberto Pinzón Malagón cuenta con más de 50 composiciones escritas para formatos de cámara, piano, solistas, coro y orquesta sinfónica. La Rapsodia de los cuatro elementos, obra comisionada por el XIII Cartagena Festival Internacional de Música de 2019, es la última que el compositor colombiano suma a su catálogo.

Desde su primera obra publicada ya son casi 30 años escribiendo música, ¿cómo inició su carrera?

El entorno me ayudó muchísimo porque mi familia es de músicos, yo vivía en Moniquirá, nací en esa ciudad y un día escuché el rumor sobre un maestro que había llegado a fundar una escuela de música en Tunja, se trataba de Jorge Zorro. Hasta ese momento, no existía la posibilidad de recibir una formación sólida en el país a nivel académico. Eso me motivó para inscribirme en la Escuela Superior de Música de la ciudad y de pasó radicarme allí.

La Escuela Superior de Tunja marcó un hito importante en la formación musical del país. ¿Qué nos puede contar de los años en que usted estuvo allí?

Llegué en 1982 y salí de allí en 1986. Por aquella época había estudiantes de todo el país. Por esos años, la escuela hacia un énfasis importante en la parte teórica, por lo cual aparte del oboe que era mi instrumento principal, estudiaba fuertemente teoría y piano. Esto me dio la posibilidad de empezar a acercarme a la parte creativa, a la composición. Estuve allí cinco años hasta mi grado, tiempo durante el cual llegaron a la escuela unos diez polacos. Uno de ellos fue mi primer maestro de oboe: Rizhard Jarosik.

¿En qué momento se presenta la oportunidad de ir a estudiar a Moscú?

Eso fue en 1988, pero antes de esto Jarosik se había ido a vivir a Cali. Por aquella época ya me había graduado, así que decidí irme para allá a seguir perfeccionando la técnica de mi instrumento con el maestro Jarosik, en donde además trabajé como pianista para el ballet, y como profesor de teoría en el conservatorio. De pronto recibí una llamada del maestro Zorro. – Jorge, en doce días va a haber un examen para aplicar a una beca a la URSS-, me dijo. Bueno, doce días no es que sea un tiempo demasiado largo para preparar un examen de oboe, otro de piano y otro de teoría. Afortunadamente yo estaba en buena forma. El concurso se realizó en el Teatro Colón y me gané la beca, pero la plaza que gané no era para ir a Moscú.

Pero, entonces ¿cómo llega al Conservatorio Tchaikovsky?

Cuando llegué a la URSS busqué la manera de contactarme con el Conservatorio Tchaikovsky y así pude aplicar al examen de ingreso, un examen muy, muy difícil, muy exigente. Fue un examen teórico, otro de piano y otro de oboe. Estuve allí seis años, tiempo para el cual me habían otorgado la beca. Durante estos años estudié oboe con Mamied Arudshev y composición con Boris Guermanovich.

¿En qué año regresa a Colombia?

En el 95. Había estado un año con la Filarmónica del Perú que por aquel entonces era dirigida por Miguel Harth Bedoya, un gran director. Luego llegué a Colombia a trabajar con la Banda Sinfónica Nacional y alternamente trabaje con la Universidad Corpas, en donde soy profesor hace 16 años, cuya facultad está dirigida por mi antiguo maestro Jorge Zorro.

Hablemos acerca de su catálogo de obras. ¿Cómo inicia este camino?

Por aquella época estaba más ocupado del oboe que por mi trabajo con la banda. En algún momento, cinco años después de estar en la banda, fui consciente de que no quería terminar mi vida allí. Tomé entonces la decisión de presentar mi carta de renuncia. Inmediatamente, al otro día tomé la composición como un oficio, de ocho a cinco. Me sentaba a escribir, saliera algo o no.

Y ¿cómo describe esas primeras obras?

Las primeras obras fueron escritas para piano y poco a poco fui incorporando dúos. Luego empecé a escribir para formatos de música de cámara y finalmente para formato de orquesta sinfónica.

El trabajo de un compositor finaliza en el momento en el que escucha su obra, ¿qué porcentaje de sus obras ha podido escuchar?

Afortunadamente casi todas. Tengo que decir que fue una fortuna haber conocido al maestro Federico Hoyos con quien estudiamos juntos en Moscú, pues él desde siempre se interesó por mi obra, gracias en parte a que tenía obras para violín y música de cámara, entonces hemos grabado algunas de ellas. El hecho de que esta comisión para el Festival de Cartagena la dirija el maestro Hoyos me hace sentir muy tranquilo, pues considero que él conoce muy bien mi obra.

El nombre de la edición XIII del festival “Armonía Celeste” va en un camino similar al tema que hai nspirado sus creaciones, el cosmos. Obras como Orión, Tauros, Pleyades, etc…

Sí. La idea original nació por un cuarteto que me comisionó la facultad de música de Corpas. Recuerdo que el día que me hicieron ese pequeño encargo era un viernes y debía estar lista para el martes siguiente. Lógicamente era una pieza muy corta, tres minutos de duración, pero igual escribir tres minutos de música en tan poco tiempo siempre será un gran reto. Esa noche llegué a mi casa y mire al cielo buscando a la musa. Recuerdo que lo primero que vi al abrir mi ventana fue la constelación de Orión. En ese momento empezó la idea de desarrollar mi catálogo alrededor de los nombres de las constelaciones y las estrellas. El hecho de imaginarme nuestra relación con el cosmos me atrapó. Así tengo ya 18 obras: Capricornius, Sigmus, Casiopela… ese tema me motiva y hace funcionar mi imaginación para poder escribir, además de que los nombres son infinitos.

La rapsodia de los cuatro elementos será dirigida por Leonardo Federico Hoyos.

¿Qué influencias tuvo en su estilo?

Bueno el hecho de estudiar en Rusia me influenció mucho. Quizás en especial la obra de Shostakovich. La música de este compositor es cambiante, no es estática y eso me encanta. Luego hubo otros. La manera en la que Joep Franssens relaciona el sonido. Me gusta mucho. Uno tiende a verticalizar la música, pensando en series de acordes. Este compositor así como Messiaen, Ligetti, Stockhaussen, tienden a pensar el sonido de manera más horizontal y eso hizo que enriqueciera mi escritura.

Y a propósito de esto. Usted utilizó un lenguaje para algunas de sus obras vocales un tipo de lenguaje que Cortázar bautizó como glíglico…

Hay muchísimas herramientas para el compositor que se han puesto en práctica desde el Siglo XV. La combinación de estas técnicas es lo que da riqueza al lenguaje que se desarrolle. La idea de usar este tipo de lenguaje para los textos salió de mi lectura de Rayuela. Así nació la idea de construir un texto con palabras que por sí solas no tienen significado pero que en su conjunto adquieren un sentido: el trío para violín, soprano y piano titulado Scorpius. y Pléyades, una obra para coro, órgano y orquesta de cuerdas.

¿Cómo fue la escritura de Los cuatro elementos?

Cuando Antonio Miscenà me hace la propuesta para escribir una obra para violonchelo y orquesta de cámara inspirada en Los cuatro elementos, lo primero que tuve que empezar a planear fue el orden de aparición de estos durante la obra. Me decidí entonces a ubicar en el primer movimiento a Tierra y concluir la obra con Fuego, y colocar los otros dos elementos en el centro: Agua y Aire. De esta manera pude organizar en una secuencia lógica que representara a cada uno. Pero así no empecé a escribirla. Empecé por el agua y luego el aire, por la complejidad que iba a conllevar la escritura de los otros dos movimientos, debido a las amalgamas y a otros recursos que pensé representa muy bien el título de cada uno de estos… La Rapsodia la escribí en 15 días y tiene una duración de aproximadamente 15 minutos.

 

El solista invitado para el estreno de la obra de Pinzón será el chelista Santiago Cañon-Valencia.

La obra está escrita para el violonchelista Santiago Cañón- Valencia y será estrenada por una orquesta de músicos colombianos dirigidos por un colombiano: Federico Hoyos. ¿Qué puede decirnos de la importancia que tienen las obras comisionadas para el entorno musical?

Esta es una experiencia absolutamente fenomenal para los músicos. Tener la posibilidad de crear nuevas obras y escucharlas en el marco de un festival como el Cartagena Festival de Música es muy importante para el desarrollo cultural del país. Es crear historia. Alrededor de las comisiones se impulsan varias caras del entorno musical, no solo los compositores sino también las orquestas, la divulgación, los solistas, entonces, es un momento mágico, demasiado importante. Es una manera real de construir un legado cultural en el país, al tiempo que el nivel de todas las disciplinas involucradas crecen.