GUSTAVO PARRA

El placer de la creación

El miércoles 4 de abril a las 6:00 p.m., el compositor y pedagogo colombiano Gustavo Parra ofrecerá una entrevista abierta, en la Sala de audiovisuales de la Biblioteca Luis Ángel Arango

Por: María José de Bustos

Tras mi conversación con el Maestro Parra, rebusco en mi cerebro un adjetivo que pueda definirle. Guerrero. Lo identifico como un guerrero insaciable en todos los aspectos, deberes y obligaciones con los que tiene comprometido su diseño de vida. Por supuesto, como comentaría él mismo, mi apreciación es subjetiva, derivada de mis sensaciones al escuchar y desgranar el contenido de sus respuestas. No hay máscaras ni teatralidad, su sinceridad es desgarradora, libre, fresca.

El Maestro Parra, nacido en Ipiales, Nariño, es director de orquesta además de compositor. Comenzó sus estudios en el Conservatorio de Quito, Ecuador, y los culminó en la Universidad Nacional de Colombia con Gustavo Yepes. Tiene en su haber un buen número de arreglos y orquestaciones para grandes músicos de la escena nacional e internacional. Además, ha incursionado en el campo cinematográfico componiendo música original para cortometrajes y filmes de largo aliento, tales como la reciente película del director Sandro Meneses Chamán el último guerrero. Gustavo Parra ha dirigido diversas orquestas principalmente en Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, además de conjuntos de música de cámara. Ha obtenido distinciones como compositor, entre las que se destacan: Tema de identificación de la radio de la Universidad Nacional, Ganador del concurso para su composición en 1991, Beca Francisco de Paula Santander en 1992, Premio Nacional de Composición en la modalidad de orquesta sinfónica con sus obras Abejas, Geilon y Bambaros en 1993, 1997 y 1999 respectivamente. Sus obras han sido interpretadas en Latinoamérica, Europa y Estados Unidos y son publicadas desde 1999 por Seesaw Music Corporation New York (una división de Subito Music Corporation New Jersey) y Gapa Music Publishers. En la actualidad es profesor titular de dedicación exclusiva en la Universidad Nacional de Colombia donde dicta las cátedras de composición, orquestación y Film Scoring.

Desde que se inició en los estudios musicales, a la que para algunos sería la tardía edad de dieciocho años y con tradiciones que en nada lo invitaban a embarcarse en esa ruta, arrancó empuñando una crítica constructiva feroz; con ella adquirió herramientas autogestionadas para consolidarse como un ser de amplios pensamientos críticos y estéticos. A través de la experiencia en los diferentes campos en los que ha ido desarrollando su carrera, se consolidó entrando en una madurez que le permite desgajar milimétricamente sus sensaciones a bocajarro. Sin filtros, pero con una comprensión que él mismo dudaría alcanzar cuando decidió quedarse en esos terrenos tortuosos con los que lidiamos los habitantes del mundo de la música, Gustavo Parra define su experiencia formativa como traumática y llena de incoherencias. Fue un estudiante rebelde, contestatario e irreverente; causantes de las animadversiones hacia su propia persona, que reconoce con franqueza. Pensaba que la relación personalizada entre maestro y alumno era de maltrato y se revelaba contra esos parámetros pedagógicos Después, cuando se hace docente, por necesidad como la mayoría y no por vocación, descubre de manera progresiva un espacio extraordinario para resarcirse de la pesada carga por la que protestaba y modifica las inconformidades fortaleciendo la autoestima de sus discípulos y buscando la construcción de una formación basada en un pensamiento crítico libre. Algo que la tecnología no puede enseñar y por ello la meta se convierte en fascinante.

En ese espacio de interrogantes es donde comienza la tarea de componer. Cuantas más respuestas tenga el creador, más claras serán sus lineas compositivas: el deseo etéreo obstaculiza el proceso creativo; en su lugar, la claridad en el concepto señala una dirección, en la que también haylugar a lo imprevisto Es cuando la composición se convierte en placentera y es la consecuencia lógica en su enseñanza. Al componer, el Maestro Parra arma una especie de película en la cabeza. No necesariamente cinematográfica, sino como una historia sin libreto. Tiene que ver con las sensaciones como la alegría, el interés, la ansiedad o la depresión… a veces lo asocia con imágenes o recuerdos, pero trata de hacer abstracción de las evocaciones específicas y construye su propio discurso sonoro. Su música la define como gestos que despiertan a los oyentes manteniendo su atención y equilibrando las dinámicas para no cansar. Adicto al placer de las sensaciones, cuenta que el momento más emocionante que vivió de joven, fue en el estreno de sux obras, cuando las ejecutaban y, en muchas ocasiones, se distorsionaban. Ahora, el “orgasmatrón”, como define la etapa, lo vive durante el proceso de la creación. Una vez finalizado el juego de su música, cuya reflexión puede durar hasta veinte años, trata de alimentarla y canalizarla con un buen un nombre que complemente la descarga artística. Por esa razón, los títulos de sus obras merecen un capítulo aparte. Los primeros tenían que ver con su irreverencia para provocar a sus auditorios definiéndose como pseudo valiente: una forma de rechazo con vehemencia a la especulación, mentira y farsa a la que está sometida parte de la música contemporánea. Otras obras tienen que ver con el homenaje íntimo a personajes de series que fueron importantes en el crecimiento del compositor. Algunos títulos están dedicadosa gente de la calle o políticos. Le fascina inventarse palabras, distorsionarlas y jugar con sus significados. Una herencia que atribuye a su madre.

Su última reflexión antes de terminar nuestra conversación es la apuesta permanente para que no decaiga el amor al conocimiento, al arte y a la ciencia, que deben vivir, sentir y defender los jóvenes talentos. Así como en la contraparte, una seria reivindicación a las instituciones para que valoren y empujen con decisión a los nuevos compositores.